A contratiempo
Penalti fallado, derrota segura
Entre la frustración liguera, la esperanza copera y los episodios que trascienden lo deportivo, el valencianismo vive días de emociones encontradas. El miércoles nos espera un duelo con aroma clásico

Gayà y Cömert se lamentan del gol encajado en los últimos minutos / Jose Manuel Vidal

Oportunidad perdida. La derrota en Sevilla deja un halo de frustración en el ambiente. Se rompe la línea de recuperación de las últimas semanas. Paso atrás cuando la coyuntura permitía dar un salto importante en la clasificación que se ha desaprovechado. No es la primera vez que sucede. Un partido que se empieza ganando y en el que, por momentos, se supera a un rival mermado, termina de la peor manera posible. El tercer penalti errado, como ante el Oviedo, y el Celta, desemboca en un resultado negativo. Los méritos contraídos y el dominio territorial exhibidos en La Cartuja no se traducen en puntos. La imagen ha mejorado, pero la capacidad resolutiva, ni por asomo. Cuando el partido llegó a su momento decisivo, a falta de un cuarto de hora para la conclusión, el Valencia fue incapaz de imponerse. El Betis estaba exhausto y acabó llevándose el triunfo. Se nota la diferencia con los equipos que, como los verdiblancos, están arriba y juegan en Europa, porque disponen de un sexto sentido para sacar adelante los partidos y están acostumbrados a la alta competición.
La Copa espera. Un duelo de aroma clásico aguarda el miércoles en Mestalla. La Copa contra el Athletic, evoca tiempos legendarios entre dos clubes que ganaron justa fama con sus vibrantes enfrentamientos en este torneo. El Valencia fue capaz de disputar 7 finales en 14 años, entre 1941 y 1954. Ningún otro club, salvo el bilbaíno, pudo igualar un registro tan imponente. Al margen del eco lejano de aquellos duelos, esta eliminatoria brinda la posibilidad de recuperar el protagonismo a un club desaparecido de los grandes escenarios y reverdecer los recuerdos de las noches mágicas, algo que el valencianismo añora, ahora más que nunca, en estos tiempos de penuria. El presente ofrece a los valencianistas la posibilidad de competir en otros parámetros, tan diferentes a los habituales de la parte baja de la Liga. Por un día, la afición se olvidará de sus miserias y podrá disfrutar del ritmo vertiginoso y sugerente de un encuentro a vida o muerte.
Vinicius se lo pierde. Se veía venir. No había que ser un lince para intuir que Vinicius fallaría a la cita de Mestalla gracias a la quinta tarjeta que buscó desesperadamente ayer en el Bernabéu. Su comportamiento alterado y frenético, como casi siempre, desembocó en la inevitable amonestación. Su ausencia le quita morbo a un partido siempre subido de revoluciones. Dos veces expulsado en anteriores visitas, el brasileño ha preferido evitarse volver al lugar de los hechos. Su actitud provocativa y retadora contribuían a aumentar la tensión, e incluso a perjudicar más a su equipo. Se deduce que en Madrid lo tenían claro. Una vez Netflix cumplió con la emisión del bodrio de documental en el que, descaradamente, manipuló los audios para sostener una falacia de enorme gravedad, el jugador entendía que era mejor quedarse en casa. No se le echará de menos.
La excepción y la anomalía. El Roig Arena abrió sus puertas en exclusiva para los abonados del Valencia Basket el pasado jueves ante la visita del Maccabi. Hasta ahora, ningún club español había podido permitir el acceso de sus aficionados en los partidos contra equipos de Israel por imperativos de seguridad. La excepción fue el fruto de un acertado trabajo de despachos por parte de los responsables del conjunto "taronja". El comportamiento del público fue impecable y por añadidura, el triunfo se quedó en casa. Un escenario que contrasta con los insultos y las provocaciones constantes recibidos cuando este partido se jugó en la cancha de Tel Aviv. La enorme diferencia de civismo exhibida en uno y en otro país deja bien a las claras que la indeseable presencia de equipos de Israel responde a intereses ocultos y desafía los principios de cualquier competición deportiva que se precie. El fin de semana nos ha dejado nuevas atrocidades cometidas por el ejército de un país que no cesa en el Genocidio contra los palestinos. Niños asesinados que no conmueven a quienes deberían dar un paso al frente si tuvieran un mínimo de decencia. La Euroliga prefiere mirar hacia otro lado, lo que no impide su complicidad con la barbarie.
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