"El madridismo mediático protege más a Mbappé y Modric que a Yamal y Williams"

Joan-Carles Martí y Toni Mollà, autores de Sobretot que perda el Madrid (Vincle editorial). | VINCLE EDITORIAL

Joan-Carles Martí y Toni Mollà, autores de Sobretot que perda el Madrid (Vincle editorial). | VINCLE EDITORIAL / Vincle editorial.

Vicent Chilet

Vicent Chilet

¿Cómo se afronta desde el antimadridismo ilustrado la llegada de una Eurocopa y asimilar, por ejemplo, que un gol de Carvajal sea una noticia positiva?

Toni Mollà: Carvajal el de Vox? A la extrema derecha, ni agua! Solo celebraré los goles de Carvajal en propia puerta.

Joan-Carles Martí: Soy más del Valencia que de la selección. Aunque reconozco que en la Eurocopa de 2008 y el Mundial de 2010, entonces en la ‘Roja’ había muchos jugadores del VCF, un toque Guardiola, con perdón, y muy poco del Madrid, y era más fácil que ahora, con nadie de Mestalla. Por cierto, el fútbol español todavía le debe a Luis Aragonés un gran homenaje por dejar fuera a Raúl González en 2008.

¿Al menos en el siglo XXI la selección, con tanta diversidad territorial, ha difuminado su identificación social con el «madridismo sociológico»?

JCM: Cierto, pero todavía pesa mucho el madridismo mediático con sus fragantes contradicciones, esas que les hacen proteger más a Mbappé, Modric o Kroos, que a Yamal, Morata o Williams.

TM: Eso ya pasó en Francia, con los bleus de Zidane y compañía. Pero en el último mundial, las banlieues francesas iban con Marruecos. El Madrid y el PSG son clubs-estado que representan ciudades-estado: las más centralistas de nuestro entorno.

Hace años Nike sacó una publicidad ingeniosa. «1966 fue un gran año para los ingleses: Nació Eric Cantona». Es decir, en el año del único Mundial de Inglaterra, prevalecía el gran ídolo francés del Manchester United. Club antes que patria ¿Estáis de acuerdo?

JCM: ¡Siempre con Cantona!

TM: Cantona, descendiente de republicanos catalanes exiliados, es un ídolo absoluto, en efecto!

¿Entre noves glòries, se ha convertido cada Valencia-Madrid en el mayor instrumento simbólico contestatario contra el centralismo?

JCM: Ese carácter ‘ofrenador’ es muy pirotécnico, lo que hace que siempre el ‘poble de Mestalla’ llegue tarde a combatir el centralismo a todos los niveles, como demuestra, en el fútbol, su nula influencia en la Federación o LaLiga; o que los mismos que recibieron a Peter Lim hace diez años como si fuera un rey mago, ahora sean los que más pidan su salida.

TM: Ummmm … Eso dice Joan-Carles, espero que me invite al próximo Valencia-Madrid para verlo con mis ojos.

¿Qué enseña el fútbol y la discrepancia futbolística sobre la amistad?

JCM: La buena amistad se basa sobre desacuerdos sólidos y ahí el fútbol es infalible. Por eso, y tras discutir mucho sobre el aburrido fútbol horizontal instaurado por Guardiola, y yo defender el vertical, el auténtico, el de contrataque, llegamos a la conclusión importante: «que sempre perda el Madrid».

TM: El desacuerdo es la sal de la vida. Y, como decía Umberto Eco, la gran fuerza del cambio social positivo. La gestión del desacuerdo fortalece los mejores sentimientos y las energías creativas. En cuanto al estilo, yo como Guardiola, jugaría con 10 centrocampistas. En esto tampoco hay consenso.

¿En tiempos de crispación y demagogia política, es la militancia en un club de fútbol una buena escuela para saber convivir con la frustración?

TM: Sin duda. El fútbol es una metáfora de la vida, decía Sartre. Hay que aprender a ganar y a perder. Esto exactamente es la educación. Y el fútbol es un factor más!

JCM: Bien visto. En mi caso, las alegrías como son pocas son más celebradas. Siempre recuerdo lo que me dijo un buen amigo en Sevilla tras ganar al Barça de Messi: «Hui ha emergit una nova generació de valencianistes».

Paolo Sorrentino dijo en la Mostra que el fútbol es una expresión de espectáculo, como las fiestas y las misas ¿Dónde está la frontera entre el territorio lúdico y el del callado sufrimiento del hincha anónimo?

TM: En la sociedad del espectáculo, el binomio futbol y televisión es la única fuerza social que puede competir con las «majors» de la fe que son las religiones. Viva el fútbol!

JCM: Para seguir la metáfora de Sorrentino, la frontera es la misma que hay entre las fiestas patronales y los misioneros cristianos en Pakistán.

¿Ya se ha ganado la batalla de la mirada con superioridad moral de la progresía sobre el fútbol?

JCM: Ha costado mucho, pero se ha normalizado. Galeano, Vázquez Montalbán, Villoro, Marías o Ferran Torrent abrieron el camino, ‘Sobretot, que perda el Madrid’, además es un paso editorial en ese intento, gracias al editor de Vincle, Manolo Gil, que lo ha visto venir. Espero que se animen más autores y editoriales.

TM: Ya era hora, sí. Pero el pensamiento aristocrático de una cierta progresía todavía es una realidad a pesar de esta alineación de intelectuales futboleros que cita Joan-Carles. El fútbol, quieran algunas mentes o no, es una parte fundamental de la cultura popular.

Vuestro gran punto en común futbolístico, en la que coinciden muchas coordenadas emocionales y sentimentales, es el campo de Mestalla. ¿Qué importancia tiene en este fútbol moderno que el templo siga en pie?

TM: Cierto. Mestalla es el teatro de mis sueños infantiles. Como lo fue Vallejo, el primer templo de primera división que pisé.

JCM: Es básico. Cada día me aburre más el fútbol televisado, el moderno. He estado seis meses sin ir a Mestalla, y es uno de los pocos ‘monos’ que he tenido durante ese tiempo de ‘parada técnica’. No concibo como un futbolero de aquí puede ser de equipos donde no pueden verlos en directo casi nunca.

El poliamor futbolístic de Toni puede tener un camino de regreso con este Valencia tan repleto de canteranos, como cuando jugaban los hermanos Claramunt, Forment y Roberto Gil?

JCM: Aunque no lo reconozca, ese día está más cerca…

TM: Nunca se vuelve a tu juventud. Eso es un error nostálgico. Pero espero presenciar un Valencia-Barça sin proyectiles verbales en las gradas. n