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“La 'senyera' es aceptada en las matinales vallecanas”

Daniel Solsona, autor del gol de la victoria del Valencia en Vallecas en la temporada 78-79. La foto corresponde al primer partido de Liga de esa temporada, disputado en el Santiago Bernabéu. / Bernat Navarro Porter

Un mes después de su agitado estreno en el Santiago Bernabéu, el Valencia volvió a lucir la camiseta con los colores de la “senyera” en su visita a Vallecas. Por segunda vez, utilizaba unos colores que habían desatado una reacción hostil en el feudo del Real Madrid el día de su puesta de largo. En Vallecas, por el contrario, los aficionados locales tuvieron un comportamiento impecable y no exteriorizaron ninguna protesta por esta razón. Normalidad y respeto. La misma ciudad, dos escenarios completamente diferentes.
No se trataba de un partido cualquiera. El Rayo Vallecano se estrenaba en primera división esa temporada, la 77-78, y los de Mestalla debutaban en un campo en el que nunca habían actuado. No hacía mucho, se había producido un triple enfrentamiento consecutivo en la Copa. El Valencia se cruzó con el conjunto de la banda diagonal roja en la temporada 72-73 y en las dos siguientes. Una coincidencia sorprendente. Todas las eliminatorias fueron resueltas favorablemente por los valencianistas sin apuros. En aquellos años, los vallecanos no disponían de campo, y jugaban alquilados en el estadio Vallehermoso, una instalación más apropiada para la práctica del atletismo.

Crónica del partido publicada el 19 de diciembre en Levante-EMV / Levante-EMV
Con Marcel Domingo en el banquillo, el Valencia se presentó en Vallecas por primera vez en Liga la fría mañana del domingo 11 de diciembre de 1977. A esas alturas del campeonato, el desplazamiento se antojaba una prueba insuperable para un equipo que no conocía la victoria como visitante. Salvo dos empates, en Santander y Gijón, el resto de salidas se había saldado con derrota. Por el contrario, los de Vallecas se mostraban intratables en casa donde habían ganado hasta el momento todos los partidos salvo una igualada con la UD Las Palmas. Equipos que habían precedido a los de Mestalla, como el Real Madrid, Athletic, o Sevilla, ya habían mordido el polvo de la derrota.
Al Valencia tampoco le fue bien porque sufrió un contundente varapalo. Triunfo local por 3-0. Al descanso, la diferencia era mínima. No hubo reacción visitante en la reanudación y cayeron dos goles más en la portería defendida por Manzanedo. Ni la entrada de Valdez por Castellanos para disponer de mayor presencia ofensiva cambió la decoración del partido. Con Mario Kempes como principal baza, los visitantes fueron incapaces de dar la réplica adecuada a un rival entrenado por el uruguayo Héctor Núñez, ídolo del valencianismo a principio de los años sesenta.
En las gradas de Vallecas se reunió aquella mañana una afición entusiasta y bullanguera, público de bota de vino y bocadillo de tortilla o embutido que se lo pasó en grande con un nuevo triunfo de su equipo ante un rival histórico. Los aficionados, procedentes de un barrio obrero que simpatizaba con partidos de izquierda y que había celebrado medio año antes la legalización del Partido Comunista, no podían creer que su equipo despachara cada domingo con autoridad a equipos mucho más poderosos. Ahí nació la leyenda del “Matagigantes”. El fútbol español asistía asombrado a las gestas de un recién llegado. En sucesivas jornadas, cayeron el Barcelona, la Real Sociedad, el Betis y el Atlético de Madrid. La ley de Vallecas.
Algunos analistas crearon una teoría para justificar el fenómeno. Se atribuía la razón a la singularidad del horario de sus partidos, programados a las 12 del mediodía, que afectaba al rendimiento de los visitantes desacostumbrados a jugar a esa hora. Aquella tradición jugaba a su favor. El resto de clubes solía celebrar sus encuentros por la tarde, o como en el caso del Valencia, con horario nocturno en numerosas ocasiones. El caso es que cuando el Rayo visitó Mestalla a finales de abril, el encuentro se disputó a las 10’30 de la noche del sábado. Los valencianistas se desmelenaron, en especial Kempes, autor de 4 de los 7 goles que se llevó el conjunto de Vallecas. La mayor goleada sufrida esa temporada, y la segunda más amplia de toda su historia en primera división.
Un año después, en fechas parecidas, domingo 17 de diciembre de 1978, el Valencia logró el triunfo en el campo del Rayo Vallecano gracias al solitario gol de Daniel Solsona. El partido tuvo un desenlace de lo más emocionante. El Rayo falló un penalti a falta de 10 minutos para la conclusión. Poco después, el centrocampista catalán batió la portería vallecana con un lanzamiento desde el centro del campo que pilló adelantado al portero local. Un gol antológico que hacía justicia a los méritos valencianistas, porque con anterioridad, Felman había enviado el balón al poste, y Solsona al travesaño.
El colegiado Guruceta Muro animó el encuentro, disputado sobre un patatal, al mostrar la cartulina roja al local Anero por agresión a Cordero. Aquella fue la primera victoria del Valencia como visitante en el ejercicio 78-79, que empezó y acabó contra el Real Madrid y con el protagonismo de los colores de la “senyera”. De la primera jornada liguera en el Bernabéu, a la inolvidable final copera conquistada en el Calderón que bajó el telón.
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