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Lo que daríamos por volver al 86

LO QUE DARÍAMOS 
POR VOLVER AL 86

LO QUE DARÍAMOS POR VOLVER AL 86

Hoy miércoles se cumplen diez años del fallecimiento de Arturo Tuzón, el presidente que lideró el rescate del Valencia tras su descenso a los infiernos. Un dirigente de esos que ya no quedan. Serio, discreto, prudente, comedido, poco amigo de la demagogia y los discursos grandilocuentes. Si tenía cinco, gastaba cuatro y se guardaba uno. Tremendamente respetado por la plantilla, todo el mundo escuchaba cuando accedía al vestuario con su gabardina color crema o aparecía sin previo aviso en el hotel de concentración del equipo. En cuatro años, llevó al club de batirse el cobre en campos como Vilatenim o Las Llanas a conquistar el subcampeonato de Liga y disputar la Copa de la UEFA en escenarios imponentes como Das Antas o el Olímpico de Roma.

Me pregunto qué diría don Arturo sobre Peter Lim, Anil Murthy, Meriton y todo el ejército de personajes que campan a sus anchas en la Avenida de Suecia desde 2014 procedentes de un mundo en el que ni comprenden ni comprenderán la esencia del murciélago. Tuzón siempre fue un señor, claro. Un dirigente educado. Un caballero. Nunca se pondría a la altura de la soberbia del máximo accionista o los vaciles de su primogénita. Pero intuyo que le costaría mantener las formas para referirse a un diplomático capaz de mandar callar a la grada de Mestalla. Por poner un ejemplo entre tantos años de tropelías y negligencias.

No puedo dejar de darle vueltas a una de las primeras frases de Arturo Tuzón cuando accedió al cargo presidencial en el verano de 1986. «El Valencia será lo que quieran los valencianos». La he escuchado mil veces por boca de los pioneros Paco Lloret y Alfonso Gil. Se le ha leído en varias ocasiones al maestro Hernández Perpiñá. En el fondo, la misiva dirigida al entorno tenía todo el sentido y la carga emocional posible. Tras el descenso a Segunda, el club arrastraba una deuda próxima a los 2.000 millones de pesetas. Se le debían grandes cantidades a Hacienda, Hidroeléctrica, el Centro de Rehabilitación de Levante, así como a numerosos establecimientos hoteleros.

Sensibilizado por la llamada a filas de don Arturo, el entorno respondió. La institución aumentó de forma progresiva su masa social. Hasta el punto que, en muchas jornadas, acudía más público a Mestalla que al resto de los estadios de la categoría de plata del fútbol español. El resto de la historia está contada. Ascenso, equilibrio económico… y Europa. El Valencia fue lo que quisieron los valencianos. Dieron un paso adelante, apoyaron al equipo en una de las etapas más críticas de su historia y, por descontado, se rascaron el bolsillo. Cuánto daríamos hoy por volver al 86. Por tener a Tuzón en el palco del Luis Casanova. Y, sobre todo, por soñar con la posibilidad de recuperar al club en tan solo unos meses.

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