Barcelona - Villarreal (4-1)
Lamine Yamal firma una obra de arte ante el Villarreal
El delantero de Rocafonda, en alianza con Fermín y Pedri, hace añicos las esperanzas del Villarreal con tres goles y una formidable exhibición de talento

Barcelona-Villarreal. / Toni Albir / EFE
Lamine Yamal tiene algo inalcanzable para el resto: hace que las cosas buenas nunca pasen rápido. Te obliga a tener paciencia. A que te detengas en un estético plano secuencia que sólo llega a su fin cuando sus rivales caen y la pelota se enrosca en la red.
Luce además Lamine el aura de los genios. Esos que, cuando culminan una obra con la que los mortales ni siquiera sueñan, no necesitan sonreír para edulcorar el momento. Los que más sonríen son los que más mienten. Después de marcar el 2-0 al Villarreal, le dio una patada al banderín, estático espectador de su arte. Y cuando zanjó su primer 'hat trick' como azulgrana, se entretuvo con sus dedos. Uno, dos tres. El fútbol, claro, es un juego. Su juego en un tiempo que él domina como nadie.
Lamine reclamó la atención en plena vorágine electoral, y un rato después de que los socios pasaran por delante de los tenderetes de los aspirantes a arrebatar la presidencia a Joan Laporta como si fueran casetas de obra con fotocopiadoras. Era el mismo día en que Hansi Flick, lo mejor que le ha pasado al Barça en el último lustro, cumplía sus 100 partidos dirigiendo al primer equipo; y el mismo día también en que Xavi Hernández, quien ahora resta más que suma, ofrecía su apoyo bajo rúbrica al precandidato presidencial Víctor Font.
Los hinchas, en cualquier caso, tenían motivos suficientes como para poner su atención en lo que ocurría en el interior del estadio. Sin sol, con una brisa gélida y traicionera, y con los empleados de protocolo del club ofreciendo mantas para los invitados del palco –fuera que pasaran frío–, era Lamine quien calentaba la tarde frente a un Villarreal que, por mucho que marche tercero en la clasificación, apostó por un escenario frío. Hasta que se congeló.
El Barça aprendió varias lecciones que pueden venirle bien de cara al martes frente al Atlético, cuando tenga que intentar levantar un 4-0 en contra en la vuelta de semifinales de la Copa. La paciencia no es mal plan cuando los futbolistas se sacrifican y ganan duelos. Y pocos tan insistentes como Fermín, que después de ofrecer un gol a Koundé que el francés falló de mala manera -el lateral se corrigió en el crepúsculo ofreciendo a Lewandowski el 4-1-, robó una pelota que Lamine sí supo aprovechar en el mano a mano.
Ascenso al paraíso
Lamine continuó con su ascenso al paraíso desde su orilla. Estaba parado antes de enredar a Cardona, al que se le quedaron los ojos en blanco. Con un toque burló a Moleiro. Y el latigazo a gol no fue más que la fabricación de un recuerdo.
El gol de Pape Gueye tras un despiste en el área no cambió el gran tono de un Barça en el que rindió de lo lindo Bernal –quien suplió al lesionado De Jong–, y que agradeció la portentosa última media hora de Pedri, aliado con un Lamine cuya firma es la más preciada de todas.
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