En Agost se levanta un nuevo trinquete. En Ontinyent se inauguran las reformas del mismo. En Albuixech esperan comenzar las necesarias reparaciones en breves semanas; la cancha de Almenara recobra vida y se juegan las finales pendientes del Individual de Galotxa; en Aldaia se rehabilita su cancha de Galotxa. Xirivella recobra el pulso de antaño. La Federació publica con entusiasmo el calendario de partidas de un fin de semana intenso en el que regresa la competición a puerta cerrada. Son un montón de pueblos los que se activan. En la noticia se habla de más de quinientos equipos en las distintas competiciones de clubes en diversas modalidades. Vive con ilusión el mundo de los clubes, sostén básico, fundamento de toda la obra de este deporte. Merecen atenciones los jugadores que se desplazan cumpliendo compromisos a veces sabiendo que sus posibilidades de ganar son nulas. No cobrarán un euro y se pagarán los gastos de transporte. Muchos, incluso, las fichas federativas. Junto a ellos, directivos que buscan patrocinadores en empresas locales, quizás con éxito aunque la mayoría de veces reciban como respuesta buenas palabras…En ese callado trabajo, sin apenas eco mediático, reside el alma eterna de la pilota.

De entre todas las competiciones vuelve a ser la más numerosa la de Galotxa que patrocina El Corte Inglés que este año anuncia en su máxima a jugadores de gran nivel, muchos de los cuales podrían anunciarse en los grandes duelos de profesionales si hubiera sitio para todos. Algo parecido ocurre en la Lliga de Llargues, centrada especialmente en las comarcas alicantinas. El Raspall sigue creciendo, especialmente por el empeño y empuje del mundo femenino, y este año parece sobresalir el activo club de Alzira, todo un ejemplo de estima al trabajo de promoción. Junto a esas competiciones de clubes está el trabajo de los Jocs Esportius, para el mundo escolar, que congregan a cientos de jóvenes de ambos sexos. Este fin de semana el protagonismo se ha desplazado a los frontones de Beniarbeig, la patria del legendario Barber de principios del pasado siglo, y a Massalfassar, la patria del Mestret… de quien decía el Xiquet de Llanera: «Ser el mejor y más honrado de los compañeros…». Los pueblos siguen apostando por el deporte de legendarias figuras locales.

Hubo un tiempo creativo en que las finales de Galotxa, de Llargues o Raspall congregaban a centenares y centenares de aficionados. Hoy, las jornadas de liga se juegan a puerta cerrada y aunque estuvieran abiertas los espectadores son escasos. Las razones son múltiples. Seguramente el cambio en los gustos, el creciente ocio individual, el menguante compromiso social hacen que lo que otrora movilizara sentimientos colectivos sea hoy una excepción. Para agravar el tema llega esta pandemia que nos obliga a alejarnos unos de otros…Algo tiene este deporte que al menos en sus bases resiste los ataques externos. Las inscripciones en los torneos de clubes se mantienen y en el caso de la Galotxa revierte la tendencia negativa de los últimos años. Hay signos de esperanza.