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A Contratiempo

Los idus propicios de marzo

Con sobredosis de sufrimiento, exhibiendo el compromiso habitual, el equipo de Corberán superó la papeleta. Alivio general. El primer examen de este decisivo mes se ha aprobado, quedan tres por delante

Los jugadores del Valencia CF celebran el gol de Ramazani.

Los jugadores del Valencia CF celebran el gol de Ramazani. / Eduardo Ripoll

Paco Lloret

Paco Lloret

València

Un triunfo sufrido. Llegados a este momento de la temporada, condicionados por una situación de extrema necesidad, la victoria se hacía imprescindible. Con sobredosis de sufrimiento, exhibiendo el compromiso habitual, el equipo de Corberán superó la papeleta. Alivio general. El primer examen de este decisivo mes de marzo se ha aprobado, quedan tres por delante. En cierto modo, recordó la última vez que el Valencia se impuso a Osasuna en Mestalla, un 11 de marzo en 2023, con Baraja y Marchena en el banquillo. Para mayor coincidencia, se registró el mismo marcador y el único gol también llegó en la segunda mitad. Entonces fue Kluivert el autor del tanto. Ayer, en su elaboración, volvió a resultar fundamental la pareja Sadiq-Ramazani. En el capítulo de destacados sobresale la aportación de Javi Guerra, capaz de crear espacios y marcar diferencias. Su elegancia supone un soplo de aire fresco. Junto al trabajo a destajo de Guido Rodríguez y la constancia de Ugrinic, han dado forma a la nueva medular. El oficio contrastado de Dimitrievski entre palos es toda una garantía. Una nueva portería a cero, la séptima de la campaña. Y la séptima victoria.

Mascletà reivindicativa. Diversos colectivos valencianistas aprovecharon la primera “mascletà” para mostrar su disconformidad ante la actuación de los representantes institucionales en todo lo que envuelve al Valencia. Hay motivos de sobra. La maquinaria administrativa se mueve según la velocidad que convenga a quienes ostentan el poder, pero no a la ciudadanía. La más señalada fue María José Català, cuya imagen aparecía en una lona, un montaje que recordaba la figura del impresentable de Anil Murthy, cuchillo en mano. La actitud de la clase política local en el tema de Mestalla deja mucho que desear en todos los aspectos. Desde su nula sensibilidad hacia las reclamaciones justificadas de muchos aficionados-a los que no mueve ningún interés espurio-, hasta la actuación complaciente con Peter Lim que se encontró con unos beneficios urbanísticos inmerecidos. El singapurés, tras ejercer una actitud chantajista al no firmar la candidatura de la ciudad para el mundial de 2030, terminó por salirse con la suya. Los partidos de la oposición también merecen ser incluidos en este vergonzoso cuadro. Al Valencia lo han dejado solo y desprotegido.

Marí Olano, señalado. El comodín de la alcaldesa, el hombre para todo, el señor Lobo municipal-pese a las incompatibilidades -, fue objeto de un duro comunicado emitido por la federación de asociaciones de vecinos. La entidad presidida por María José Broseta descubre ahora, con asombro e ingenuidad, cuales son los planes tramados para el solar de Mestalla. Demasiado tarde. Las promesas y las buenas palabras con las que los engatusaron en su día dejan paso a una realidad diferente. El negocio y los intereses están por encima de todo. José María Marí Olano había protagonizado una agria intervención en el último pleno de la corporación en la que, con arrogancia y altanería, mostró su desprecio hacia quienes representan a los vecinos de la ciudad. No está de más recordar que el interlocutor, al que ahora señalan y rechazan por su actitud despectiva, fue sorprendido in fraganti cuando se reunió tiempo atrás con el hombre de confianza de Lim. Aquel encuentro clandestino en el despacho de Germán Cabrera en Madrid, contradecía su vehemente discurso de exigir al accionista mayoritario su presencia en la ciudad para dar explicaciones por su pésima gestión. Todo un ejercicio de impostura. Marí Olano demostró con hechos, que las promesas, en período electoral, se las lleva el viento.

Un Mundial amenazado. Las agitadas coordenadas de la política internacional que sacuden el planeta en la actualidad ponen en peligro el normal desarrollo del mundial de fútbol, previsto para el próximo verano. Un torneo gigantesco y extenuante, tanto por el elevado número de participantes como por su dispar distribución geográfica. El incontrolado crecimiento de los conflictos bélicos y los consiguientes dramas humanitarios, cuestionan la conveniencia del campeonato. La FIFA, rendida ante el disparatado Trump el día del sorteo, con un la concesión de un sonrojante galardón, se encuentra ahora ante un escenario preocupante. Los intereses económicos impulsarán la celebración del mundial para demostrar una falsa “normalidad”, pero cuesta mucho de aceptar que se celebre la fiesta del fútbol, mientras miles de inocentes son asesinados sin escrúpulos. Un drama que afecta a toda la sociedad, incluidos los aficionados y los profesionales de este maravilloso espectáculo.

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