La mejor noticia después de un terremoto es que no haya víctimas ni réplicas. Es lo que se celebra en el Levante, que saldó con victoria su primer partido desde el temblor con Morales, para postre autor de un gol y una asistencia. La escalada de tensión, que alcanzó su pico más alto a raíz de la suplencia del capitán contra el Villarreal, ha dado paso a un compás de espera. Los contactos de los últimos días entre las partes se han limitado a un ejercicio con el que bajar pulsaciones. Sin embargo, las posturas siguen distantes y eso que con su agente hay sintonía, en especial de Quico Catalán y Manolo Salvador por el histórico de operaciones como las de Lerma o más recientemente Gustavo Carvajal, sin carrete en el filial. La reacción al golpe en la mesa de pedir que le abran la puerta este mismo enero ha sido por un lado mantener la propuesta de contrato de por vida y renovable año a año de manera unilateral para el jugador. Y por la otra, no moverse ni un centímetro: mientras que Paco López siga contando con él, no hay opción posible para su salida. Mucho menos con la carta de libertad, por más que termine contrato en junio.

Aunque sin cantidades que se hayan pasado al papel, el espíritu es no disparar su rango salarial, en torno a los 1,5 kilos. Una ficha que lo coloca por debajo de futbolistas como Sergio León (2,1) y en la mitad de un Campaña fuera de concurso (3,2). También un planteamiento que a ojos del jugador, que rechazó ofertas millonarias de China, no compensa un interminable proceso de negociación que se ha ido dilatando por el fair-play y la pandemia y que ahora se ha visto salpicado por lo que han pasado de ser «disputillas» por su rendimiento a un desencuentro por su rol en el equipo.

Coincidiendo con la reacción ante el Getafe, lo cierto es que en las últimas siete jornadas de LaLiga ha sido suplente cuatro veces tras un pleno de titularidades en las diez primeras, si bien su paso por el banquillo ha propiciado sus dos mejores partidos ante Betis y Eibar. Es el mar de fondo de un conflicto en el que el detonante ha sido deportivo, sobre todo por el inesperado banquillazo tras participar unos días antes en los cuatro goles al Betis. Como declaró Paco López, se trata de una película en la que el destino es que los protagonistas terminen besándose. Sin embargo, aún no se vislumbra el final. Menos aún después de que el técnico no se pillase los dedos con su rendimiento a futuro cuando va camino de los 34 años. Pese a sus picos y valles, el rendimiento de esta temporada está fuera de duda con siete goles y tres asistencias. Además, con registros físicos en los que no se vislumbra su horizonte y habiendo estado en todos los partidos.

Lo que más preocupa de puertas para adentro, incluidas las del vestuario, es cómo asimile su rol en el caso de no ser indiscutible. Un problema sobre todo para Paco, cuya gestión está trufada por un reparto de minutos con el que todos estén enchufados. Sin ir más lejos, el sábado subrayó que «lo importante es estar conectados y ayudar cada cual desde su rol».