18 de marzo de 2019
18.03.2019

Un puzzle de dos piezas

18.03.2019 | 04:15
Un puzzle de dos piezas

Qué suerte la nuestra! Poco más de dos años de diferencia nos llevamos. Nacimos en Teruel y crecimos en un pueblo cercano a él, humilde, con muy pocos habitantes (no llega a los 500), hecho que, junto a los valores que nos inculcaron nuestros padres, nos hizo saber la importancia de permanecer unidos como primer mandamiento. No éramos nada el uno sin el otro.

Mi primera foto con un balón, como no podía ser de otra manera, contigo al lado. Es probable que en más de una ocasión te usara de sparring, lo siento pero, ¡alguna ventaja tenía que tener ser la mayor!

Nos mudamos a Barcelona, y nada cambió. Éramos algo más mayores y los papás comenzaban a confiar en nosotros para ir solos a la escuela. Ellos trabajan duro y recuerdo que al mediodía te preparaba la comida mientras te sentabas en el sofá para ver Los Simpson. El fin de semana íbamos a ver a papa jugar y eso hizo que no picara el gusanillo por querer ser también futbolistas.

Sin embargo, con el tiempo tu futuro tomó otro camino, y mi sueño continúa haciéndose realidad a día de hoy.
En verano y navidades volvíamos al pueblo, a ese frío que calaba en los huesos y que nos quitábamos a base de practicar deporte. Éramos unos «trastos», nadie conseguía mantenernos quietos. Cuando no estábamos colgando la canasta en la ventana de casa de los abuelos, aquella del salón que daba a la calle, cogíamos cuatro zapatillas y formábamos dos porterías entre las aceras. ¡Menos mal que apenas pasaban coches por ahí! El campo no era ni mucho menos reglamentario, pero, para nosotros, estaba a la altura de cualquiera de los mejores estadios del mundo.

Hay lugares que siempre nos marcarán: la plaza del pueblo, el parque de delante de casa, las salidas con la bicicleta, los torneos en agosto de fútbol 7, las partidas de cartas con los abuelos o cuando les acompañábamos a darle de comer a los animales que tenían. Uno no escoge en la familia que nace, tiene o no la suerte de hacerlo en una buena y el destino quiso, que la mejor fuese para nosotros.
Nuestros trabajos no nos han permitido compartir tantos momentos juntos como nos hubiese gustado. Ya sabes que quise ser profesional del fútbol y que por ello tuve que hacer las maletas y cruzar el charco.

A pesar de los kilómetros que nos separan, en mi vida siempre has sido y serás multifacético: compañero de juegos y aventuras, amigo, cómplice, mi otra mitad, mi alma gemela, mi todo. Mi hermano. ¡Feliz 30 cumpleaños! Porque me quedan aún mil historias que vivir y quiero seguir haciéndolo contigo.

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