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Va de bo

Millones por sentimientos

La Superliga está en contra de la misma esencia del deporte: no importa ganar o perder

Un cartel contra la Superliga frente al estadio del Arsenal

Un cartel contra la Superliga frente al estadio del Arsenal EFE

Los grandes clubes europeos, los doce de la fama, no necesitan llorar para mamar. Los grandes clubes europeos, los ricos, los que quieren montar la Superliga, están dispuestos a llevarse por delante el manso, la esquila y el cencerro. No se trata de hablar de fútbol, sino de negocios. Los doce están manejando una cifra astronómica de 3.000 millones para empezar. Lo que perciben de la UEFA, que como buena intermediaria del negocio europeo siempre se ha llevado un porcentaje elevadísimo de los ingresos, es, comparativamente, casi juna limosna. Se ha acabado de hablar de los sentimientos, de los aficionados, de lo que significan escudos, banderas e historia. Se trata de que el fútbol moderno, el de las grandes estrellas, lo dirija una banca estadounidense: JPMorgan.

La Superliga, que patrocinan en España los tres clubes más endeudados, los que van a precisar grandes inyecciones de dinero para seguir con su política de los grandes expresos europeos, están en condiciones económicas tan precarias que ni siquiera pueden cumplir con sus compromisos actuales y mucho menos renovar sus plantillas con galácticos. En el Madrid ha coincidido la pandemia con las obras del estadio, en el Barça ha llegado el momento en que la nueva directiva no sabe qué camino tomar porque ni siquiera tiene claro si puede prorrogar el contrato de Messi y el Atlético ha vivido los últimos años con préstamos de Peter Lim y Wanda Jianlin. Madrid y Barça necesitan vender para poder comprar. De momento, han rebajado el salario de sus futbolistas para equilibrar en lo posible las cuentas actuales.

La Superliga está en contra de la misma esencia del deporte: no importa ganar o perder. Los fundadores de la competición se garantizan la permanencia en la misma sin descensos. Lo que se pretende es crear un cartel en el que coinciden clubes deportivos, como Madrid y Barça, y sociedades anónimas en las que detrás hay fondos buitre y en el mejor de los casos financieros internacionales.

Los grandes quieren más dinero y están convencidos de que lo pueden obtener. En este aspecto, ninguna duda. Tampoco la hay en el sentido de que separarse de las organizaciones internacionales, FIFA y UEFA sería establecer dos competiciones una de las cuales estaría al margen de la ley deportiva. Ya lo estuvo Colombia en los años cincuenta con jugadores como Di Stefano y tuvo que volver al redil.

Lo que pretende la Superliga es dejar las competiciones nacionales convertidas en una segunda división. De momento, el anuncio tiene en contra a gobernantes de Inglaterra, Francia y Alemania, y grandes clubes como PSG, Bayern Munich y Borussia no han anunciado su adhesión.

La UEFA ya cedió hace unos años para otorgar más dineros a los participantes en los torneos europeos. La solución más inmediata, tal vez estará en que de nuevo el organismo continental de más euros aunque nunca podrá llegar a lo que ofrece JPMorgan. Este dinero viene de Estados Unidos donde existen ligas cerradas y entidades deportivas privadas. El futuro augura más internacionalización del fútbol, pero de momento, hay que resistir. Está en juego, la historia, las banderas los escudos y, sobre todo, los sentimientos.

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