Ha jugado más de 600 partidos en la ACB, 19 años como profesional y se retira con 40 años. ¿Se hace a la idea ya de que no le espera una nueva pretemporada?

Aún no, la verdad, en agosto o a finales de julio sí empezaré a sentir algo raro, pero de momento estoy en modo vacaciones, aunque es verdad que los últimos días han sido muy emotivos.

De momento ya ha tenido homenaje en Manresa en su despedida y en la ACB, pero sabe que llegará también uno en La Fonteta…

Sí, esto es algo que me sobrepasa porque yo solo soy un jugador que ha intentado hacer siempre bien mi trabajo y cuando recibo este cariño de la gente, es algo que me emociona. Ya lo viví en el último partido en casa, también estoy muy orgulloso del homenaje de la ACB y cuando llegue la oportunidad en València, también será muy especial y algo que seguro recordaré siempre.

Llegados a este momento, imagino que es inevitable pensar en sus inicios en el Colegio Paidos. ¿Cómo lo recuerda?

Yo estaba muy volcado con el fútbol y más siendo de Santpedor, con lo que suponía Pep Guardiola. Pero en el momento de empezar secundario, mis padres eligieron la Escuela Paidos y allí se practicaba mucho el baloncesto.

Llegó al Manresa, estuvo cinco años y apareció el Valencia Basket en su vida. ¿Cómo fue su fichaje?

Fue un verano muy movido, había interés de varios clubes y estaba un poco colapsado, me agobiaba tener que tomar una decisión. Pensé que València era donde más podía crecer como jugador y en un club en crecimiento también. Y acerté.

¿Cómo le convenció el Valencia Basket?

Manolo Llorente habló conmigo y eso me ayudó a tomar la decisión. También Fotis Katsikaris, con quien tuve la sensación de que podía tener bastantes minutos.

¿Quién le iba a decir que llegaría a jugar 11 temporadas y que ganaría una Liga y tres Eurocup…

Sí, porque soñaba con ganar algún título porque siempre quieres lo máximo, pero el primer año fue un poco complicado, no venía mucha gente a La Fonteta y en el ambiente había un poco de desilusión por los resultados de los últimos años, pero en el segundo año cambió todo, el equipo y el ambiente y ganamos la primera Eurocup.

¿Qué siente al saber que su camiseta llegará a estar colgada en lo alto del pabellón junto a las de Nacho Rodilla y Víctor Luengo?

Es un honor. En València y en el Valencia Basket siempre me he sentido como en casa y llegar a tener la camiseta retirada en La Fonteta significará mucho para mí, sobre todo por poder compartir ese honor con jugadores que son leyendas de ese club y a los que conozco muy bien.

Salió del club y aún siguió en ACB tres años más. ¿Le duele recordar su salida del club?

Fue un poco triste pero las etapas se acaban, no se contaba mucho conmigo a nivel deportivo y yo siempre he priorizado el hecho de poder jugar y disfrutar. Había tenido algún problema en la rodilla y una operación y al final se tuvo que acabar esa etapa. Pero yo confiaba aún en mi juego y quería morir con las botas puestas. Pero no me fui dolido con el club ni mucho menos.

¿Cómo ha visto en estos años al Valencia BC desde la distancia?

He visto un equipo que está progresando poco a poco, intentando hacerse siempre un hueco en la Euroliga pese a lo difícil que es porque ya no depende solo de méritos deportivos, salvo en el caso de ganar la Eurocup.

Su amigo Dubljevic va camino de superar sus récords…

Si, pero mejor que sea Dubi que otro. Es un gran amigo y lo ha hecho muy bien durante muchos años.

Dice que en València se sintió como en casa. ¿Tiene previsto volver aquí?

De momento no lo tengo previsto, no queremos movernos de aquí ahora, los niños son pequeños y queremos disfrutar un tiempo.

¿Pero seguirá vinculado al baloncesto de alguna manera?

Seguro que sí. El gusanillo de entrenar lo tengo, pero no es el momento. Ahora quiero un poco de tiempo libre.

Conoce muy bien a Pedro Martínez por su etapa en València y en Manresa, pero también a Álex Mumbrú por su etapa en el Bilbao Basket. ¿Cómo lo ve?.

Estuve con él una temporada, en su segundo año como entrenador y la verdad es que me sorprendió mucho lo rápido y bien que supo cambiar el rol de jugador por el de entrenador. Lo de entrenar lo lleva muy adentro, ha vivido mucho baloncesto, le gusta que su equipo juegue ofensivo, con ritmo, prepara muy bien los partidos y seguro que va a ser aún más un gran entrenador. Su estilo es diferente al de Pedro Martínez, pero puede hacerlo bien y conseguir grandes cosas.