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A Contratiempo

Un partido loco, una victoria clave

La remontada del Valencia ante el Alavés (3-2) en Mestalla / J.M. López

Paco Lloret

Paco Lloret

Premio a la resistencia. La jornada se había desarrollado de forma propicia. Otros marcadores ayudaban. El triunfo garantizaba un salto en la clasificación. El temor a desaprovechar una coyuntura tan favorable se agigantó a medida que pasaban los minutos. Un penalti de ciencia-ficción nada más comenzar penalizó a un Valencia que tuvo que ir contra corriente durante todo el encuentro. El gol madrugador de Javi Guerra tras el descanso abrió la puerta de la esperanza. El tanto de Boyé fue el segundo mazazo de la noche. Mestalla suspiraba por el empate. Había que, al menos, salvar los muebles. Un triple cambio a la desesperada dio el resultado apetecido. Y llegó la locura. Se vivió un desenlace vibrante. La grada lo celebró, ya no recordaba una remontada, habían pasado casi 3 años. Un par de goles que hicieron estallar la euforia. Final feliz. Noche intensa. Un duelo que deja huella en el ánimo del plantel y que puede marcar un punto de inflexión. Dos triunfos seguidos en casa preceden a dos salidas que confirmarán o no la mejoría.

Sentimientos encontrados. En los peores días de Corberán, un amplio sector del valencianismo suspiraba por el regreso de Quique. Esa opción se frustró hace poco más de un año, cuando Baraja se hallaba contra las cuerdas. La derrota en Valladolid precipitó los acontecimientos, el posterior empate milagroso en casa ante el Alavés sentenció a Pipo. Las declaraciones de cara a la galería de la promotora inmobiliaria que ocupaba la presidencia en aquellos días eran, en realidad, una cortina de humo. Lo habitual en estos casos. Lay Hoon mentía por sistema, pero lo hacía con sentimiento, según coinciden sus más próximos y rendidos colaboradores, que siempre la justificaban. Quique llegó a reunirse con Corona, pero el acuerdo se deshizo. Un episodio misterioso más que añadir a la larga lista de decisiones inexplicables cocinadas en Singapur. Corberán aterrizó por sorpresa y rescató al equipo. Su labor merece todos los elogios porque supo sacar al Valencia del atolladero. Sin embargo, a la vista está, los sentimientos de afecto son caprichosos. Mestalla ama a Quique Sánchez Flores pese a los desencuentros del pasado, cuando una grada insatisfecha exigía divertimento. Pagada la penitencia, reconocido el error, QSF se ha convertido ahora en una debilidad sentimental de los aficionados, mientras que Corberán ha perdido ese favor. Solo los buenos resultados le devolverán al reino de los elegidos. El cariño es así de interesado.

Tercera final copera. Carlos Soler y Gonçalo Guedes disputarán el próximo mes la final de Copa enrolados en la Real Sociedad. Éste será su tercer asalto al título, después de haber disputado dos con el Valencia, ambos en Sevilla, y con suerte dispar. La primera final, en 2019, supuso el momento culminante del Centenario. Además de soñar que el club de Mestalla no tenía techo, el valencianismo tocó el cielo. Tanta felicidad era inadmisible. Meriton no lo podía consentir. Así que Lim y sus secuaces se aplicaron en destruir de inmediato los logros conseguidos, y de paso, castigaron a los gestores responsables de aquellos éxitos y a una afición perpleja. La llegada a San Sebastián del valenciano y el portugués ha resultado beneficiosa para el conjunto donostiarra. Todo ello coincidiendo con el relevo en el banquillo. Guedes y Soler han aportado juego y goles, se han afianzado como valores imprescindibles. Sus casos exponen con crudeza la dimensión del expolio deportivo sufrido por el Valencia. Su marcha explica el nulo nivel de ambición deportiva que ha condenado al club a sobrevivir en la mediocridad. El daño causado por el accionista mayoritario es de juzgado de guardia, aunque la justicia prefiera mirar hacia otro lado.

El Bernabéu y el racismo. La UEFA ha vuelto a sancionar al Real Madrid por incidentes de índole racista. La reincidencia delata que el problema no es casual. Se trata de la segunda vez que el Santiago Bernabéu sufre un cierre parcial por este motivo , aunque en esta ocasión sea condicionado en competiciones europeas. En 2014, tras un duelo con el Bayern de Múnich, sí que ejecutó el cierre parcial de una grada. Curiosamente, en la Liga española no se ha obrado de igual manera pese a las evidencias denunciadas, lo que no deja de ser una cruel ironía. Tebas anda más preocupado por hacer un seguimiento a Vinicius; el único futbolista negro que sufre insultos allá por donde va. El mismo día en el que se alardeaba de la lucha contra el racismo y se desplegaba una pancarta con tinta oficial, se producía en la grada de Chamartín un episodio que ha merecido la contundente reacción del organismo europeo. Llueve sobre mojado. La impostura envuelve este grave asunto. La repercusión mediática se gradúa según quién es la víctima y el acusado. Algunos episodios pasan desapercibidos mientras que a otros se les dispensa un mayor tratamiento informativo. Todo un ejercicio de hipocresía.

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