Miguel Pellicer, impulsor del Maratón de València, olvidado tras el reconocimiento a Toni Lastra
Miguel Pellicer, fundador de la SD Correcaminos junto a su mujer, impulsó la primera Maratón de València en 1981, un evento que hoy es referente internacional

Miguel Pellicer, con una fotografía de sus padres, fundadores de la SD Correcaminos / L-EMV
La Junta de Gobierno Local del Ayuntamiento de València aprobó hace unas semanas, por unanimidad de los cuatro grupos municipales, dedicar una plaza de la ciudad Toni Lastra, en reconocimiento a su labor como uno de los pioneros del atletismo polular, siendo uno de los presidentes de la Sociedad Deportiva Correcaminos, entidad que organiza el Maratón Valencia.
Este homenaje para recordar a Toni Lastra ha vuelto a dejar en el olvido a Miguel Pellicer, el fundador, junto a su mujer Angelita Carrascosa, de la SD Correcaminos. Es su hijo, Miguel Pellicer, quien que reivindica la figura del corredor profesional que “impulsó la primera Maratón en Valencia en 1981”.

Pellicer y Lastras (a la izquierda), en la puerta del Bar Danubio / L-EMV
Si bien ensalza que el consistorio haya decidido dedicar una plaza a Lastra, que estará próxima a la plaza de la Marató, en el espacio delimitado entre las vías Brigades Internacionals y Escriptor Rafael Ferreres, en el barrio de Montolivet, reprocha que nuevamente “mi padre sigue en el olvido”. En este sentido, Miguel Pellicer señala que Lastra y Pellicer “eran como hermanos y estoy totalmente de acuerdo en que se le dedique una plaza, pero que no se olvide la figura de mi padre, fundador de Correcaminos en el Bar Danubio e impulsor del Maratón de 1981”.
Lastra y Pellicer
Por ejemplo, apunta Lastra accedió a la presidencia de Correcaminos en 1985, que fue relevado por Paco Borao. En este sentido, afirma que “si Lastra viviera no hubiera permitido que mi padre no tuviera algún tipo de reconocimiento”. De hecho, recuerda que en el año 2010, con el fallecimiento de Miguel Pellicer, “Toni Lastra le dedica en una publicación palabras de reconocimiento a su trayectoria y su papel importantísimo en el mundo del atletismo popular en Valencia”.

Angelita Carrascosa y Miguel Pellicer / L-EMV
Y es que Miguel Pellicer lleva años reivindicando la figura de su padre, un pionero del atletismo popular que, a finales de los años setenta, fue capaz de transformar una afición minoritaria en un movimiento deportivo que hoy es referencia internacional. Todo comenzó en octubre de 1978, en un escenario tan cotidiano como el bar Danubio de València, donde Pellicer, su esposa Angelita Carrascosa y un grupo de amigos, entre ellos el propio Toni Lastra, sembraron la semilla de la Sociedad Deportiva Correcaminos, el club que acabaría impulsando el primer Maratón de València en 1981
Visionario y profundamente enamorado del atletismo, Pellicer detectó una carencia evidente en la ciudad: faltaban estructuras que promovieran el deporte popular, como ya ocurría en otras capitales españolas. Su objetivo nunca fue económico ni mediático, sino crear comunidad. Desde el primer momento apostó por iniciativas abiertas y gratuitas, como campañas de promoción del ejercicio físico, pruebas populares y actividades colectivas que animaban a la ciudadanía a correr y andar, en una época en la que hacerlo por la calle incluso provocaba burlas.
Un crecimiento inesperado
El crecimiento de Correcaminos fue tan rápido como inesperado. Los primeros socios se apuntaban casi de manera artesanal, en el propio bar, donde se repartían carnés y se organizaban reuniones improvisadas. Aquel espíritu familiar y cercano fue clave para consolidar un club basado en la camaradería, más que en la competición de élite. Con el tiempo llegaron eventos innovadores como las 24 horas de footing o pequeñas olimpiadas populares, todas con un fuerte componente social y participativo. El propio Pellicer fue corredor profesional llegando a ocupar el quinto puesto del ranking mundial de 50 kilómetros marcha y medalla de bronce del maratón.

Miguel Pellicer, en silla de ruedas, durante una San Silvestre de València / L-EMV
El nombre del club, inspirado en el famoso personaje de dibujos animados, reflejaba ese carácter desenfadado y accesible que Pellicer quería imprimir al proyecto. Aunque hubo que modificar el logotipo por cuestiones legales, la identidad de Correcaminos se mantuvo como símbolo de movimiento, cercanía y pasión por correr. En apenas unos años, aquella idea nacida entre amigos se convirtió en el motor del atletismo popular valenciano .
El salto definitivo llegó con la organización del primer Maratón de València, un evento gestado casi íntegramente en familia, con la colaboración de amigos y voluntarios. Lo que empezó como una prueba modesta fue creciendo hasta convertirse hoy en día en una de las maratones más prestigiosas de Europa, tanto por participación como por nivel deportivo.
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