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Historias de la Copa, un Valencia con dos caras

El Valencia celebra la Copa del Rey sobre el césped del Villamarín

El Valencia celebra la Copa del Rey sobre el césped del Villamarín / Efe

Paco Lloret

Paco Lloret

El valencianismo se agarra a la Copa del Rey como un naufrago a una tabla de salvación. La leyenda del equipo “bronco y copero”, forjada en los años 40, cuando el Valencia alcanzó cinco finales, tres de ellas consecutivas, ha desafiado el paso del tiempo y se mantiene vigente, pese a la galopante desintegración de la entidad. Siempre nos quedará la Copa. Mestalla suspira por sentir las emociones que depara un torneo único. La Copa se presenta como la gran esperanza, la única, para una afición consciente de la cruda realidad. Soñar es gratis.

La trayectoria reciente en el torneo del K.O. ofrece un dato relevante: el Valencia se ha especializado en eliminar a rivales de inferior categoría. Desde la campaña 2004-05, la del regreso de Claudio Ranieri tras el trienio de Rafa Benítez, cuando quedó apeado por la U.E. Lleida a partido único, no ha vuelto a ser eliminado por un equipo de inferior categoría. A partir de aquel ejercicio, ha superado todos los cruces coperos contra conjuntos que no militaban en primera.

El registro tiene un mérito indudable y ha establecido un precedente en el fútbol español: 34 rivales eliminados, así como el de las eliminatorias resueltas fuera de casa, un total de 17 seguidas. Algunas voces devaluaron su importancia en 2022, cuando los de Mestalla llegaron a su última final tras apear al Utrillas, Arenteiro, Cartagena, y Atlético Baleares a partido único lejos de casa. Después se vieron las caras con dos rivales de primera: el Cádiz, a partido único en Mestalla, y la vibrante semifinal contra el Athletic a ida y vuelta.

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Hildebrand celebra la Copa del Rey ante el Getafe / L-EMV

La Copa de Koeman

La gran contradicción se produjo a principios del presente siglo, cuando el Valencia imponía su autoridad en la Liga y en competiciones continentales, mientras sufría descalabros coperos que sembraban el desconcierto. Los precedentes de Guadix en 2001, y el de Alicante dos años después, así lo demuestran. Probablemente, aquel equipo no sabía competir en estos escenarios, no se encontraba a gusto y prefería sacar todo su potencial cuando visitaba Old Trafford, San Siro, o Anfield. Poco después, en 2008, el año convulso de la Copa de Koeman, a la vez que daba tumbos en la Liga y jugaba peligrosamente con fuego, eliminaba a rivales como el Betis, Atlético, y Barcelona, antes de coronarse campeón contra el Getafe.

La otra cara de esta realidad desnuda al Valencia. En los últimos años ha mostrado una acusada incapacidad para superar a oponentes de su misma categoría, con los que ha caído a las primeras de cambio, y para mayor decepción, en Mestalla. A la traumática goleada sufrida contra el Barça en la pasada campaña, justificada por las circunstancias que obligaban a centrarse en la Liga, se añaden otras recientes, como las protagonizadas contra el Celta en la temporada 23- 24, y un año antes, con Gattuso en el banquillo, frente al Athletic. Sendos varapalos con idéntico marcador final: 1-3 para los visitantes a los que no les afectó jugarse el pase de ronda en el feudo valencianista.

Coquilin arrebata el balón a Messi en la final de Copa del Villamarín

Coquelin arrebata el balón a Messi en la final de Copa del Villamarín / EFE

A Peter Lim nunca le ha gustado la Copa. De hecho, ordenó que se renunciara a disputar el torneo en 2019. Marcelino y la plantilla no le hicieron caso y el Valencia conquistó el torneo en una noche de ensueño. La mejor culminación posible del Centenario. El entrenador asturiano pagó cara su desobediencia poco después, ni siquiera paliada por la clasificación para la Liga de Campeones. En la campaña 2014-15, la primera del singapurés, y con Nuno en el banquillo, el portugués siguió al pie de la letra las instrucciones del accionista mayoritario: tiró el torneo pese a que el camino se antojaba sencillo para alcanzar la final. El RCD Espanyol se llevó la clasificación gracias a la nula combatividad demostrada en el partido de vuelta celebrado en Cornellà.

Singularidades

La historia del Valencia en la Copa presenta algunas singularidades. Sin duda, destaca poderosamente la de haber llegado a tres finales consecutivas, en dos etapas diferentes. Sendas trilogías, entre el 44 y el 46, en el primer caso; y entre el 70 y el 72, en el segundo; sin poder obtener ningún título. Un hecho único en el fútbol europeo. A la vez, conviene resaltar su capacidad para vencer en eliminatorias, por entonces a doble partido y frente a rivales de máxima entidad en la mayoría de ocasiones. A principio de los años 70, el Valencia superó 12 eliminatorias consecutivas. La racha se quebró en 1973, cuando el CD Castelló dejó fuera de combate a los de Mestalla gracias a su triunfo en la prórroga del encuentro de vuelta por 0-1.

Entre 1962 y 1970, los valencianistas alcanzaron en 5 ocasiones las semifinales, para adjudicarse el título en 1967. Curiosamente, en los tres primeros casos, se disputaron al mismo tiempo que las de la Copa de Ferias, en los meses de junio del 62 al 64. Mientras en el torneo europeo se superaron todas con éxito, no sucedió lo mismo en la copa doméstica.

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