Cuando una foto cambió la historia de un Maratón que había tocado fondo
El Maratón de València, que en 2009 reunía a menos de tres mil corredores, resurgió gracias a una revisión que incluyó cambios en fechas, ubicación y patrocinadores

La imagen que cambió la historia del maratón: salida en la edición de 2011 / RLV

El Maratón de València está considerado, por méritos propios, como una de las mayores y mejores manifestaciones deportivas que se celebran en España. Y si se habla de deporte popular, más aún. Para muchos es el "séptimo Major" y las cifras de asistencia ya cerradas y confirmadas para la edición de este domingo hablan y confirman que es un acontecimiento de primer nivel.
Pero todo tiene un inicio y no necesariamente el de la primera edición, aquella de 1981 bajo la denominación de maratón popular, inaugurada exactamente el mismo día y año que el Maratón de Londres. La carrera actual, tal como la entendemos, es fruto de una revisión general, de la máxima de que un paso atrás puede ser el preludio de un gran salto adelante, de una reflexión y de una imagen gráfica. Todo ello, en el tránsito entre la primera y la segunda década del presente siglo.
Y es que no hace tanto tiempo, en 2009, el Maratón había tocado fondo. Aquella edición reunía a menos de tres mil corredores: 2765 llegaron a meta, con una presencia femenina ínfima. Los ganadores, Andrés Micó y Maxine McKinnon, eran dos buenos corredores populares, habituales y exitosos en las carreras de la Comunitat Valenciana y algo más allá. El atleta de Villena y la británica afincada en Murla fueron los mejores, pero con unos tiempos alejados de una prueba de un nivel exigente: 2:26:57 y 2:50:46. Con la paradoja de que esa anodina, casi decrépita, edición -con meta en La Marina- llegaba cuando el interés por la carrera popular empezaba a crecer exponencialmente, con cuatro años de circuito de la ciudad mejorando número de participantes de forma imparable. Dicho de otra forma, cuando correr estaba de moda como nunca, superando el "running" a otras épocas de auge, llamáranse "footing" o "jogging".
Al Maratón de València le salían alternativas en otras ciudades y amenazaba con convertirse en un acontecimiento menor o muy menor, acomodado, pero con la factura de caotizar la ciudad durante una jornada. Hubo que vencer resistencias hacer ver y entender que la carrera tenía que cambiar y que se había llegado a un camino de no retorno.

Crónica del Maratón de 2009, con una participación de menos de 3.000 corredores / RLV

Salida del maratón de 2009 / RLV
Movimientos cruciales
Tres movimientos se produjeron a lo largo de los siguientes años. El primero partió del propio Ayuntamiento. Se estaba en ese momento en plena redacción del Plan Estratégico del Deporte en la ciudad de València. El equipo, en el que estaban el concejal Cristóbal Grau -ahora asesor municipal- y el gerente de la Fundación Deportiva Municipal Luis Cervera -hoy director general de deportes-, sin olvidar a otras personas importantes en el proceso como María Angeles Vidal -hoy gerente de la FDM- partieron de la base de que la sociedad reclamaba nuevos fondos y formas. Y que el maratón, creado por la Sociedad Deportiva Correcaminos, era, al abrigo de las tendencias imperantes, un escaparate ideal para la ciudad, con todas las posibilidades intactas y con una oferta deportiva de primer orden, avalado por una ciudad donde correr a gran velocidad es más que factible por su orografía casi plana. Y era un evento, además, mucho más sostenible, en un tiempo de grandes eventos que se intuían, como así fueron, un carrusel de despilfarro.
Al siguiente año ya se había empezado a rediseñar lo que tenía que venir. El Ayuntamiento hizo una aportación económica suplementaria, Kelme entró como patrocinador y el resultado fue mucho mejor en lo deportivo (los 2:09:45 de David Njagi -volvían por fin los africanos- fueron récord de la prueba) que en lo social, donde la participación se mantuvo en los tres mil.
Fue en 2011 cuando llegaron los grandes cambios que se perseguían. Por una parte, el de las fechas: la carrera pasaba de febrero a finales de noviembre. Por otra, el cambio de ubicación de la salida y la llegada, incorporando el entorno de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. A esto se sumó, junto a la organización de Correcaminos y la gestión de Talentum, la entrada de Divina Pastora Seguros que, dentro de un acuerdo global de actos en la ciudad, se sumó al maratón, pero con una sutileza: incorporar a la carrera otra prueba paralela, dentro de su particular circuito nacional: una 10K, que multiplicaría exponencialmente los asistentes.
Y súmese a estos factores un hecho casual, pero vital: la imagen. La del Puente de Monteolivete, con sus dos carriles llenos de una marea humana de corredores, saliendo simultáneamente.
Esa imagen se considera ahora, con la perspectiva del tiempo, que todo era posible. Ya no era la foto cenital extraordinaria de la Volta a Peu, que es una carrera familiar. Aquí era reunir a más de diez mil personas: seis mil maratonianos y a 4.500 populares de 10K.
Y si emblemática era la foto de la salida, no menos lo fue la de la llegada, en la que esos diez mil corredores disfrutaron de un paseo enmoquetado, caminando sobre el agua del estanque del Museu de les Ciències.
Pero había más: una cosa era la estética y otra el resultado. Que no pudo ser más apabullante. Los diez mejores clasificados, tanto masculinos como femeninos, mejoraron su marca personal. El ganador, Isaiah Kosgei, mordía casi dos minutos a la marca de Njagi.
Levante-EMV escribía en su crónica del día siguiente que "València quería entrar en el mercado mundial del maratón y lo ha conseguido sobradamente", con apasionados testimonios como los atletas que juraban que, en la salida, "el suelo del puente retumbaba".

Anuncio de la entrada de la Fundación Trinidad Alfonso al patrocinio / RLV
Y aún quedaba una pieza para rematar el edificio actual. Y no fue estrategia de un equipo de marketing, sino una percepción personal: la de Juan Roig, quien visualizó en esa riada humana de sudorosos corredores muchas de sus particulares filosofías. Medio año después anunciaba su entrada como copatrocinador. Ese año ya entraría la leyenda "Cultura del Esfuerzo" y Félix Kipkemboi Keny, con 2:07.14, firmaba el maratón más rápido jamás corrido en España.
La historia siguiente es conocida: la Fundación Trinidad Alfonso se hizo cargo de organización, gestión y naming y, con el paso de los años, ha acabado por ser la prueba que es ahora, sumando etiquetas de prestigio internacional y siendo el acontecimiento deportivo del año. Aunque haya que clausurar la ciudad el domingo por la mañana.

Andrés Micó y Maxine MkKinnon entran ganadores en la edición de 2009 / RLV
Diecisiete años después
Andrés Micó "el vaquero de Villena" sigue corriendo y ganando pruebas. Y quien quiera disfrutar de una San Silvestre que no olvidará nunca -en lo bueno y en lo terrible, que es lo mismo- puede apuntarse a la que ha diseñado en su pueblo, con unas subidas "imposibles" al castillo, de muros verticales que queman pero que hacen disfrutar a todo aquel que se calce zapatillas.
Maxine McKinnon "la inglesa de Murla", fue una atleta muy tardía, que empezó a correr con cuarenta años y se convirtió en un portento deportivo. Tras ganarlo todo con la carrera a pie probó y se encaramó a la élite mundial de su grupo de edad no ya en el triatlón, sino en el Ironman. Desgraciadamente, una enfermedad fulminante acabó con su vida en 2020.
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