El pabellón Würzburg de Salamanca acoge mañana (19 horas) el tercer y definitivo asalto por el título de la Liga Femenina. Una última batalla entre dos equipos que están mostrando un nivel de juego espectacular, y también un duelo enorme en los banquillos entre dos buenos amigos, Rubén Burgos y Roberto Íñiguez. Su relación comenzó en La Fonteta hace muchos años, y se estrechó definitivamente a lo largo de la temporada 2010/11 en el equipo EBA del Valencia Basket. El vitoriano cumplía por aquel entonces su séptima campaña al frente del equipo, y el de Ribarroja preparaba para ser entrenador estrenándose como ayudante bajo su tutela.

Cara a cara por el título de Liga

«Trabajé con él cuando empezaba a prepararme como entrenador. Me ayudó mucho, sobre todo a cambiar el chip de jugador a entrenador, un proceso que él había realizado antes. Fue vital para mí ya que era un camino clave que había que recorrer», recordaba Burgos hace apenas unos días. Y es que muchos son los paralelismos entre ambos, y en todos el Valencia Basket tiene un papel protagonista. No en vano, los dos se iniciaron en el baloncesto como jugadores y, posteriormente, dieron el salto a los banquillos en el club taronja. Por otra parte, dentro de la cancha los dos tuvieron una importante carrera en competiciones nacionales, llegando a la ACB y, entre otros clubes, pasaron un largo período en el entonces Pamesa Valencia. Íñiguez lo hizo desde 1987 a 1990, mientras que Burgos estuvo desde 1996 a 2001 en el primer equipo. Una historia vital y una manera de entender el baloncesto que reforzó el vínculo cuando sus caminos se encontraron definitivamente en 2010. Aquella temporada el filial taronja acabó undécimo en al grupo E de la Liga EBA, y supondría el paso previo de Íñiguez antes de su exitoso salto al baloncesto femenino. Su prestigio había ido en aumento en La Fonteta y eso hizo que el Ros Casares se fijase en él .

El título de la Euroliga y el de la Liga Femenina en 2012 iniciarían un glorioso camino en el que no ha dejado de participar en la Euroliga, competición que ya ha disputado diez veces, ni de cosechar títulos de ligas nacionales en países como España, Turquía o Hungría. En este último curso con el Perfumerías Avenida, sin ir más lejos, ha ganado la Supercopa y fue subcampeón de la Euroliga.

«Íñiguez es un referente para los entrenadores españoles por todo lo que está haciendo, nos ha inspirado a muchos», admitía Rubén Burgos, cuya trayectoria desde que se separaron sus caminos ha sido muy diferente. Sobre todo porque para él, doce años menor que Íñiguez -uno tiene 53 y el otro 41-, este ha sido un período principalmente de aprendizaje e ir subiendo peldaños. Al menos hasta la temporada 2017/18, momento en el que le tocó dar un paso al frente cuando sustituyó a José Canales al frente del equipo femenino en Liga Femenina 2 con el ascenso como objetivo. Aquella temporada supuso todo un máster en su formación por diferentes circunstancias, principalmente en lo referente a la gestión de grupo, y le sirvió tras el ascenso para ir asentándose en un puesto en el que ha ido creciendo de manera exponencial. Tanto que, a día de hoy, nadie duda en señalarle como uno de los grandes responsables del salto cualitativo del equipo en apenas cuatro años.

Además del ascenso, al valenciano le avala ya en su palmarés la final de la Copa de la Reina, esta de la Liga Femenina Endesa y el título de la Eurocup Women. Bagaje mínimo comparado con un Íñiguez que pelea por su undécimo título y que ha disputado más de veinte finales. En España, de hecho, ha ganado la competición doméstica ya en dos ocasiones con el Ros Casares (2012) y el Spar Girona (2015).

Más allá de eso, mañana se enfrentan cara a cara por el título de la Liga Femenina Endesa dos buenos amigos y dos grandes entrenadores en los que el alumno, en este caso Rubén Burgos, ha dado evidencias claras de estar en disposición de superar al maestro, Roberto Íñiguez.