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Valencia-Madrid: partidos tensos, marcadores ajustados

Claramunt y Velázquez se retiran a la conclusión de un duelo entre el Valencia y el Real Madrid celebrado en Mestalla.

Claramunt y Velázquez se retiran a la conclusión de un duelo entre el Valencia y el Real Madrid celebrado en Mestalla. / Bernat Navarro Porter

Paco Lloret

Paco Lloret

Los duelos entre el Valencia y el Real Madrid en Mestalla, desde mitad de los años 60 hasta principios de la década siguiente, respondían a un mismo patrón: se libraban al máximo de revoluciones. Poco fútbol de cara a la galería y mucha adrenalina. La exquisitez dejaba paso a la disputa. Partidos bravos, de pierna fuerte. Se luchaba mucho, se marcaban pocos goles. No había televisión. Se programaban los domingos por la tarde a primera hora, las 16´30 h.

El club, presidido por Julio de Miguel y dirigido por Vicente Peris, no dejaba pasar la ocasión para obtener la mejor recaudación del año al declarar el partido como jornada económica. Los socios debían sacarse la correspondiente entrada. Esta norma se fijaba un par de veces dentro del año natural bajo el lema de “Día del Club” o “Día pro Secciones Deportivas”. La respuesta estaba asegurada. Los “reventas” hacían su agosto. Llenazos hasta la bandera. Ambiente eléctrico en la grada.

Entre la campaña 64-65 y la 70-71, ambos equipos se midieron siete veces en Mestalla en la Liga. El Valencia se impuso en 4, el Madrid, solamente en una. Se registraron un par de empates, en los dos casos, sin goles. Uno de los datos más reveladores es que los madridistas no marcaron ningún gol a lo largo de ese período; el único triunfo visitante llegó gracias a un gol de Jesús Martínez en su propia portería. Sucedió en el último minuto del encuentro correspondiente a la temporada 68-69, cuando una nueva igualada sin goles parecía inamovible. El mejor resultado para los anfitriones fue el vibrante triunfo por 3-0 de la temporada 65-66, con una actuación memorable del conjunto dirigido por Sabino Barinaga, y goles de Sánchez Lage de penalti en el primer tiempo, Guillot, y Waldo, en la reanudación.

Ese marcador supone una excepción por su rotundidad. Aquel partido se celebró a finales de septiembre, en la cuarta jornada del campeonato. Los valencianistas protagonizaron un extraordinario arranque en el torneo, aunque se vinieron abajo en la segunda vuelta. Los madridistas, ya sin Di Stéfano en sus filas, solían sufrir en sus desplazamientos en Mestalla, tal y como confesaron en una animada tertulia Miguel Muñoz-su entrenador por entonces- y Velázquez, un interior de gran clase y depurada técnica. Las citas a orillas del Turia las tenían marcadas como de máxima dificultad. Así lo refrendan las estadísticas de la época.

Ansola y Betancort

El Valencia se anotó sendos triunfos por la mínima de forma consecutiva en las temporadas 69-70 y en la 70-71. Un solitario gol decantó la balanza en ambos casos. En el primero, el tanto del triunfo se consiguió a 10 minutos para la conclusión. Una acción embarullada resuelta por Ansola que batió el portal de Betancort. El guardameta madridista salió malparado del lance, al igual que Barrachina, defensa central valencianista. Ambos fueron retirados en camilla y sustituidos por Miguel Ángel y Nebot, respectivamente. Aquella era la primera temporada en la que se autorizaba la sustitución de un par de jugadores. El gol fue celebrado con enorme júbilo, la crónica de Llácer en este periódico habla de 60.000 espectadores y confirmaba la recuperación de la escuadra que dirigían Artigas y Buqué, al situarse en plaza europea y acumular 8 jornadas seguidas sin perder.

Crónica del Valencia-Madrid de 1969

Crónica del Valencia-Madrid de 1969 / L-EMV

En la siguiente ocasión, se abría el año 1971, con Di Stéfano como entrenador del Valencia, el partido estuvo envuelto de un ambiente de tremenda emotividad y acompañado de un frío siberiano. Los locales se impusieron gracias al gol del Forment en el primer tiempo. El triunfo, en el duelo que abría la segunda vuelta, permitió alcanzar el liderato por primera vez en un ejercicio que terminó con la conquista de la Liga. Los abonados valencianistas no tuvieron que retratarse en taquilla porque los pases se acababan de renovar. Con buen criterio, la directiva les eximió de sacar entrada para un duelo que había disparado la expectación. También fue noticia las dificultades sufridas por la expedición madridista en su desplazamiento por vía férrea debido a un temporal.

El Madrid fue recibido con una sonora bronca cuando apareció sobre el césped porque, en los días previos, había desestimado la incorporación del portero Pesudo, que no contaba en el Valencia, y que fue ofrecido de forma desinteresada para paliar la plaga de lesiones que sufrían los del Bernabéu. Los servicios médicos rechazaron su fichaje al detectar una supuesta lesión. A los ingredientes habituales de rivalidad se añadía un nuevo episodio.

Mestalla siempre daba el do de pecho en este encuentro, como se demostró en la campaña 67-68, cuando el Valencia se impuso por 2-0. Este resultado, y el triunfo por 0-2 en Chamartín en la segunda vuelta, le conceden una especial relevancia. Se trata del último ejercicio en el que los valencianistas vencieron al Real Madrid en los dos compromisos ligueros, y sin encajar ningún gol en contra. Aquel triunfo tuvo efectos balsámicos, porque cortó una racha de tres derrotas seguidas, gracias a los goles de Paquito y Claramunt en el segundo tiempo, y propició una clara recuperación.

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