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El Levante perdona y termina magullado (3-0)

Los de Luís Castro desaprovecharon dos grandes oportunidades para hacer frente al Barça, que acabó goleando y gustándose ante unos granotas que siguen perdiendo territorio de salvación

Olasagasti falla un mano a mano ante Joan García.

Olasagasti falla un mano a mano ante Joan García. / LUD

Rafa Esteve

Rafa Esteve

València

Ni los precedentes, ni los últimos resultados, invitaron a soñar con un resultado positivo del Levante en el Camp Nou. Así, de hecho, fue como transcurrió el partido: goleada en contra y un partido menos en su pelea por salvarse, independientemente de la difícil tesitura que tuvieron que afrontar los de Luís Castro frente al actual líder de LaLiga. La desesperanza y el nerviosismo son los estado de ánimo en los que se encuentra el levantinismo con su equipo, cuyas sensaciones son tan agridulces que, pese a practicar un fútbol combinativo, combativo e insistente, ni su buena imagen ante el Barcelona compensa.

La derrota contra el cuadro culé (3-0), además de suponer la cuarta consecutiva, alarga la agonía que se vive en Orriols desde que el Derbi desvirtuó su realidad y cambió su tendencia. El Levante ha pasado de mirar hacia arriba, con la seguridad y el convencimiento de salir del pozo, a visualizar territorio de permanencia desde la lejanía, a siete puntos de distancia y sintiendo que el oxígeno se va agotando poco a poco. Da igual que sea el Barcelona o cualquier equipo de la categoría: cada partido sin sumar es una oportunidad perdida y un paso atrás en su batalla. Y más, sabiendo que, en los primeros compases, Carlos Álvarez y Olasagasti se quedaron con la miel en los labios tras desaprovechar dos grandes ocasiones frente a Joan García. El resultado final, sin ser culpables de la derrota, se resolvió con otro partido perdido para los granotas. O cambian su rumbo inmediatamente o no habrá quien les salve.

Gran losa

Si competir en el Camp Nou ya es de por sí es una tarea donde abunda la dificultad, arrancar el envite perdiendo, a las primeras de cambio, supone una losa de grandes dimensiones que equipos como el Levante, en circunstancia de descenso y a siete puntos de distancia con la permanencia, soportan muy a duras penas. Cualquier revés es capaz de aturdir al instante, fruto de la tensión que inunda plantillas que luchan por sobrevivir y que se encuentran lejos de sus objetivos, a veces inalcanzables según el calibre de los tropiezos. Las derrotas contra el Valencia y frente al Villarreal, de hecho, supusieron un frenazo en seco en la escalada del Levante hacia la permanencia. Sin embargo, el Levante saltó al Camp Nou protagonizando, un minuto después del inicio, la primera ocasión del partido a través de las botas de Carlos Álvarez, quien tras detectar un pase filtrado entre líneas de Iván Romero, definió titubenate frente a Joan García.

Fue un inicio inmejorable. Incluso, esperanzador cuando los ánimos de puntuar en el feudo del FC Barcelona fueron inexistentes. No obstante, los de Hansi Flick tardaron cuatro minutos en devolver a la dura realidad a su rival. Cancelo, abandonando la izquierda para desajustar por líneas interiores, detectó la subida de Eric García por banda para dársela al polivalente futbolista culé y que este encontrase a Marc Bernal, quien remató al fondo de la red aprovechando una debilidad defensiva que se fue acentuando. Se vio reflejado en una cesión con la cabeza de Matturro a Ryan, donde Raphinha se anticipó para toparse con un arquero australiano que, por suerte, vio cómo el rechace de Lewandowski no cogió portería. No en vano, el Levante se negó a entregar las armas. Y, a los 15 minutos del comienzo, otro pase diagonal de Iván Romero a las botas de Olasagasti terminó con Joan García, otra vez, negándole el gol a unos granotas que, por muchas veces que lo intentaron, fueron incapaces de frenar a un Cancelo que se convirtió en un dolor de cabeza partiendo desde la izquierda.

El portugués, de hecho, ejecutó centros envenenados siempre que los levantinistas le dejaban metros para pensar. Uno de ellos, sin hallar rematador, lo escupió el palo, pero, el siguiente, terminó encontrando a un De Jong que marcó el segundo. En apenas media hora, el Levante acabó con sus opciones de pescar en el Camp Nou pese a que un disparo desde media distancia de Kareem Tundé, en el 37', se fue rozando el poste. Sin embargo, Luís Castro estrujó su libreta en el descanso con tal de encontrar soluciones en el segunda mitad, metiendo a Paco Cortés por Víctor García, aunque la reanudación le obligó a estar arrinconado en defensa frente a un Barça que, sintiéndose cómodo, quiso gustarse con la finalidad de engordar su luminoso. Lewandowski buscó su diana, Raphinha intentó reencontrarse con el gol, Olmo pretendió perforar la portería de Ryan... ante un Levante al que no le quedó más remedio que contragolpear. Y en ese escenario, volvió a detectar en Paco Cortés un soplo de aire fresco. Su instinto, su duende, su desequilibrio y su lectura táctica, sumado a su juventud, son argumentos para agarrarse a la esperanza, independientemente de su porcentaje, de salvar la categoría. Además, dejó un caño sobre Marc Bernal como sello de su talento e hipnótico regate. Pese a ello, hay muy poco de lo que alegrarse en Orriols. Fermín, con un cañonazo desde fuera del área, dilapidó cualquier posibilidad de puntuación levantinista en el 80', dando gracias de que la distancia con la permanencia sigue siendo la misma que antes de pisar el Camp Nou y de que Ryan, sacando una mano salvadora después de un cabezazo de Raphinha y estirando su brazo para evitar un remate a bocajarro de Fermín, evitó una goleada mayor.

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