El Levante echa la mirada al pasado para proyectar el futuro. Todo ello, atando a una de las sensaciones de la competición de plata del fútbol español. Después de tres campañas curtiéndose en el barro, las altas esferas consideraron que la mejor opción para el perfil diestro era apostar por un jugador que tuvo su periodo de formación en el filial de Orriols. Francisco Hidalgo Gómez, futbolísticamente conocido como Son, es el segundo fichaje de la disciplina levantinista de cara a la siguiente temporada tras oficializar la incorporación de Mickael Malsa. Al igual que el centrocampista del Mirandés, el sevillano aterriza en el Ciutat de València al terminar contrato con su anterior equipo y firma dentro de los mismos parámetros que el centrocampista. Es decir, hasta el año 2024. Una operación exitosa, cuyo margen de error es mínimo en términos económicos, que revaloriza el rastreo de la secretaría técnica en Segunda División y que, desde la perspectiva del jugador, recompensa su trabajo tanto en el Atlético Levante equipo como en sus posteriores aventuras, ya que es un inexperto en la máxima categoría.

El defensor llegó a las instalaciones de la Ciudad Deportiva de Buñol procedente del UCAM Murcia con la finalidad de, a sus, por aquel entonces, veintidós años, seguir quemando etapas formativas en el mundo del balompié. De la mano de Carlos Granero, Son fue un foco de gran actividad por un carril diestro que explotó en gran cantidad. Sin embargo, su aportación sobre el verde fue insuficiente para lograr el objetivo de la permanencia en Segunda División B. Un descenso a Tercera, después de caer en una eliminatoria contra San Sebastián de los Reyes que se decidió desde los penaltis, fue su despedida amarga del club, aunque su rendimiento en el campeonato de bronce no pasó ni mucho menos desapercibido.

Su fichaje por el Barakaldo supuso la confirmación de que su presencia no solo no iba a queda en vano, sino que su margen de crecimiento iba a ser mayor. En tierras vascas se destapó como goleador, anotando seis dianas y siendo un puñal por la derecha, ya que combinó tanto labores ofensivas como defensivas. Sin embargo, su paso por el conjunto fabril le sirvió para dar el paso a una Ponferradina en la que alcanzó la sublimidad.

El ascenso a la dimensión de plata supuso un respiro, además de una alegría de grandes dimensiones. Sus actuaciones en el tercer escalón del balompié nacional bien merecía una oportunidad en el ámbito profesional. Ocasión que cumplió con creces. En su primera experiencia en LaLiga Smartbank, jugó todos los minutos hasta que el Estado de Alarma decretado por la crisis del coronavirus detuvo todo tipo de actividad. Sin embargo, tras el regreso, solo se perdió tres partidos y no jugó la totalidad de los encuentros en dos de ellos. Estadística que le coloca como uno de los jugadores a los que más jugo se le ha sacado en planos de actividad.

El lateral pasa al ataque

Con el nuevo fichaje para la parcela defensiva, el Levante presumirá de tener un perfil diestro con tintes ofensivos la próxima temporada. Tanto él como Jorge Miramón proceden de posiciones de ataque y su reconversión a la retaguardia se realizó casi al mismo tiempo. De hecho, el exfutbolista de la Ponferradina experimentó el cambio mientras defendía los intereses del filial, ya que Carlos Granero decidió emplear un sistema de cinco defensores. Mientras, el '20' granota, por las bajas de dos de sus compañeros en el Reus, cambió de posición. Ambas circunstancias ocurrieron en la temporada 2016/2017.