A Contratiempo
Mestalla recupera sensaciones olvidadas
Los desenlaces locos encandilan a la parroquia valencianista. El sábado se vivió un final apoteósico, muy del gusto de los aficionados, con un gol en el tiempo añadido ante un rival ambicioso que fue a por todas

Ramazani celebra su gol contra el Espanyol ante una afición eufórica. / EFE/Ana Escobar

Un partido loco. Estos desenlaces encandilan a la parroquia de Mestalla. Se viven con frenesí. Ida y vuelta, incertidumbre al máximo. La acústica del campo ayuda a ganar en resonancia y a que se disparen las revoluciones. Final apoteósico, muy del gusto de los aficionados, con un gol en el tiempo añadido ante un rival ambicioso que fue a por todas. Las dos ventajas valencianistas se habían esfumado, y el duelo apuntaba al enésimo empate entre ambos contendientes, que hubiera sido el séptimo consecutivo, de los cuales cuatro con el guarismo que reflejaba el marcador en el minuto 90: 2-2, una curiosa racha de equilibrio sin precedentes estadísticos. La caprichosa grandeza del fútbol sirvió la alegría a última hora en forma de penalti. Antes, el Valencia había jugado una primera parte más que aceptable, evidenciando solidez colectiva y un plan que funcionó en todas sus líneas, con la recompensa del excelente gol de Hugo Duro. Sin embargo, en la segunda mitad, el choque entró en una dinámica diferente. Los pericos movieron el banquillo y se notó. El Valencia aguantó el chaparrón y replicó siempre que pudo. No era fácil, el Espanyol se presentó como el quinto mejor visitante del campeonato. El triunfo tiene mucho mérito.
Otra muesca polémica. Puestos a recordar, podríamos viajar en el tiempo hasta la actuación de Medina Cantalejo en 2002, cuando el Valencia se jugaba la Liga en Mestalla ante los blanquiazules, y a la media hora estaba perdiendo por un penalti y con diez. Aquella fue la noche memorable de Baraja y la de un equipo que, pese la inferioridad numérica, se rebeló contra tanta adversidad. La historia reciente de los Valencia-Espanyol está salpicada de episodios arbitrales polémicos. En Barcelona no han superado el trauma provocado por el duelo agónico de Mestalla en 2023, con el imprevisible Gil Manzano, que sentenció su descenso. Se entiende perfectamente la frustración. La memoria, siempre selectiva, impide recuperar otros lances favorables. Sin ir más lejos, esta temporada, en Cornellà, al Valencia se le fue el partido por una falta inexistente señalada en contra en el minuto 96. Ese día, Guzmán Mansilla se cubrió de gloria con una actuación caserísima. El pasado ejercicio, el Valencia se vio perjudicado en otro lance determinante que le costó el gol de los periquitos en casa. Hasta el Comité de Competición, a tenor de las imágenes, le retiró posteriormente la amonestación a Almeida, fruto de la miopía del colegiado.
Más vale tarde que nunca. Las alegres cigarras de Meriton confiaron este verano en la composición de una plantilla que ha hecho aguas en la primera vuelta del campeonato. No sonó la flauta como esperaban. A tenor de preocupante situación y de las evidentes lagunas, se han visto obligados a recomponer el plantel en la convocatoria de invierno. La llegada de Sadiq, y ahora las de Unai Núñez y sobre todo, la de Guido Rodríguez, confirman que la planificación inicial de la temporada había sido desastrosa. Todos los disgustos sufridos por el valencianismo se podrían haber evitado si se hubiera actuado en su momento con la diligencia debida. Pero los irresponsables que gestionan la entidad solo reaccionan ante el peligro inminente y los hechos consumados. Los refuerzos han llegado a finales de enero y pueden contribuir a la recuperación de un club desfigurado por la angustia clasificatoria. El Valencia tiene tiempo por delante para revertir una situación inapropiada y ofrecer alegrías sus sufridos incondicionales.
Nombres propios. El Valencia no había conseguido ninguna victoria en Liga hasta la fecha si no mantenía su portería a cero. La obtenida ante el RCD Espanyol ha sido la primera. Por segunda vez en este ejercicio ha sido capaz de marcar 3 goles, el único precedente ocurrió en agosto, con los termómetros marcando 30 grados. En el colmo de la dicha, suma dos triunfos consecutivos en Liga, y si ampliamos la mirada son tres con la victoria copera en Burgos, además de otras tantas jornadas ligueras sin perder. La presencia de Dimietrevski en la portería ha sido una constante en todos estos partidos. Por encima de las casualidades y las coincidencias, resulta innegable que el guardameta macedonio aporta un saber estar más que necesario en escenarios de máximo riesgo. Cömert jugó, con diferencia, el mejor partido desde que llegó a Mestalla, culminado con un excelente gol. El suizo tuvo que trabajar a destajo y se aplicó en varias acciones determinantes. Lucas Beltrán aún no ha marcado un gol en Mestalla, pero el sábado sirvió el primero en bandeja y fabricó el penalti que proporcionó el triunfo. El argentino trabaja a destajo y ofrece una entrega ejemplar.
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