Guerra desata la locura en el Valencia

El tanto del canterano, de bella factura, saca al equipo de los puestos de descenso a Segunda División

El gol que dio la victoria al Valencia CF frente al Real Valladolid CF

Francisco Calabuig

Pau Pardo

El Valencia se llevó un partido clave a la épica gracias a un gol antológico de Javi Guerra. El canterano se estrenó en Mestalla por todo lo alto, con un disparo al ángulo que desató la locura en el coliseo de la Avenida de Suecia. Después de una primera parte nefasta, el equipo de Rubén Baraja tiró de casta, personalidad y coraje en la segunda para voltear el marcador y salir del descenso por la puerta grande y contra un rival directo. La afición, que dio una exhibición de época con 42.003 almas copando las gradas, despidió a sus jugadores entonando un estruendoso «sí se puede» para las finales que quedan por delante por la salvación.

El partido no pudo empezar peor para el Valencia. Moucutar Diakhaby perdió la pelota siendo el último hombre y Larin le robó la cartera para quedarse solo ante Mamardashvili y hacer el primer tanto de la contienda y poner en ventaja a los suyos. Encuentro cuesta arriba y nerviosismo palpable en los jugadores.

Le costaba a los de Baraja meterse en el encuentro, muy dubitativos en la toma de decisiones y con exceso de toques en la construcción contra un Valladolid que se sentía cómodo y casi que optaba por mantenerse fuerte en la presión y esperar a que el Valencia se ‘autolesionase’ con otra pérdida. Apenas un tímido remate de Cavani y otro de Paulista fue el balance ofensivo del equipo en la primera media hora y Mestalla se impacientaba.

El equipo probaba suerte con disparos muy alejados de ser peligrosos mientras se metía en la boca del lobo: jugar el partido que los de Pezzolano querían, cargados de fallos en la entrega y transmitiendo muy poca capacidad para darle un giro de timón al asunto. La mayor prueba de ello era el tiempo que perdía cada jugador a la hora de tomar decisiones y atacar los espacios en los escasos errores que concedía el Pucela en su elaboración. Almeida adormilado, Nico desquiciado y Yunus incapaz, la medular rezumaba impotencia y los ataques llevaban más inercia que intención. En este contexto se alcanzó el descanso y, como es normal, el equipo se llevó una sonora pitada por la nula propuesta y personalidad ofrecidas.

La segunda mitad arrancó marcada por la bronca con un Valladolid perdiendo tiempo en cada acción con la connivencia del colegiado, que a pesar de señalarse el reloj no lo penalizó en ningún momento, de hecho acabó alargando solo cinco minutos. La afición estalló al grito de “corrupción en la Federación” y apretaba a favor de su equipo, que basaba su juego en los centros laterales, aunque la mayoría sin peligro. Algunas veces por falta de precisión y otras por incapacidad del delantero para ganarse el territorio. En una de ellas Cavani ni siquiera puso la cabeza en la misma línea.

El equipo lo intentaba en todo caso y finalmente lo consiguió gracias al testarazo de Diakhaby, que se redimía del error ajustando al poste su remate y con la inestimable ayuda de Masip, que se la comió de manera incomprensible. Las 42.000 gargantas de Mestalla enloquecían al son de un atronador « por ellos». Y el equipo lo captó atacando con algo más de fuerza, pero también exponiéndose más y fruto de ello tuvo el rival la más clara, pero el remate de Fresneda dio en el travesaño.

El cronómetro corría el nerviosismo aumentaba. La actitud era buena, pero la selección de pase nos siempre lo era, lo que cortocircuitaba la mayoría de acercamientos al último tercio del campo. El ‘modus operandi’ se mantenía, balones a banda y centros. Hugo Duro cazó uno, pero lo mandó ligeramente desviado mientras la caldera de la Avenida de Suecia seguía presionando a pleno pulmón. Las tenía en el tramo final el conjunto valencianista con remates cercanos a los tres palos. Y el que fue a portería fue una obra de arte brutal: Javi Guerra se marchó de dos y desde lejos la puso en la mismísima escuadra para estallido de Mestalla.