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Va de Bo

Otro hijo de Murla con sangre de campeón

Jan, con su hijo.

Jan, con su hijo.

Cuando Tonico de Murla reinaba como saque en las partidas de Llargues y sólo el Pato de Orba le plantaba cara, un joven chaval miraba embelesado las partidas que llenaban la calle donde nació el Nel, centro neurálgico de la vieja modalidad en ese pequeño rincón de la Marina en el que nunca dejaron de parir hijos para la pelota, como bien se encargaba de recordarnos Azorín en su famoso artículo en el ABC recordando a Micalet de Murla, héroe pelotari de su juventud. Aquel joven agachado en las acera veía el elegante y poderoso saque de Tonico soñaba con llegar a ser como él. Empezó una sana rivalidad local, que, por lógica ley natural, acabó decantándose a favor de Jan. Si Tonico empezó la serie de éxitos de la selección Valenciana con el trofeo Cinco Naciones en 1993 su joven discípulo se coronaría como saque de leyenda en el Mundial del 2000 con aquella final ante Holanda en la que los valencianos ganaron por 10 a 1. Jan recorrió las plazas de pelotísticas de Europa y de América- sublime su partida contra Bélgica en el Mundial de Ecuador, transmitiendo su calidad técnica, su inteligencia estratégica y sobre todo su caballerosidad-. Ese es el ejemplo que quería inculcar a su pequeño Marc, que se empapaba de pilota desde que disfrutaba de los triunfos de su padre. Él quería ser pelotari, como antes lo fueron tantas y tantas dinastías desde los tiempos de Llíria, de los Suret, de los Soro, de los Xatet de Carlet, de los Gat de l’ Eliana, de los Pascual de Benaguassil y de tantos y tantos otros que mamaron este deporte y soñaron con alcanzar triunfos y dinero.

El chavalín progresaba disfrutando en calle y trinquetes con tanta calidad y desparpajo, con tantas ganas de superación que en poco tiempo se ha convertido en una de las más firmes promesas del profesionalismo. Es pelotari que posee recursos técnicos y espíritu de campeón. Y además tiene un carisma que atrapa. En este Individual atípico, que por la dichosa pandemia se ha de jugar a puerta cerrada, ha sido capaz nada más y nada menos que de eliminar al campeón Soro III. La partida, a la que pudieron acceder apenas media docena de testigos dicen que fue soberbia y que se resolvió tras una igualada a 55. Aún perdiendo el joven de Murla se hubiera marchado a su pueblo lleno de orgullo. Pero ganó, y la alegría fue inmensa. La propia y la de su padre, que tuvo el privilegio de vivirla en directo. Cuiadado que Soro es grande en el mano a mano. Que le venciese Giner es un aval definitivo para el murlense. ¿Hasta dónde llegará? Nadie lo sabe pero todos coinciden en que tiene condiciones y juventud para aspirar a todo. Otro hijo de Murla con sangre de campeón.

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