En Bolivia juegan pelota de mano tradicional. Lo hacen desde siempre. Siempre es siempre que, por poner una fecha, podría ser 1936 cuando se fundó la Federación Boliviana de pelota de mano, paleta y raqueta (FBPMPR), pero quiere decir siempre, es decir, que es a lo que se jugaba, se juega, y se jugará. Otra cosa es que en Bolivia, como en el resto del mundo pelotístico, lleguen influencias y modos de juego alternativos, tal vez diferentes, tal vez diametralmente opuestos a priori, pero sigan el curso natural que les da el beneficio de la duda. Dicho esto, Bolivia y su Federación al frente de la cual se encuentra desde diciembre del 2019 Eduardo Daza y su nuevo equipo directivo, piensa en concepto de amor. Es decir, sumar.

Bolivia ya sabe lo que es participar en una competición de la CIJB, pero vive asumiendo que las organizaciones internacionales tienen su peso y su posición. Forma parte de la Federación Internacional de Pelota Vasca (FIPV) y se rige por ella, pero también fue uno de los países fundadores del Consejo Mundial que preside el vasco Fernando Azcárate. No en vano, el deporte de la pelota a mano es tan internacional que todos estos lazos son de lo más comprensibles. A esto hay que añadir un poco de salsa, que es la que sirven todos esos mecanismos que la FBPMPR pone en marcha para conseguir, en un año, “lo que no se hizo en los últimos diez”. Y son palabras textuales de Daza, que desde Bolivia explica que el Consejo Mundial les ha dotado de material (“no esperábamos tanto”, apostilla el presidente boliviano), como lo pueda hacer la CIJB, para alimentar escuelas que van naciendo y, sobre todo, asentándose.

El juego a mano en Bolivia es en frontón con dos paredes laterales, “y pelota más liviana que la vasca”, afirma Daza. Juegan a frontball y también a mano 36 y en trinquete. La paleta, que se incluye en la denominación de la misma Federación, está en ciernes, progresando, con la mano como reina todavía. Explica Daza que en Bolivia juegan unas tres mil personas, que son unos “15 o 16 clubes” los que se disfrutan del juego y las competiciones, y que además el juego entre las mujeres ha arraigado, poco, pero en ello están, hasta albergar “un centenar de damas que practican”.

“Ahora se está difundiendo el deporte por todos lados y también eso hace que se construyan canchas, algunas privadas, escuelas, pequeñas, sí, pero ya hay escuelas”, afirma el presidente, que lamenta que la pandemia haya aparecido de repente para evitar una progresión mayor en todos los sentidos. En todo caso, se organizan campeonatos nacionales en los colegios, cosa que, dice, “se debería haber hecho hace 10 años”: “Ahora hay muchas escuelas que nos llaman para ir a inaugurar canchas e iremos a llevarles el material que hemos conseguido”.

Del “letargo” ha salido Bolivia y lo ha hecho con todo. Ahora fomentan tener jugadores, a los que quieren formar con viajes a Europa (en julio aterrizan en el País Vasco) para que entrenen con técnicas diferentes de las que puedan usar en Bolivia, y aspirar a “tener un referente que nos permita pelear en los torneos mundiales”.

La CIJB, en todo esto, aplaude todo lo que signifique fomento del juego de pelota, y no puede más que agradecer todo ese trabajo. “Bolivia representa el mejor espíritu de unir en la diversidad, nuestro lema”, ha manifestado en este sentido el presidente de la CIJB, Alberto Soldado. “Aparte de tener relaciones con la CIJB nos interesa la opción de intercambiar ideas, e incluso llevar jugadores para que entrenen en otros niveles al nuestro, y así crecer nosotros”, afirma Daza, que explica que volver a jugar en el marco de la CIJB está “en la medida de nuestras posibilidades”: “También nos gustaría que nos apoyen desde el Consejo Mundial para que la FIPV nos autorice a tener un torneo internacional en el 2022 para poder organizarlo desde Bolivia y así difundirlo”, apostilla. Sea como fuere, lo que queda cristalino es que en América nadie para, porque el juego de pelota es internacional, y lo saben.