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Debut triunfal de Mijatovic en Oviedo

Pedja Mijatovic en un lance del Oviedo-Valencia, en 1993

Pedja Mijatovic en un lance del Oviedo-Valencia, en 1993 / Bernat Navarro Porter

Paco Lloret

Paco Lloret

La Liga 93-94 arrancó en el Carlos Tartiere para el Valencia CF de la mejor manera posible. Triunfo contundente por 0-3 ante el Real Oviedo, y exhibición de su gran estrella: Pedja Mijatovic, que ese día debutaba oficialmente. El montenegrino fue el autor de un par de goles, los dos primeros, ambos llegaron antes del descanso. El otro, fue obra de Fernando.

El equipo dirigido por Guus Hiddink ratificaba con este resultado las buenas impresiones ofrecidas a lo largo de aquel verano en los partidos amistosos que disputó. En la historia de la entidad valencianista, sólo se registraba un precedente con un triunfo tan amplio como visitante en el partido de apertura del campeonato. Sucedió en el feudo del Betis, en el ejercicio 39-40, el primero tras la Guerra Civil, cuando se impusieron por idéntico marcador.

Aquella victoria disparó la euforia. Mijatovic, que había logrado goles de extraordinaria belleza en encuentros de preparación, confirmaba así las grandes expectativas que había levantado. Los aficionados se rindieron ante su extraordinario repertorio. El Valencia se había llevado los 3 torneos en los que participó; el Naranja, el de La Línea de la Concepción, y el del 75 aniversario de San Mamés. Su juego embelesaba. La principal atracción de aquel equipo arrollador era el futbolista procedente del Partizán de Belgrado. Su incorporación no fue sencilla. Una apuesta personal de Pasieguito, que no dudó en aconsejar su fichaje en un momento de máxima agitación social en un club, que se disponía a vivir sus 75 años de existencia en un ambiente enrarecido.

La decepción provocada por la eliminación en las semifinales coperas de la campaña anterior ante el Real Zaragoza, dio paso a una confrontación interna, jaleada mediáticamente. Un período de constante agitación en el que Paco Roig se enfrentó abiertamente a Arturo Tuzón por el fichaje de Romario que, finalmente, recaló en el Barcelona. La llegada de Mijatovic, apenas conocido y procedente de un país sumido en un conflicto bélico, tampoco contribuyó a calmar los ánimos. Los aficionados exigían lo máximo a un equipo que, pese a su indudable calidad, no terminaba de competir por los títulos. Eso sí, cuando el balcánico se puso a jugar, los críticos enmudecieron. Un gol desde el centro del campo en Bilbao, que sorprendió adelantado a Unzué, fue la joya de la corona.

Mijatovic deslumbró desde el primer día. Su habilidad en la ejecución de las faltas llamó poderosamente la atención. La técnica depurada en los lanzamientos con la pierna derecha asombró por su precisión y acierto. El primer gol en Oviedo llegó, precisamente, de esta manera. No fue un tanto de bella factura, sino más bien de picardía. El disparo del montenegrino atravesó la barrera por un hueco a media altura y botó antes de que el balón entrara en la portería asturiana. En esos momentos, el equipo local estaba con un hombre menos por la expulsión del croata Jerkan, que vio dos amarillas en apenas 10 minutos. La inferioridad numérica afianzó de su rival. El Valencia, que llegaba como favorito a la cita, confirmó los pronósticos.

Pedja repitió antes del descanso. Su segundo gol fue mucho más bonito que el primero, al resolver con habilidad y contundencia un ataque en la frontal del área. Después de deshacerse de varios rivales con habilidad, culminó la acción con un disparo seco y ajustado. Partido encarrilado. La cuenta aumentó con el precioso gol de Fernando, ya en la segunda mitad, tras una acción de Mijatovic que centró el balón al corazón del área donde Gálvez, de cabeza, sirvió a Fernando que con una inteligente maniobra, se acomodó el cuero para el remate tras un control impecable.

Gran plantilla

Aquel Valencia reunió una plantilla de extraordinario nivel en todas sus líneas. En la delantera, además de Pedja Mijatovic, figuraban: Lubo Penev, Pizzi, Gálvez, y Álvaro Cervera. Por si faltaba algo, los centrocampistas destacaban por su vocación ofensiva y capacidad realizadora: Fernando, Robert, y Arroyo, a los que se unían en la zaga otros futbolistas de calidad, como Belodedic, Giner, Quique, y Camarasa. A su lado, futbolistas de un perfil laborioso, como Ibáñez, Mendieta o Serer. En la portería, Semper y González luchaban por la titularidad. En definitiva, se reunió un elenco de contrastada garantía, que protagonizó un arranque extraordinario hasta alcanzar el liderato en octubre. Todo cambió, para mal, a partir de la noche de Karlsrue. Después de la hecatombe sufrida, se aceleró un proceso de descomposición imparable.

Mijatovic logró aquel día en Oviedo su único doblete como visitante, al que se añadirían 5 más, todos ellos en Mestalla. De hecho, no volvió a marcar ningún gol más en desplazamiento durante ese ejercicio. Un dato curioso que revela la trayectoria de un equipo marcado por las contradicciones y los cambios drásticos. Hubo 4 entrenadores y 5 relevos en el banquillo, porque Guus Hiddink, destituido en la jornada 11, regresó en la 30 para acabar la temporada. En la presidencia también hubo movimiento: Arturo Tuzón dimirtió, le sustituyó Melchor Hoyos, y finalmente, llegó Paco Roig.

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