Cosas del fútbol. El último servicio al área del sempiterno Jesús Navas terminó en la cabeza de En Nesyri, que marcó de remate cruzado tras superar a dos de los tres centrales con los que Paco López estaba poniendo en valor el empate a cero. El delantero del Sevilla aprovechó la ocasión caida del cielo para expiar sus pecados de la Supercopa. Elevándose entre Duarte y Postigo cantó bingo cuando en el Pizjuán estaban rompiendo los cartones. Después de un carrusel de aspavientos, el expulsado Lopetegui ni siquiera vio desde la banda cómo su equipo se alió con la fortuna en un calco del final de la temporada pasada. Entonces fue De Jong quien le hizo pagar a los granotas una errata en el 86’. Esta vez el mazazo llegó en el 92’, aún peor. Para más inri sin merecerlo. Tal vez con más atención en las marcas y al centro se habría evitado, pero la realidad es que la línea estaba bien atrincherada. Sin mayores agobios, la jugada arrancó de un saque de banda.

Tras un partido defensivamente al borde de la perfección en el que apenas fueron tres los remates a palos, el mazazo no se discute. Aitor pasó desapercibido. Y el equipo volvió a jugar bien. En ataque no fue para tirar cohetes, pero tuvo ocasiones suficientes, sobre todo en las botas de Morales. Y en defensa se manejó con entereza. Así que para explicar la derrota no sólo hay que apelar a los errores, sino también a la excelencia. Jesús Navas volvió a eclipsar a Campaña, que en su nuevo regreso al Pizjuán estuvo por encima de la media. Exquisito con el balón, tirando caños, parando el tiempo y además siendo solidario en los robos y coberturas.

Paco López estiró el guión de El Sadar y hasta plegó velas en el último tramo, para que luego le digan. Parece lo contrario, pero es difícil pillarle una alineación. Siempre hay sorpresas. Que repitiera sistema era de cajón. Lo que pilló de nuevas fue que ventilase tanto la defensa con laterales nuevos y Duarte de regreso, seguramente por su peso aéreo ante De Jong. Tampoco estaba previsto que devolviera al escenario a Radoja con lo bien que le sentaron los focos a Malsa. Tener al Madrid a la revuelta no le empujó a reservarse a los tenores. Un grupo de virtuosos al que se incorpora en su estrenado rol de llegador Melero, esta vez en un plano algo más discreto.

Lo peor del partido para el Levante fue el desenlace y curiosamente el principio. Y es que entre medias hubo una hora larga que resultó hasta plácida. Fue antes de los cinco minutos cuando Aitor embarcó a Vukcevic en el único fallo realmente evitable de la tarde. El montenegrino cometió una pérdida grosera en la frontal. No se la esperaba nadie. Ni siquiera Ocampos, que disparó fuera. A partir de ahí, apuros los justos. Alguna subida de Escudero, intentos de Munir, el pilón de Navas y la osadía de De Jong con la cabeza en un avispero.

Mientras que el Levante patinó tan solo una vez en defensa, el Sevilla lo hizo varias. Primero Koundé y luego Diego Carlos le regalaron a Morales dos situaciones de ensueño ante Bono. La primera llegaron a tiempo de rebañársela en el último instante y la segunda acabó con un remate a un palmo del poste en el que el Comandante se hartó de balón. Con un punto extra de eficacia se habría ido al descanso con dos goles sin despeinarse. Incluso tres si un cabezazo a servicio de Campaña hubiese cogido puerta en lugar de tropezar en Rakitic. El VAR revisó si hubo penalti del croata por manos. Más allá de Morales, solo Bardhi buscó a Bono después de una buena triangulación.

A la vuelta del entreacto las tornas cambiaron. Por primera vez el Sevilla empezó a robar en zonas comprometidas y eso pasó factura. En vistas de los problemas para superar líneas, Paco rescató a Malsa y De Frutos en el primer asalto. Pero fue en el segundo cuando sin complejos cambió de dibujo y se fue al 3-5-2. La mejoría resultó inmediata. El equipo no encontró pasillos hacia la portería rival, pero tampoco los concedió hacia la suya. Lopetegui no lo veía claro. Limitó la autonomía de Rakitic y cambió sus piezas de ataque. Por el camino se encontró un gol, bien anulado. Estrada Fernández tardó una eternidad en ir al monitor para comprobar el favor de Koundé a Munir derribando a De Frutos.

Con los nervios ya a flor de piel, hasta los entrenadores se llevaron sendas amarillas por sus aspavientos. El partido estaba para rascar como mínimo un empate. Sobraron dos minutos.