Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Medir el sexismo en los centímetros de un bikini

Las mujeres de la selección noruega de balonmano de playa se negaron a jugar con el bikini que la Federación Europea impone a los equipos femeninos de esta modalidad deportiva

La selección Noruega de balonmano playa, con mallas.

La selección Noruega de balonmano playa, con mallas.

Aunque el debate no es nuevo, en un año olímpico sobran los motivos para volver a ponerlo encima de la mesa. Raramente las selecciones deportivas masculinas se convierten en noticia por los centímetros de un bañador. Tampoco es habitual que un titular de prensa resalte el nombre del admirador o antiguo novio de la flamante campeona, que se ve relegada al segundo párrafo. Ni que el foco de la cámara se fije especialmente en el trasero de los jugadores. Sin embargo, todo eso ocurre cuando las deportistas son mujeres. ¿Por qué?  

 “Debería interpelarnos como sociedad”, opina Mar Mas, presidenta de la Asociación para Mujeres en el Deporte Profesional (AMDF), que aporta algunos elementos para explicar estos comportamientos machistas, entre ellos, una visión patrimonial del deporte. “Los hombres lo tienen copado como si ese territorio fuera suyo”, reflexiona. Los datos indican que pocas mujeres alcanzan la cúpula de las federaciones y que la Ley del Deporte de 1990 se ha quedado claramente obsoleta en cuestión de paridad.  

“Es una ley que no contempla a las mujeres como deportistas profesionales. Llevamos tiempo pidiendo un cambio de legislación, porque estamos en el siglo XXI, pero en muchos foros nos dicen que es una cuestión económica y, efectivamente, es así. Las mujeres pagamos la mitad de los impuestos, así que queremos la mitad de todo”, reclama la responsable de AMDF. 

El diagnóstico de Maribel Zamora, vicepresidenta de la Unió de Federacions Esportives de Catalunya (UFEC) que integra las 71 federaciones deportivas catalanas, es que “hay mucho camino por recorrer para ver mujeres en puestos de decisión” debido a que, en general, son labores que se ejercen de manera altruista donde la conciliación con la vida familiar y profesional no es fácil. Su propuesta es mejorar el decreto de federaciones para que los directivos tengan un sueldo. 

Para ilustrar sus palabras, la también presidenta de la federación catalana de voleibol pone un ejemplo revelador: “En voleibol hay un 80% de licencias femeninas, en Catalunya y en el resto de  España, pero cuando las mujeres abandonan la práctica deportiva desaparecen. No hay el mismo porcentaje de mujeres árbitras, entrenadoras o dirigentes”. Es decir, no continúan en el mundo del deporte en otros estamentos. 

Este escenario del que las mujeres están ausentes tiene, según Zamora, consecuencias en la forma de abordar debates como el abierto por la selección noruega de balonmano. “Puedes hacer el deporte atractivo para los patrocinadores, buscar diseños bonitos y dar estéticamente la mejor imagen en televisión. Eso es genial, pero cuando interesa que se vea más culo de la cuenta, estamos hablando de otra cosa. Eso es inadmisible”.

Quizás se han descuidado algunas cuestiones clave con la llegada de la mujer a la élite deportiva, opina José Domingo Monforte, director del bufete de abogados del mismo nombre. “En algunos casos se han primado los aspectos cosméticos sobre los éticos”, subraya el jurista, quien considera que el tratamiento desigual de la federación europea de balonmano respecto a la indumentaria de hombres y mujeres no se justifica por razones deportivas. “Es una norma carente de sentido, que promueve una visión sexista e impacta directamente sobre la dignidad de la persona”, resume. 

Monforte ve legítimos los motivos que invocaron las jugadoras de la selección noruega para negarse a usar la prenda reglamentaria. “Es una norma que ataca un derecho fundamental y, a mi juicio, es nula de pleno derecho porque se impone sin ningún criterio”, argumenta.

Regulación y código ético

La finalidad de las prendas deportivas es, por un lado, lograr una alineación uniforme para que sea fácil la identificación del equipo y, por otro, favorecer el óptimo desarrollo de la actividad. Si estos son los únicos objetivos, ¿convendría tener una regulación internacional sobre la vestimenta que impida la sexualización de las deportistas? ¿Debería el COI tomar cartas en el asunto? 

“Por supuesto”, responde el letrado.  “Ahora se está intentado resolver un problema de tuberías sin cortar el paso del agua, porque la norma sigue vigente, genera polémica y desde el punto de vista jurídico es una norma desnaturalizada”, argumenta.

Aunque en el caso del voleibol playa la federación internacional no les dice a las jugadoras cómo deben ir vestidas siempre y cuando respeten la uniformidad, Maribel Zamora vería bien un código ético que, además de luchar contra la sexualización, respete la libertad de las personas para elegir el atuendo. “Si hay deportes en los que se detectan estos extremos, los organismos superiores deberían regular”, apostilla.

Mientras, Mar Mas, que elogia el trabajo del COI para incluir más mujeres entre los abanderados y darles así visibilidad, pone el énfasis en lograr federaciones con presidencias bicéfalas y que tanto los recursos económicos como los espacios en medios de comunicación públicos se repartan al 50% entre hombres y mujeres. 

“Las mujeres logramos muchos títulos pero nos han quitado referentes y la capacidad de ser visibles para patrocinadores. En parte se debe a que nosotras no creemos en el poder que tenemos. Necesitamos políticas públicas valientes que pongan  a la mujer en el lugar que le corresponde”, resume la presidenta de AMDF.

Compartir el artículo

stats