El número 1 del mundo, Novak Djokovic está contra las cuerdas. Las posibilidades de que pueda participar en el Abierto de Australia que arranca el lunes, son casi ínfimas. Ayer viernes el serbio recibía un nuevo golpe. El Gobierno Australiano decidía cancelar por segunda vez su visado lo que significa que si el caso no da un nuevo giro de 180 grados, Djokovic será deportado y por tanto, tendrá que decir adiós a su participación en el primer Grand Salm del año y a la posibilidad de sumar su 21 título de Grand Slam para convertirse en el jugador más laureado de la historia. Pero eso no es todo, en el peor de los casos, Australia podría vetar la entrada en el país al serbio durante tres años.

Tras varios días estudiando el caso, el ministro de inmigración australiano, Alex Hawke decidía cancelar de nuevo el visado de Djokovic dejando así sin valor la resolución que días antes había adoptado el juez Kelly quien daba la razón al serbio. El gobierno australiano ordenaba ayer la detención de Djokovic que a primera hora de la mañana del sábado en Melbourne (en la noche del viernes al sábado en España), debía presentarse ante los servicios de inmigración para declarar de nuevo y posteriormente reunirse con sus abogados para estudiar el caso y presentar las alegaciones oportunas. Djokovic, por tanto, aún tendrá una última y desesperada oportunidad ya que mañana domingo se celebrará una vista de emergencia. Tras la anulación del visado, la justicia australiana ordenaba que el serbio no fuese «deportado de manera inmediata» hasta que la justicia revise este domingo la decisión tomada por el ministro de inmigración que será impugnada por los abogados del tenista. La vista está prevista que se celebre el domingo en el Tribunal Federal tan sólo 24 horas antes del lunes, en el que Djokovic debería debutar en el torneo frente a su compatriota Miomir Kecmanovic. En caso de que el serbio sea expulsado de Australia, el torneo tendrá que rehacer el cuadro.