Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

A Contratiempo

Un club muerto, un equipo fantasma

Real Oviedo - Valencia.

Real Oviedo - Valencia. / Eloy Alonso / EFE

Paco Lloret

Paco Lloret

Nada nuevo bajo el sol. El Valencia cayó con estrépito en el feudo del último clasificado, dónde protagonizó un nuevo ridículo espantoso. Uno más para la amplia colección de registros negativos en la etapa de Meriton: perder las dos veces con el colista en el mismo ejercicio. No se dan precedentes. Lo mejor, el resultado. Pudo ser más abultado. El Real Oviedo pasó por encima de un equipo que aún seguía celebrando la remontada milagrosa de la jornada anterior y disfrutando con el recuerdo de la “mascletà” a la que asistió. Muchas risas. Relajación y felicidad. En la actual campaña, el conjunto de Mestalla no ha logrado encadenar tres victorias seguidas. En la pasada, tan sólo en una ocasión. Los números son elocuentes, delatan el nivel ínfimo de exigencia. La defunción intencionada de este club por obra y gracia de su accionista mayoritario ha engendrado una plantilla inconsistente, diseñada desde la provisionalidad, y con el único objetivo de mantenerse. Un fantasma que transita con más pena que gloria y que sigue añadiendo borrones a la historia del club que nunca ha estado tan mal dirigido, ni tan abandonado.

Cumpleaños infeliz. El próximo miércoles, 18 de marzo, el Valencia celebra 107 años de existencia. Un milagro que desafía la lógica. La fortaleza y proverbial resistencia demostradas resultan dignas de admiración. Cuando el enemigo está dentro de casa y actúa contra los intereses de la entidad, lo más normal sería acabar rendido. Sin embargo, el Valencia aguanta contra viento y marea, rodeado de peligros, y amenazado seriamente por especuladores y colaboracionistas. Nadie piensa en el club. Las perspectivas son inquietantes. La lealtad de sus incondicionales, dispuestos a resistir y aceptar la miseria impuesta desde Singapur, actúa de contrapeso para evitar lo peor. Abocado a competir por no descender, alejado de su espacio natural, condenado a sobrevivir con lo mínimo, su capacidad para salir adelante en las peores condiciones merece el máximo reconocimiento.

El Nou Mestalla, a vista de dron

L-EMV

Pilares y hamburguesas. Ese es el futuro que aguarda al valencianismo. Los pilares de la tierra y el reino de las franquicias de hamburguesas. Al menos, es el panorama que venden desde dentro del club sin cortarse lo más mínimo. Se aprovecha cualquier resquicio para trasladar a la opinión pública un porvenir de supuesta bonanza gracias a un recinto que será la panacea. La penosa marcha del equipo, la prolongada ausencia de Europa, o la nula capacidad competitiva quedan relegados; son aspectos menores que no interesan. Se trata de asuntos irrelevantes. La maquinaria propagandística se esfuerza en acentuar el progreso en las obras de un recinto que, por obra y gracia de Meriton, está fuera- de momento- de la lista que maneja la FIFA para el Mundial de 2030. Mientras los asiduos a Mestalla sufren todo tipo de incomodidades por la desidia impuesta en el mantenimiento de sus dependencias, los aficionados de medio mundo se deshacen en elogios ante la singularidad de un recinto que atrae y enamora. A cambio, los irresponsables que gobiernan el club lo condenan a la suciedad y el abandono.

Una obviedad esperada. Juan Roig confirmó con sus recientes palabras lo que muchos ya sabíamos, porque era de cajón, aunque algunos se negaban a aceptar: su firme voluntad de mantenerse alejado del Valencia y de no entrar en un club que conoce a la perfección, sobre todo por los serios riesgos que entraña en el ámbito reputacional. Quienes fantaseaban con esa posibilidad de cara al futuro ya saben lo que hay. Ninguna sorpresa. Hijo de un directivo, y hermano de un ex –presidente, valencianista declarado tiempo atrás, Juan Roig sabe de la enorme trascendencia que implica dirigir al club y las consecuencias que pueden tener. Nada es comparable por estos pagos. La onda expansiva del Valencia, pese al deprimente contexto actual, afecta a cualquiera que lo dirija, por bien que haga las cosas. Tuzón y Ortí, sin ir más lejos. Su posicionamiento viene reforzado, además, por la clara identificación futbolística con su hermano Fernando en Vila-real. Esa neutralidad, más que comprensible y justificada, no admite excepciones en todo lo que envuelve a la entidad valencianista.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents