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Un punto contra la psicosis (1-1)

Un gol de Diego López da un empate insuficiente al Valencia en Son Moix, en un partido agitado que sirve para frenar la tendencia derrotista

Diego López celebra el gol del empate

Diego López celebra el gol del empate / EFE

Valencia

El empate del Valencia en Son Moix no resuelve ninguno de los problemas del equipo de Mestalla, pero tiene también las propiedades curativas suficientes para frenar, antes del parón de selecciones, el amago de primera psicosis de la temporada. Justo la petición de Rubén Baraja en la previa, cuando pedía calma desde la cima del volcán. Diego López, obrero del gol, neutralizó el tempranero gol del Mallorca para un Valencia capaz de dominar por fases y exhibir al mismo tiempo la fragilidad de un equipo valiente pero con los recursos justos, obligado a desfilar en cada partido por el alambre.

Un equipo condenado desde su planificación a remar contracorriente, necesitado como pocos de estímulos positivos, caía a la lona a los cinco minutos, en una acción maldita. Un centro lateral en el que Mosquera pifia el despeje y el control errado de Muriqi desequilibra a Thierry y acaba convirtiéndose, con el bote picado, en una asistencia perfecta para la volea de Dani Rodríguez. El partido tomaba pronto un tono de película de terror ya vista, de duelo visitante amortizado. Pero, lejos de desmoronarse, el Valencia equilibró el dominio del juego a pelota parada (no precisamente en los córners). Era muy importante transmitir la sensación de peligro, el que vino en el minuto 13 con un golpe franco de Hugo Duro, rebotado en la barrera y casi envenenado en gol. Dos minutos más tarde, la falta fue para Pepelu. El de Dénia pateó una parábola tensa, con ángulo muy bajo y la colocación ideal, pero se estrelló en la cruceta, con Rajkovic batido. Y un centro de Cenk, salpicado en un contrario, obligaba al meta bermellón a palmear a córner.

Sin embargo, la realidad de de este Valencia es que. incluso en contextos de ser el equipo dominador, evidencia al mismo tiempo su enorme vulnerabilidad defensiva. Con la verticalidad básica de la que han hecho gala toda la vida los equipos del Vasco Aguirre, Darder conectaba con las dos claras referencias atacantes, Muriqi y Abdón Prats, para que se mascase la zozobra.

Baraja y Aguirre imparten instrucciones.

Baraja y Aguirre imparten instrucciones. / Efe

Con la primera mitad a punto de consumirse, el gol que reportaba merecimientos al Valencia. Una gran triangulación iniciada por Pepelu y asistencia de Thierry sin dejar caer la bola. Con un escorzo casi imposible, Diego López cabeceaba al palo contrario de Rajkovic. Qué relación más intuitiva con el gol tiene el jugador de Turón, perfecto conocedor del oficio de delantero, pero exiliado a la fuerza a la banda ante la irresponsabilidad de Lim con los fichajes.

El Mallorca salió con otra velocidad tras el descanso, buscando con más ahínco la cabeza imantada de Muriqi. Mamardashvili intervino para desbaratar el cabezazo del atacante kosovar. Baraja dio entrada a Fran Pérez por un Yaremchuk todavía desubicado, para buscar vías de desequilibrio en un partido cada vez más local con la entrada de otra torre como Cyle Larín. En el 61 era Gio González el que chutaba al palo. El asedio continuaba en el 63 con otro derechazo del lateral uruguayo, desviado por Mamardashvili, convertido ya en el mejor de los visitantes.

Posible penalti de colofón

Llegaba el partido muy suelto a su media hora final. Una oportunidad que el Valencia debía saber leer también para su beneficio, con un Mallorca cada vez más envalentonado. En esa moneda al aire, los blanquinegros contaron con opciones, con Hugo Duro finalizando una contra de Fran López. O con Javi Guerra apareciendo desde la frontal a falta de un cuarto de hora, su zona Cesarini, cuando su fútbol se engrandece. Faltaban precisión y finura física. Aguirre, con Darder lesionado, empezaba a observar el empate como una buena cosecha. Al Valencia, en el que debutó Yarek y en el que Hugo Duro fue objeto de un más que posible penalti, le permite restablecer una respiración más calmada.

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