Escribía el maestro Lorenzo Millo que el público del Trinquet era aristocrático, en el sentido etimológico griego: «áristos», el mejor, y «kratos», fuerza. Era y es un público entendido pues la gran mayoría ha practicado este deporte y sabe de la dificultad de un rebote a dos paredes a un palmo del suelo como levantaba con elegancia Rovellet o de la dificultad de trazar una línea oblicua que traslade la pelota desde el «dau» a la «careta» como sólo Tonin ha sido capaz de repetir cuantas veces le diera la gana. No es un público aristocrático en el sentido clasista pues en sus losas conviven gentes del pueblo que se buscan la vida en las calles con profesionales liberales que se suman a las tertulias populares, completando un cuadro profundamente democrático. La pilota no es sólo un deporte, que bien poca cosa sería. La pilota no aspira a reconocimientos oficiales según las leyes establecidas por gobiernos casi siempre ajenos a ella. Si vienen, bienvenidos sean, que «tota pedra fa paret», pero la pilota es sobre todo herencia cultural, parte del legado que los siglos van dejando en las gentes que quieren seguir siendo ellas. Algo tendrá cuando ha sido capaz de sobrevivir desde hace siglos, seguramente desde que el médico griego Galeno la recomendara como ejercicio muy saludable. Pelayo es como juego de pelota uno de los recintos deportivos más antiguos de Europa, sin duda el más mejestuoso de todos y el de mayor actividad. Ese valor histórico y cultural hay que explotarlo y eso se hace, por ejemplo, convirtiendo sus paredes en un auditorio donde la música sinfónica se funda con la elegante fortaleza de Puchol II, la desbordante capacidad de reflejos y pegada de Tonet IV o la calidad hecha humilde sencillez de Victoria. Los tres campeones junto al siempre campeón Rovellet recibirán el próximo viernes un merecido homenaje entre los acordes de la orquesta filarmónica Martin i Soler, dirigida por Carmen Mas. La elegante directora ha preparado un repertorio variado sin duda pensado para que aquellos que disfrutan de un deporte que es arte, superen sensaciones con la obertura del Cazador Furtivo de Von Veber, que a uno puede recordarle los pelotazos desde el dau y los rebotes de Genovés y Eusebio con el remate final a las galerías entre el delirio general. Seguirá con el Adagio de la segunda sinfonía de Sergéi Rachmaninoff que nos trasladaría a la elegancia visual de los clásicos pelotaris que respetan la pureza del estilo y que nos recordará los valores del éxito y también del fracaso que formaron parte de la vida del compositor. El programa se completa con las marchas y danzas populares populares de los pueblos de Escocia y Hungria, con obras de Claude Debussy y Johhanes Brahms, cargadas, como nuestro deporte, de colores armónicos y finaliza con un recorrido por la música popular española «El Cid» de Jules Messenet, pues es la pilota un deporte cultivado con esmero en Valencia pero que también lo ha sido propio de las tierras que recorre la música: Navarra, Castilla, Aragón, Valencia y Catalunya. Lo hermoso suele producirse en los amaneceres, que es el tiempo de «les albaes» valencianas. Como afirma la directora,Carmen Mas, especialmente entusiasmada con la idea de esta fusión entre el artístico deporte valenciano y la música clásica: «Es una experiencia única y apasionante». Muchos pelotaris acudirán a la cita, muchos amantes de la música descubrirán Pelayo y todos quedarán sumergidos en ese ambiente mágico en el que la aristocracia es el pueblo, en el que la vaqueta se impregna de la elegante batuta en manos de una mujer.