El Levante, cuyo hábitat se adivinaba en la zona de descenso, se codea ya con los diez primeros, encima con un partido menos. Con la remontada ante el Eibar van cuatro victorias seguidas en el Ciutat, una trayectoria inmaculada con la que se han superado los pronósticos más optimistas. Se confirma que aquel informe interno en el que se apuntaba a la octava posición estaba tan bien tirado que se cumplirá antes de lo previsto. Y es que el equipo de Paco López, respaldado por las sensaciones y el ratio de ocasiones a favor y en contra, se ha reivindicado definitivamente contra las críticas y la desconfianza que generó a raíz de su interminable racha de empates. Desde que volvió a casa no ha dejado escapar ni un solo punto de los últimos doce, han emergido los fichajes de bajo coste de la dirección deportiva y para terminar de cuadrar el círculo se han consolidado los veteranos, incluidos los que parecían de vuelta. Todo ello habiendo convertido en virtud la carencia de Bardhi y Campaña, sin los que se ha ganado en verticalidad y, lo más importante, en eficacia. Las ocasiones no se desaprovechan. Ayer tres tiros, dos goles.

Donde antes era una escopeta de feria, motivo por el que se sigue aspirando a un delantero, el Levante ahora es un bazooka. Durante una hora larga es cierto que no fue superior al Eibar sino más bien al contrario, pero de eso ya no se acordará casi nadie. Con que lo hagan los técnicos, suficiente. Los de Mendilibar, que llegaron a tenerlo todo de cara para ponerse 0-2, pagaron el pecado de dejar correr a los granotas. Fue así como los destrozaron en un cuarto de hora con dos goles. Pudieron ser tres, pero el de Radoja no subió al marcador por el fuera de juego posicional de Dani Gómez. Nadie se acordará tampoco de un defecto que se arrastra de lejos como el que propició el gol de Inui y que cuesta corregir. Una cosa es salir jugando desde atrás y otra no saber cuándo un pelotazo está más que justificado. Entre Postigo, Aitor, Radoja y Malsa armaron un taco de locos.

Pese a no marcar ni ponerse bajo los focos, Roger ganó medio partido. A su registro de delantero de área le ha sumado el de un futbolista capaz de resolver situaciones ofensivas en cualquier zona del campo. Incluso cayendo a banda, origen tanto de los goles como de las situaciones de mayor peligro. Aunque le costó en la primera parte, cuando parecía imposible adivinar por dónde se rompería el cascarón, la apuesta porque fuesen los delanteros en vez de los extremos quienes rompieran por fuera resultó decisiva.

Con amplitud por bandas, los granotas pisaron área a sus anchas y terminaron siendo un vendaval. Un fenómeno en el que Morales fue otro de los que dio un golpe en la mesa. El Comandante, en pleno tira y afloja por su renovación, no jugó su mejor partido, sobre todo el principio. Sin embargo, los números son incontestables. En su regreso a la titularidad, la ratificación de su pico de forma llegó con otro gol y una asistencia. Primero se deshizo de su marcador con un control en carrera para que Melero, que acababa de entrar, anotara su cuarta diana llegando desde atrás. Después fue el capitán quien culminó una contra de tiralíneas: pase de Roger, taconazo de Sergio León, asistencia de De Frutos y remate a placer. Auténtica gozada.

De una mutación a otra, el Levante volvió a cambiar de piel para asegurarse el botín que tanto le había costado recuperar. Paco no corrió riesgos y cerró el partido con cinco defensas. Una decisión acelerada cuando Postigo se resintió de su lesión. Con Duarte rodeado de laterales, Aitor taponó un remate de Muto y el protagonismo fue ya para el Eibar, con una sensación absoluta de orfandad arriba. Al revés que el Levante.