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La afición del Valencia CF, pionera en la Liga en expulsar a un racista de su estadio

El apoyo de un grupo de socios del sector 5 de Mestalla para tirar a un abonado por su actitud xenófoba crea un precedente en el fútbol español

Una grada de Mestalla con la afición del Valencia CF.

Una grada de Mestalla con la afición del Valencia CF. / J.M. López / Ana Escobar

J.M. Bort

J.M. Bort

València

La expulsión del aficionado del sector 5 de Mestalla acusado de lanzar insultos racistas durante años no es solo la consecuencia de una denuncia ni de la reacción del Valencia CF. Es, sobre todo, la victoria de un grupo de valencianistas que ha decidido romper un muro de silencio. Lo que ha sucedido en Mestalla estos días es una demostración de que la lucha contra el odio no depende únicamente de las instituciones: nace, muchas veces, del propio tejido social que sostiene un estadio y un club de fútbol.

El detonante en este caso ha sido el de un aficionado y periodista que decidió denunciar lo que llevaba tiempo escuchándose partido tras partido: insultos racistas explícitos, humillantes y repetidos. Pero la fuerza del caso no procede únicamente de esa iniciativa individual. La verdadera dimensión de este episodio está en la respuesta del entorno inmediato: un grupo de abonados que, cansados de soportar durante años la inquina de ese aficionado, se ofrecieron a testificar sin reservas. Primero fueron cinco. Hoy son ya quince los que han dado el paso adelante. Una cifra que revela algo más profundo: que la convivencia en las gradas se había roto mucho antes de que la denuncia llegara a la Fiscalía.

Es la primera vez que los aficionados de un club de fútbol profesional en España señalan y expulsan a un racista desalmado de su grada. No hay precedentes documentados ni siquiera en los campos europeos ni, posiblemente, en el resto del mundo

A lo largo de la investigación periodística se desveló además que en 2022 otro abonado ya había advertido al club del odio de esta persona, documentando insultos como “mátalo a ese negro hijo de puta”, “negro de mierda” o “cháfale la cabeza como una sandía a ese sudaca de mierda”. Aquel aficionado también alertó, avisó y pidió ayuda, pero no obtuvo una respuesta eficaz y terminó cambiando de localidad junto a su hijo pequeño, exhausto y desprotegido. Aquella primera voz, que hace dos años clamó en el desierto, fue el preámbulo de una historia que representa el triunfo el civismo y la tolerancia. De los valores del deporte y de la convivencia. Es la historia de un grupo de valencianistas que han dicho “hasta aquí”. Es la primera vez que los aficionados de un club de fútbol profesional en España señalan y expulsan a un racista desalmado de su grada. No hay precedentes documentados ni siquiera en los campos europeos ni, posiblemente, en el resto del mundo.

Una afición ejemplar

La reacción colectiva ha cambiado el desenlace. La denuncia ha llegado a la Fiscalía de Delitos de Odio, LaLiga ha pedido personarse en caso de que prospere y el Valencia CF ha expulsado preventivamente al aficionado, al que se le ha notificado la apertura de un expediente y la prohibición de acceder al estadio.

Pero todo esto (la intervención de las instituciones, la apertura del expediente, la futura decisión judicial) es consecuencia directa de algo más valioso: la responsabilidad cívica de un grupo de socios que, sin cámaras, sin focos y sin titulares, ha demostrado que el valencianismo es ejemplar cuando se une en lo esencial.

Gradas de Mestalla, en el minuto de silencio del Valencia CF-Getafe.

Gradas de Mestalla, en el minuto de silencio del Valencia CF-Getafe. / Francisco Calabuig / Ana Escobar

La revolución del sector 5 no ha sido ruidosa. No ha habido pancartas ni protestas. Ha sido una revolución ética, íntima y contundente: la de personas anónimas que han decidido que Mestalla no puede ser un espacio donde el racismo pase desapercibido, donde la costumbre normalice lo intolerable.

En un momento en el que el fútbol convive con demasiados episodios de odio, lo ocurrido en el sector 5 es algo extraordinario: un estadio que se depura a sí mismo gracias a su propia gente. Un ejemplo de cómo una afición puede proteger su casa, dignificar su club y marcar el límite que las instituciones, a veces, tardan demasiado en fijar.

Puesto de banderas y bufandas del Valencia CF en las puertas de Mestalla.

Puesto de banderas y bufandas del Valencia CF en las puertas de Mestalla. / Francisco Calabuig / Ana Escobar

El valencianismo siempre se ha definido por su pasión. Hoy, también puede definirse por su coraje moral. Porque un racista no ha sido expulsado solo por el Valencia CF. Lo ha expulsado el pueblo de Mestalla. Qué tomen nota desde Madrid. Y desde Brasil, donde el Cristo Redentor nos debe una disculpa. Quienes lo han hecho posible son los aficionados que han dicho basta.

La respuesta no tiene que sorprender a nadie. Viene de una sociedad moldeada por siglos de mezcla, comercio, acogida y convivencia. Un pueblo mediterráneo, el nuestro, que sabe que su identidad no se defiende levantando muros, sino abriendo ventanas.

Por eso esta reacción colectiva importa. Porque demuestra que en Mestalla no caben quienes convierten la diferencia en odio. Qué quede claro que en esta grada caben muchas voces, muchos orígenes, muchas pieles, pero no la humillación ni el desprecio.

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