05 de agosto de 2020
05.08.2020
Levante-emv
Opinión

Los extraños ataques a Ferrán Torres

06.08.2020 | 00:21
Los extraños ataques a Ferrán Torres

He de confesar que no sé nada de fútbol, que el fútbol no es lo mío, más aun así, creo que si supiera algo del mundo futbolístico nunca entendería cómo el valencianismo deportivo, la famosa hinchada valencianista, permitió en su día que su gran club, el Valencia CF, lo comprara "un chino" como expresivamente explica Pedro Cortés, bueno, alguien de Singapur, y que desde allí se maneje, y desacertadamente, el rumbo del buque insignia de nuestro fútbol patrio.

Lo poco que sé de fútbol, casi nada, sí me hace avergonzar cada vez que paso por la avenida de las Cortes Valencianas y de la de Aragón, del desastre de Valencia CF que tenemos, aparte de lo mal que parece funciona en los últimos años en la Liga. El desastre, la tragedia, la mediocridad han venido a sustituir los grandes momentos del club, indudablemente porque es un club sin alma, sin sangre, sin sentimiento valenciano ni valencianista. En cariño al escudo y la camiseta, en moral de victoria, en ganas de trabajar, veo que el Levante UD, el mundo granota les pasa 40.000 pueblos.

El caso de Ferrán Torres es sintomático de la grave patología que sufre el Valencia CF, una cosa que no se sabe ya lo que es, ni para qué sirve, y que se va deshaciendo y destripando, sin que nadie le ponga remedio. Sin que ninguna figura relevante lidere su recuperación y salvación. Intentan hacer ver los que mandan que hacen algo cambiando entrenadores, como si con ello resolvían la enfermedad, que no es sólo del club, sino también de esta sociedad valenciana que se conforma con cabalgatas, concursos de paellas y mascletaes, que ahora con el coronavirus irán a cero. Si a los valencianos nos quitan eso, tal y como somos y nos comportamos últimamente, ¿qué nos queda?

Ferrán Torres es de mi pueblo, Foyos/Foios. En origen, también está vinculado al carrer del Portalet, l´alcría de Paquita la Nana, en cuya plazuela sin asfaltar la chiquillería jugaba con pelotas de trapo a fútbol. Todos los miembros de su familia son maravillosos, sencillos, cordiales. Y Ferrán ha salido así, recio, sencillo, cordial, tranquilo, cumplidor, tenaz y constante.

Nadie le ha regalado nada y a los 20 años tiene las ideas muy claras, lo ha dicho con total sinceridad: quiere ser el mejor jugador del mundo. Encuentren a alguien en los miles de botellones al uso que campan por ahí que tenga claro qué es lo que quiere ser. Ser ambicioso sanamente no es malo. Saber que uno tiene la fuerza y la capacidad para conseguir lo que sueña no es malo, todo lo contrario. La vocación es querer y poder, si uno quiere, pero no puede, o si puede, pero no quiere, nunca realizará esa vocación.

Ferrán Torres ha hecho lo correcto. Me ha animado el escribir estas palabras el hecho de que hay como un intento de desprestigiarle, de criminalizarle, de decir que ha actuado mal, por irse del Valencia. Me ha llamado la atención que algunos gurús que dicen saber mucho de fútbol, de los que se creen creadores de opinión, lleven ya varios días hablando mal de Ferrán Torres, a algunos les he escuchado hasta palabras despectivas e insultantes.

Ferrán, lo que les pasa a éstos es que no entienden de fútbol, ni de nada. Sólo saben insultar, lo aprenden en los campos de fútbol, lógico. Que no te afecte el desaire. El Valencia, sus entrenadores y sus capitanes no te han valorado bien. No te han dejado suelto en el campo. No se han enterado de la mina de oro que tenían entre sus filas. Estabas constreñido en un equipo y un club que va claramente a la deriva. Su amo intentando salvar los muebles. A ello hay que sumar dos cosas: el clásico, uno no es profeta nunca en su tierra y más en esta tierra, y la envidia, la pandemia de la envidia. No toleran que un chico de pueblo con 20 años vea postrado a sus pies a un grande, el Manchester. Les revienta y reconcome la envidia.

Ferrán Torres no ha pedido nunca nada a nadie, todo lo ha conseguido con esfuerzo, a pulso, con tenacidad, con fe. Las evidencias indican que es un ser excepcional, cuyo referente es Ronaldo. El gran tren se ha parado ante él, en su estación, un caso excepcional y raro. Y ha subido. Ha hecho bien, lo correcto. ¡Por qué no aprovechar esta gran ocasión!

Vete tranquilo. Sin ningún dolor de conciencia. Deja a éstos que te han dejado ir que sigan mandados desde Singapur con el nuevo estadio sin terminar –un elemento urbano más de esta Valencia de la Provisionalidad- y el valencianismo de sangre de horchata. No hagas caso a quienes han criticado tu marcha y no ven la verdadera causa de tu ida en el descuidado trato que se te dio, la poca consideración a tus grandes méritos, méritos y cualidades, y la envidia, la mucha envidia que te tuvieron.

El Valencia, el valencianismo debe estar dolido por tu pérdida, Ferrán, no por tu marcha, pues ellos no han sabido retenerte. Cuando estés en Manchester quema barcos, no mires atrás, no cedas a la nostalgia, ni a la morriña. Tampoco a nuestro sol y nuestra luz, nuestro buen clima, no elijas la mediocridad, el quedarte complacidamente a mitad de camino. Vuelve convertido en lo que quieres: ser el mejor jugador del mundo.

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