Javi Gracia se ha desgastado mucho en este mercado de no-fichajes ruinoso para los intereses del Valencia. Sin embargo no ha perdido la energía y el entusiasmo en los entrenamientos. Tampoco el compromiso con sus jugadores. Con los que hay. Es la lectura positiva que deja el primer entrenamiento del técnico después del cierre de mercado. El navarro entrenó como si nada hubiera pasado horas antes con el semblante serio, pero metido en faena como el que más. El cabreo va por dentro, pero si alguien esperaba un Gracia alicaído sobre el césped se equivocaba. El técnico supo abstraerse de su decepción y falta de sintonía con la propiedad en materia de fichajes y se entregó a sus ayudantes y sobre todo a sus jugadores en una hora y media de trabajo de fuerza en el gimnasio y mucha intensidad en el campo con balón. Javi Gracia fue más líder que nunca con una entereza que hasta sorprendía de cara al exterior.

El técnico bajó al campo de entrenamiento pensativo, sereno y muy cercano a sus ayudantes. Con esa tranquilidad mantuvo una charla con su segundo. Su calma tensa se convirtió en puro nervio cuando llegó el momento de echar a rodar el balón. Gracia rompió el silencio con un aplauso, reunió a sus jugadores en un corrillo y se puso a repartir petos. «¡Venga va!», alentaba al grupo. Primero empezó con los brazos en jarra atento y concentrado con todos y cada uno de los movimientos y las decisiones de sus jugadores. «¡Fuerte, Carlos!», «¡Por dentro, Vicente (Esquerdo)!», alzaba la voz a medida que gesticulaba cada vez más. Gracia celebró los goles con aplausos y se bajó la mascarilla para dar indicaciones a sus jugadores a gritos. «¡Bien, amarillo!», animaba a un equipo que había marcado. En cada uno de sus gestos y palabras intentaba reforzar a sus jugadores consciente de que también ellos están viviendo una situación difícil y preocupante.

Gracia nunca ha escondido que el ánimo de los jugadores era bueno, pero que todos sentían que con la llegada de refuerzos iban a ser todavía más competitivos. La conexión con sus jugadores todavía se hizo más patente este martes en Paterna. La adversidad une. El mejor ejemplo es el cariño con el que trató a un Guedes al que volvió a sentar durante la segunda parte contra el Betis. «¡Bien, Gonza!», lo reforzaba después de una buena acción individual del portugués. Sus aplausos más sonoros llegaron al final del entrenamiento premiando el trabajo del equipo ganador del partidillo. «¡Amarillo, ganador!», celebraba con su primera media sonrisa de la mañana. Al final aún tuvo tiempo para dar una caricia a Kang In en la cabeza antes de que lanzara un penalti, corregir algún movimiento táctico de Manu Vallejo en una pequeña charla y hablar con su preparador físico. Gracia se marchó camino a las duchas haciendo toques con el balón. Tal vez para liberar tensiones. Y es que, el lunes fue muy duro para él. Como lo fueron las últimas semanas de mercado. Su continuidad en el banquillo está en el aire. Dimitirá o no, pero la energía, el ‘feeling’ con sus jugadores y las ganas por entrenar no las ha perdido.