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A dos toques

Creatividad desatada

La canción de Tardor se ha convertido en un himno de Mestalla a pesar del ninguneo del club con ella

Creatividad desatada

Creatividad desatada

Casi sufrimos más al ver cómo se resistía a caer la ya icónica lona de Jorge «Lawerta» (los rostros de Kempes, Baraja y Piojo con la Copa del Rey y la leyenda: Soñar que no tenemos techo), antes del inicio del partido en la grada del fondo sur del Villamarín, que en los últimos minutos de la final conquistada por el Valencia ante el Barça (1-2) y las ocasiones falladas por Guedes.

Finalmente cayó. Ganó el VCF y la tela pensada por Lawerta, de 30 metros de alto por 50 de ancho, se ha convertido en la imagen más potente de la final de Copa del Rey de 2019.

El Centenario del Valencia CF ha despertado una ola de sentimentalismo cursi y pretencioso, pero también punzadas de creatividad como ese mural de Lawuerta, la melancólica «És això el que ens fa grans», de Tardor, o los textos, en diferentes formatos, del socio Rafa Lahuerta. La canción de Tardor se ha convertido en un himno de Mestalla a pesar del ninguneo del club con ella, ausente en Sevilla y en las celebraciones de Mestalla. Presente ayer su letra en los discursos de Mónica Oltra y Joan Ribó como un gancho en el mentón del club por esa extraña marginación.

Desde el balcón del Ayuntamiento, con retraso porque los familiares de políticos y empleados retenían con las fotos a los jugadores (no importa en qué legislatura lean esto), descubrimos algunos liderazgos del grupo dirigiéndose a los miles de aficionados de la plaza. El de Marcelino ya era muy conocido, dedicándoles el título a quienes menos juegan y le aguantan todo el año a él, que no es poco.

Extenuado Parejo, entró en escena Jaume Doménech, una sorpresa dentro y fuera del campo. En contra de la idea de que solo jugaba por ser un chico carismático y querido en la caseta, el sábado mostró su enorme valía como portero. Anoche escuchamos su mensaje de reconocimiento a los no valencianos de la plantilla y al público que no les dejó caer en los peores momentos. Habló con aplomo.

Marcelino premió una vez más a su plantilla. Es excelente, sí. Y dos de sus futbolistas se encumbraron en la final de Sevilla: Carlos Soler y Gayà, dos hinchas ya campeones.

Carlos Soler, de 22 años, mostró una parte de la fuerza de Albelda y unas dosis de la calidad de Baraja, además de una inteligencia impropia de esa edad. No hay quien lo pare ( Jordi Alba tampoco).

En el otro extremo, el lateral izquierdo de Pedreguer, de 24, derribó las puertas de la final con esa internada atisbada por Gabriel Paulista. Gayà también le ha ganado la partida a Jordi Alba en la carrera por la selección. Jaume, Carlos Soler y Gayà invitan a un futuro prometedor.

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