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A Contratiempo

El Valencia está en colapso total

La plantilla carece de prestaciones suficientes, ha empeorado respecto a la del ejercicio anterior, y ha entrado en caída libre. Una deriva peligrosa, agravada por los fallos garrafales cometidos en momentos clave

Carlos Corberán durante un partido con el Valencia CF esta temporada

Carlos Corberán durante un partido con el Valencia CF esta temporada / Juanjo Martín/EFE

Paco Lloret

Paco Lloret

València

Síntomas alarmantes. El valencianismo empezó el año nuevo de la peor forma posible. La goleada sufrida en Balaídos certificó la cruda realidad que algunos se negaron a admitir en verano, cuando prefirieron engañarse con los señuelos lanzados desde el Club, y fiarse de las apariencias. La plantilla carece de prestaciones suficientes, ha empeorado respecto a la del ejercicio anterior, y ha entrado en caída libre. Una deriva peligrosa, agravada por los fallos garrafales cometidos en momentos clave. Todo lo que podía ir mal en Vigo, salió peor. El equipo acabó siendo una caricatura, un guiñapo roto en manos de un rival que, consciente de su aplastante superioridad, optó por no hacer más sangre. Todo un detalle. El mismo cuadro patético que vimos meses atrás en el Bernabéu al descanso. Así de frágil es este Valencia, que acumula ya tres varapalos lejos de Mestalla, se viene abajo a las primeras de cambio y carece de respuesta. Los números son pésimos, la trayectoria fuera de casa en la primera vuelta refleja unas deficiencias gravísimas. El panorama es para ponerse a temblar.

Un entrenador cuestionado. El sábado pasado se cumplió un año del debut de Carlos Corberán en el banquillo de Mestalla. No fue una efeméride para celebraciones. En su día aterrizó como un desconocido, una incógnita que debía resolver una situación desesperada. Su impecable labor obró una recuperación milagrosa. Aquel fue un éxito inesperado que superó todas las previsiones. Sin embargo, el presente condena a Corberán, lo sitúa, a ojos de una mayoría, como el principal responsable del actual desaguisado. La inexorable ley de toda la vida que señala al banquillo en procesos de crisis. Corberán está respaldado por Lim, al menos de momento, y es carne y uña con Guerlay; cuenta, por tanto, con esa ventaja respecto a anteriores entrenadores. Por primera vez desde su llegada, el técnico de Cheste le ve las orejas al lobo, consciente de su impopularidad, y de la magnitud del drama en el que se encuentra inmerso. Corberán tiene que rescatar a su equipo del estado de shock en el que se halla, aplicarse para enderezar el rumbo, y dar con la fórmula adecuada que invierta la tendencia que conduce al abismo.

La incómoda verdad. De la caótica situación de la entidad sobresale una imagen, a la que han recurrido la mayoría de medios audiovisuales para ilustrar el sentir del valencianismo en estos momentos tan deprimentes. Un centenar de aficionados radicales se presentaron en el aeropuerto para dar la bienvenida a la expedición tras el ridículo protagonizado. Nada nuevo, por otra parte. Ya lo hemos visto con anterioridad. La indignación está más que justificada, sobran las razones. Sin embargo, los jóvenes integrantes de la Curva deberían ir más allá en sus protestas y preguntarse por las verdaderas razones del hundimiento del Valencia, que dura demasiado tiempo y que se repite cada temporada con independencia de la figura del entrenador y de los integrantes de la plantilla. Es un recurso facilón llamar mercenarios a los jugadores, cuando por encima de ellos, existe una manifiesta responsabilidad de quienes han decidido deliberadamente condenar al Club a la irrelevancia más absoluta. Las reacciones estereotipadas y los cánticos al uso de la grada ya nos los sabemos de memoria. La valentía se demuestra dirigiendo su disconformidad hacia los verdaderos autores de esta infamia, que no son, precisamente, los que juegan, son aquellos que ocupan el palco y los despachos.

Refuerzos. Se abre el mercado de invierno y el Valencia concurre, una vez más, apurado por las urgencias y en la línea habitual de mínima inversión. Probablemente, del acierto en los movimientos dependerá, en parte, la capacidad de reacción en la segunda vuelta del torneo. Las necesidades son perentorias para un equipo que encaja muchos goles y al que le cuesta una eternidad batir la puerta adversaria. Solo hay que mirar la clasificación y repasar las estadísticas para asumir en toda su dimensión el paupérrimo rendimiento ofrecido. No se trata de cerrar fichajes sino de conseguir refuerzos. Un matiz fundamental para entender la prioridad de mejorar la plantilla. Del accionista mayoritario no se puede esperar nada bueno. Lim tiene otras preocupaciones, así que habrá apañarse con la inversión disponible, para encontrar las piezas adecuadas sin margen de error.

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