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Una goleada ante Osasuna cierra un año glorioso

Manolo Botubot, en Mestalla, en el partido contra Osasuna de 1980 / Bernat Navarro Porter
El Valencia CF cerró 1980 en Mestalla con una goleada ante Osasuna. El equipo entrenado por Pasieguito se impuso por 4-1. Así terminaba en casa un año glorioso, en el que consiguió dos títulos europeos, ambos ante rivales ingleses. En mayo, había conquistado la Recopa frente al Arsenal, y el 17 de diciembre, cuatro días antes de despachar con autoridad a los navarros, se adjudicó la Supercopa ante el Nottingham Forest. Otra época, eran tiempos de máxima exigencia en la grada y de felicidad a raudales, aunque no se valorara en su justa medida. Se asumía como algo normal. Después de aquel ejercicio, el Valencia inició una larga travesía por el desierto, impensable en esos momentos.
Tras golear al conjunto de Pamplona, vino otro triunfo contundente, en el desplazamiento al Insular de Las Palmas, donde vencieron por 1-4. Ese choque en tierras canarias, dos días después de navidad, despedía el año con el Valencia ambicionando el título de Liga. Un triunfo resonante que confirmaba sus aspiraciones y que cerraba la primera vuelta de ese ejercicio, 80-81. Habían pasado 10 temporadas desde la conquista del último campeonato liguero, ganado en Sarrià en la 70-71. El gran objetivo era reeditarlo. Había motivos de sobra para luchar por el torneo de la regularidad. Después de esas dos goleadas, los valencianistas ocupaban la segunda plaza en la clasificación, a 3 puntos del líder y campeón de invierno, el Atlético, con el que se habían medido en la jornada liguera anterior a derrotar al Forest en Mestalla.
La visita al Calderón acabó en decepción pese al buen juego exhibido. El duelo en la cumbre entre los dos máximos favoritos quedó condicionado por el penalti que Mario Kempes envió al travesaño. En esos momentos, el marcador era de empate a uno. Ángel Castellanos había marcado el gol visitante, y cuando faltaba un cuarto de hora para el descanso, el Valencia dispuso de un máximo castigo que el “Matador” falló. Una acción decisiva. La potencia de su disparo fue tal, que el cuero salió rebotado hasta casi el círculo central después de estrellarse en el larguero. En la segunda mitad, los locales consiguieron sendos goles y se llevaron el triunfo.

Portada de Levante tras el Valencia Osasuna de 1980 / L-EMV
Aquel lance no impidió que Kempes asumiera, una semana después, la responsabilidad de ejecutar el penalti ante Osasuna cuando aún no se había llegado a los 10 minutos de juego. La portería de los pamplonicas estaba defendida por Basauri, compañero del argentino en el Valencia durante su primera campaña, la 76-77. Se conocían bien, pero Kempes, esta vez acertó con el lanzamiento e inauguró el marcador. El encuentro se desarrolló plácidamente, con una superioridad incontestable de los locales, que apenas encontraron resistencia en un rival que reaparecía en primera división después de casi 20 años de ausencia.
A medio gas
Un Valencia a medio gas, sin necesidad de esforzarse demasiado, liquidó el partido con otros tres goles, cada uno de un autor diferente: Botubot hizo el segundo, Saura marcó el tercero,-el más aplaudido por su compleja elaboración-, y Morena cerró la cuenta con el gol habitual del delantero oportunista que era, tras un excelente pase de Kempes. El uruguayo, héroe en la final de la Supercopa y autor del único tanto ante los de Nottingham, volvió a marcar con el oficio que le distinguía. El único gol de Osasuna lo logró Julio, un suplente que ese día debutaba en primera división.
Al repasar la información de aquel encuentro, publicada en Levante y firmada por Manuel Miralles, se deduce la escasa importancia que se le dio a la consecución de la Supercopa. No hubo pasillo de honor a los campeones ni se exhibió el trofeo. Los prolegómenos apenas se diferenciaron de la habitual rutina. El campo se llenó en tres cuartos de su aforo. A pesar de marcar un gol, y dar otro hecho, el cronista destacó el bajo estado de forma de Kempes, que semanas antes había sufrida la grave lesión de hombro en el duelo europeo contra el Carl Zeiss Jena de la desaparecida RDA. Por el contrario, se exalta el extraordinario momento de forma de Arias y Solsona, que brillaron por encima del resto.

Crónica en el diario Levante del Valencia - Osasuna de 1980 / L-EMV
Aquel Valencia había compuesto un once que se repetía con frecuencia y que todo el mundo se sabía de memoria, con Sempere en la portería; una zaga integrada por: Carrete y Botubot como laterales y la pareja de centrales: Arias y Tendillo. En la medular era intocable el trío formado por Castellanos, Solsona y Subirats, mientras que en el ataque, Saura complementaba al tándem sudamericano, la pareja estelar, Mario Kempes y Fernando Morena, un argentino y un uruguayo. También solían aparecer el extremo zurdo Pablo, y Darío Felman por el costado diestro del ataque, así como el zaguero Cerveró. Las buenas expectativas generadas se deshicieron con la entrada del nuevo año, aunque en el tramo final de la Liga, el Valencia reaccionó y recuperó sus posibilidades de llevarse el título, que se esfumaron definitivamente en la penúltima jornada al perder en la visita a Pamplona.
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