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El leonés anónimo que financió el fichaje de Sánchez Torres

Emiliano Rojo, brigada de Aviación en València al terminar la guerra, se hizo del Valencia CF y 40 años después hizo un préstamo de 100.000 pesetas para el fichaje del hispano-holandés

El leonés anónimo que financió el fichaje de Sánchez Torres

El leonés anónimo que financió el fichaje de Sánchez Torres

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J.M. Bort

València

Emiliano Rojo Fernández (Calzada del Coto, 1910-València 1993) nació en un pueblo leonés, a 707 kilómetros de València, pero fue un valencianista ejemplar. Un héroe anónimo de la grada de Mestalla. En el verano de 1985 prestó al club 100.000 pesetas de la época para costear el traspaso de Manuel Sánchez Torres, un rutilante fichaje por el que el Valencia CF pagó 50 millones de pesetas. El futbolista hispano-holandés resultó un fiasco, pero hasta Alfredo Di Stéfano, entonces entrenador del equipo, acreditó su adquisición. Le avalaban sus goles y su elegante regate, pero aquel interior derecho apenas dejó unos mínimos destellos y dos goles durante sus dos años en Mestalla.

Acuciado por las deudas, el Valencia CF afrontaba la temporada 1985-86 -que terminó con el descenso- con escasos recursos para reforzar la plantilla. El fichaje de Sánchez Torres trufaría, en teoría, la plantilla de Di Stéfano. Pero 50 millones de pesetas eran muchos. Un columnista del periódico Las Provincias propuso una idea: que 500 aficionados prestasen 100.000 pesetas cada uno. «El caso es que mi abuelo, que era leonés pero valencianista hasta la médula, decidió que era una buena propuesta», explica su nieto Bernardo, periodista. «Fue al banco y sacó la pasta para llevarla al club», recuerda. «Le acompañó mi tío. Se presentaron en las oficinas, dijeron que habían leído el artículo y que como era un préstamo, no una donación a fondo perdido, que dejaban el dinero en depósito y que más tarde volverían a por él… se supone que años después, cuando el club estuviese saneado». Ahí quedó la cosa. Emiliano dejó su dinero y Sánchez Torres llegó al Valencia CF. No existen testimonios de más prestamistas para aquel fichaje.

Emiliano, hijo de un alcalde de Calzada del Coto, se hizo del VCF recién terminada la guerra. «Se fue a por su novia, Asunción, y le preguntó qué dónde quería ir a vivir». Eligió València, donde los Rojo echaron raíces, hoy repartidas por el barrio de Russafa.

A las pocas semanas de instalarse en la ciudad, Emiliano ya se acercaba a Mestalla a ver los partidos del Valencia CF. Eran los años dorados del club, los de las primeras ligas, la «delantera eléctrica», la construcción del gran Mestalla... «Se hizo muy valencianista, se sacó el pase y lo mantuvo hasta que murió. Llegó a ser el socio 481», rememora Bernardo. Un leonés tan valencianista que llevaba mal la rivalidad con la gente del Levante, hasta el punto de discutir un día con el cura de su parroquia. De fuertes convicciones religiosas, el señor Rojo ayudaba desinteresadamente en las homilías, e incluso ya jubilado ejercía de monaguillo de forma regular. «Un día, antes de la misa, tuvo una conversación de fútbol muy tensa con el párroco, que era muy granota. ‘¿Sabe lo que le digo?’ le dijo mi abuelo. ‘Que ahora no le voy a ayudar con la misa’ Así fue. Ese día se bajó del altar y no le ayudó», recuerda su nieto entre risas.

La liturgia de Emiliano para ir a ver al Valencia CF durante décadas fue la misma: cargaba a sus yernos y a sus nietos en su Dyane 6 desde la calle Sueca y aparcaba en un solar junto al colegio El Pilar. Media hora antes del partido ya estaba sentado en su asiento del sector 6 escrutando las posibles alineaciones en el periódico.

¿Recuperó Emiliano el dinero que le prestó al Valencia CF? «Sí. Ya muy mayor, y acompañado por mi abuela y mi tío, fue a las oficinas con el recibo a pedir la devolución del préstamo. Le recibió el entonces vicepresidente en su despacho e hizo efectivo el reintegro», explica Bernardo.

El leonés anónimo que financió el fichaje de Sánchez Torres

El leonés anónimo que financió el fichaje de Sánchez Torres / J.M.BORT. VALÈNCIA

Para entonces, Sánchez Torres había regresado a Holanda y apuraba sus años como futbolista. En su primera temporada en el Valencia CF había jugado 25 partidos y marcado un gol. «El problema que tiene Sánchez Torres es que Sánchez siempre está peleado con Torres», sentenció Di Stéfano sobre el jugador.

El reintegro de aquel préstamo no fue el único asunto pendiente de resolver que peligró durante la vida de Emiliano. El día que partió al frente, su novia y futura mujer tuvo reparo en darle un beso. «Se despidió dándole solo la mano. Estuvo toda la vida arrepintiéndose porque estuvo varias veces a punto de morir en la guerra», explica Bernardo, que de valorar relatos sabe un rato. Es uno de los directores del Festival Valencia Negra y autor de Sinpiedad.org, la novela más ácida contra la corrupción valenciana de la década pasada. Con el dinero recuperado (igual que aquel beso), Emiliano siguió acudiendo a Mestalla. Jamás se arrepintió de haber apostado de su bolsillo por aquel futbolista. Falleció en 1993, ya como socio número 481 del Valencia CF, y siguió pendiente de los resultados de su equipo hasta el último momento. «Ya enfermo, mi abuela tenía que meterle un Valium en la cena para que pudiese dormir cuando perdía el Valencia CF», recuerda su nieto, de sangre valencianista por gracia de su abuelo, con quien compartió muchas tardes de felicidad con los goles de Kempes.

El leonés anónimo que financió el fichaje de Sánchez Torres

El leonés anónimo que financió el fichaje de Sánchez Torres

Hay un episodio que explica al talante berlanguiano de Emiliano Rojo Fernández, imprescindible para conocer su figura. «Una noche, haciendo la guardia en el frente, se percató de que había cruzado a la línea enemiga (republicana) al oír a un soldado decir: ‘Qué tranquilos están esta noche estos facciosos’! Emiliano, que combatió en el lado «nacional», volvió por sus propios pasos y cuando se acercó a su trinchera gritó ingenuamente: «¡No disparen, no disparen!, ¡soy el sargento Rojo!».

El sargento rojo. Arriba, Emiliano Rojo en una imagen como brigada de Aviación, cuando se vino a vivir a València. A la derecha, su acta de socio con el Valencia CF, en 1959. Veintiséis años después prestaría 100.000 pesetas al club.

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