Radiografía del derbi (I)
Benimaclet en disputa: el derbi Valencia-Levante en los barrios de la ciudad
A medio camino entre Mestalla y Orriols, este barrio popular es la zona ‘militarizada’ de la Valencia futbolística, la única sin un dueño claro. El VCF es el club mayoritario en casi toda la ciudad, pero el levantinismo resiste en el Cabanyal y en torno a su estadio (Orriols-Torrefiel-Alboraia). Dos sociólogos analizan para Levante-EMV el mapa urbano de la rivalidad en dos entregas

El peso de ambas aficiones en la ciudad de València / Levante-EMV
En la plaza de Benimaclet, estructurada en un rectángulo como un campo de fútbol improvisado con balcones como palcos, hay derbi todos los días. Hacia el norte, emerge a 1,3 kilómetros el Ciutat de València, templo del Levante UD, pegado al barrio de Orriols. A 1, 5 km al sur se enseñorea Mestalla, catedral laica de la ciudad con más de un siglo de historia, dominando su barrio enclavado en el distrito de Pla del Real.
Benimaclet es el territorio equidistante, pero no neutral. Al contrario, es el barrio en disputa. Atendiendo al reparto de socios por códigos postales que ambos clubs tienen en la ciudad, no son las únicas calles con el corazón partido. La igualdad en cuanto abonados llega a Natzaret y los Poblats del Nord (donde se incluye Tavernes Blanques por código postal), pero Benimaclet, por número de aficionados, ubicación y, sobre todo, simbolismo, es el lugar donde confluyen las corrientes de ambas aficiones.
El Valencia CF es claramente mayoritario en el conjunto de la ciudad, con más del doble de abonados: 17.393 frente a 8.557. Sin embargo, entre Alfahuir, la Sèquia de Vera, Primado Reig y la Avenida de Cataluña, ‘blanquinegres’ y ‘granotes’ se reparten 1.359 socios, un 5 % de la población, con una ligera mayoría de 27 abonados para los valencianistas (693 a 666), aunque con más peso relativo para el Levante UD.
En este rincón de la ciudad teñido por la tradición de ‘poble independent’ y el gen alternativo, el Levante UD mira de tú a tú al club vecino. De hecho, el 46020 que representa el barrio supone el 7,5 % de los aficionados levantinistas de toda la ciudad que acuden con su pase al estadio, por el 4 % de lo que representan los de este barrio en Mestalla.
“Cuando era pequeño Benimaclet era claramente del Valencia, con peñas propias o casales falleros que les daba apoyo. Eran años donde el Levante militaba en segunda B. Ahora bien, ya había muchas personas y algunos bares y comercios granotas de manera irreductible. Y desde hace 15 años diría que Benimaclet es más granota. Desde entonces en el paisaje del barrio se ven más camisetas que del Valencia, especialmente entre jóvenes”, opina Víctor Agulló, profesor de Sociología de la UV y especializado en deporte. Agulló, que se crió en estas calles, pertenece a una familia granota de cuatro generaciones de raíz gimnastiquista (también seguidora del Athletic Club).

Plaça de Benimaclet. / Manuel Molines
LUD: ‘Un club indie’
En su opinión, existe en Benimaclet un factor que otros extienden al conjunto de la afición: el Levante como “identidad alternativa”. “Para una parte de los universitarios que viven o hacen vida en Benimaclet, el Levante es una especie de club ‘indie’, una declaración de intenciones: rechazar el fútbol moderno (incluido el Valencia de Meriton), y apostar por la proximidad y el barrio, un refugio para muchos que no se sentían cómodos con ciertas derivas políticas históricas vinculadas a Mestalla en décadas pasadas”.
Benimaclet es casi una excepción, la anomalía de un derbi urbano donde el Valencia CF es hegemónico en prácticamente toda la ciudad cuyo nombre lleva como estandarte. Es el gran club ‘nacional’. Por títulos. Por números. Por permanencia ininterrumpida en la élite. Por capacidad de representar, pese a su mal momento deportivo e institucional, y que se expande mucho más allá de los límites del Cap i casal.
Vicent Flor, también sociólogo pero de la otra orilla, ‘enfría’ el entusiasmo granota en esta edad de crecimiento social. “A la hora de hacer ránkings basados en socios hay que tener en cuenta dos cosas: que el Valencia, aun estando en una situación complicada, tiene la capacidad de sacar pases casi completa y es más caro”, explica en primer lugar remarcando la diferencia entre afición general y abonados.
A ello, añade una “alerta con la compatibilización”: “muchos granotes son primero o tan culés o madridistas. Eso pasa mucho menos entre el aficionado y socio del Valencia”. O dicho de otra manera: algunos de los abonados al Ciutat de València lo son como una forma de ver y vivir fútbol de Primera División, con simpatías al club granota, pero teniendo otras opciones alternativas, sostiene.
Atendiendo a los datos, la presencia más notable de valencianistas se da en los distritos de Ayora-Amistat, Patraix o Campanar. En cada uno de ellos supera con holgura los mil abonados. Y la influencia crece conforme se acerca a Mestalla, barrio donde hay 998 socios, o a la zona cero de los primeros pasos valencianistas, Algirós, donde alcanza los 984. En el núcleo irradiador de los blanquinegros, precisamente, hay una ‘resistencia’ de 554 socios granotas divididos en 270 en el primero y 284 en el segundo, una cuarta parte en cada uno de ellos respecto a la afición rival.
VCF: ‘El club popular de las comarcas’
La huella valencianista, sin embargo, se extiende más allá de la ciudad: la presencia en las comarcas es el ‘fet’ diferencial del poble de Mestalla, una historia marcada por la presencia de futbolistas de todo el territorio valenciano, desde Puchades (Sueca, Ribera Baixa) a Forment (Almenara, Plana Baixa), Albelda (la Pobla Llarga, Ribera Alta), o ahora Gayà (Pedreguer, Marina Alta).
Cada 15 días peregrinan a la avenida Suecia más de 23.000 aficionados de fuera de la capital. Destaca por proximidad y densidad poblacional la afición de l’Horta (casi mil socios entre Albal, Catarroja, Massanassa; o 953 en Torrent), pero más simbólica es la presencia en comarcas lejanas, como en la Ribera (con 202 socios solo en Sueca o 216 en Alzira); la Costera (144 abonados en Xàtiva) o la Vall d’Albaida (137 socios en Ontinyent, a más de una hora cada 15 días).

Valencia CF - Rayo Vallecano en Mestalla. / JM LOPEZ / LEV
“Hay que tener en cuenta además que, a nivel deportivo, el Valencia está en el peor momento de la historia y el Levante, en el mejor. Y el mapa actual no es el histórico ni tiene que ser necesariamente el del futuro. ¿Seguirá creciendo la afición del Levante? ¿O no lo hará si no se consolida en Primera? No lo sabemos. Con todo, València no es granota, es claramente blanquinegra. La inmensa mayoría de barrios populares son del Valencia y el Valencia es el club popular de las comarcas valencianas. Y en cuanto a afición, la cosa es más clara todavía”, defiende Flor, autor de ‘Nosaltres som el València. Futbol, poder i identitats’ (Afers, 2020).
'València no es Bilbao'
Digan lo que digan el pasado o el futuro, lo cierto es que la fotografía del presente, de los últimos años en realidad, dice que la gran disrupción del derbi desde el punto de vista sociológico es contemporánea, y la protagoniza el Levante UD. Si durante décadas, los tiempos de plomo para el levantinismo, València parecía destinada a ser futbolísticamente como Nápoles o Bilbao, capitales de un solo club bandera que representa a toda la comunidad local sin alternativa, desde hace años los de Orriols han abortado esa dinámica.
El estadio de Orriols dejó de ser el solar que era en los 80 y buena parte de los 90, una minoría invisible. El éxito deportivo se ha visto acompañado de una política de fidelización y apuesta por las familias a través de los niños (grandes descuentos y algunos años de gratuidad). Todo ello le ha permitido consolidar al fin una masa social que se ha movido entre los 15.000 y los 22.000 socios, dependiendo de si estaban en Primera o en Segunda. En ese levantinismo de nueva generación, los números son modestos si se comparan con los de su vecino, pero suficientes para hacerse visible en los balcones, calles y patios de colegio de la València futbolística, para romper el mapa monolítico.

Estadio Ciutat de Valencia. / JM LOPEZ / LEV
Más allá de una presencia en el conjunto de la ciudad, el levantinismo ofrece notables focos de resistencia. El más simbólico se encuentra en los poblados marítimos (Cabanyal y Malva-rosa, sin contar Grau-Nazaret), el cogollo del levantinismo, donde se fundó y creció uno de los dos clubs, el Levante FC, que dieron origen al Levante UD tras la fusión con el Gimnástico FC de 1939.
Más de 85 años después de desvincularse físicamente de aquel distrito, el Cabanyal sigue siendo la reserva espiritual levantina, y en esas calles sigue superando a su rival (862 socios frente a 587), pese a la presencia masiva de valencianistas en toda la ciudad.
De ‘pares a fills’
Es quizá la mayor singularidad urbana del derbi, la conexión genética del Levante UD con la fachada marítima. Seguramente este sea el único espacio geográfico donde el levantinismo ha mantenido vivo el relevo generacional, de padres a hijos, a través de las décadas de travesía que ha sufrido el club, bajando incluso a la cuarta categoría del fútbol español.
En ese aspecto, el del relevo generacional, el Valencia CF ha mantenido el vínculo familiar intacto: un reciente estudio de La Liga sitúa a los de Mestalla como el club de España con mayor herencia paterno-filial, por encima de Sevilla o Athletic Club.
Junto a la tradición, el Levante se hace fuerte también desde la proximidad al Ciutat de València. El éxito deportivo lo ha convertido en el equipo del barrio. Es mayoritario en Torrefiel-Orriols hasta el punto que los 1.275 socios blaugranas son más del doble que los 619 valencianistas.
Ocurre también en Alboraia, uno de los pueblos que puede acceder a pie al estadio, aunque la distancia es menor: 583 frente a 521. También destaca su presencia en el 46022, entre Ayora y Amistat, el tercero con más presencia, si bien, es el barrio más poblado (52.572 habitantes) y el Valencia lo supera con creces, casi el doble.
Como el Valencia, el Levante tiene también una presencia mayoritaria fuera del término municipal, un 57 %. Ha dejado de ser sólo un equipo de la ciudad, incapaz de crecer más allá de sus núcleos históricos. Desde 2016, el Ciutat ha pasado de tener el 56 % de socios de la ciudad a un 42 %, quizás también ante la propia evolución de una urbe que expulsa a quien no puede pagarla. Sin embargo, a diferencia de su vecino, más que el arraigo y la tradición el Levante han comenzado a crecer desde la cercanía. Además de Alboraia, el levantinismo tiene una gran presencia en l’Horta Nord y Sud, destacando los pueblos próximos a la carretera de Barcelona.
Con todo, el principal elemento diferenciador entre los dos clubes es que la presencia de socios del Valencia CF es más homogénea en todos los distritos de la ciudad, superando el 2 % de la población residente en todos excepto en las dos aldeas galas levantinistas, Poblats Marítims y Torrefiel-Orriols, donde el dominio granota provoca que los blanquinegros se queden en el 1,5 % mientras los blaugranas van del 2,5 al 3 %. No obstante, el lunes darán igual los porcentajes y serán los goles del día anterior los que parecerán multiplicar las camisetas de unos y esconder la de otros.
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