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A Contratiempo

La venta de Mestalla, una derrota colectiva

Simulación del proyecto urbanístico sobre el suelo de Mestalla presentado hace unos años

Simulación del proyecto urbanístico sobre el suelo de Mestalla presentado hace unos años

Paco Lloret

Paco Lloret

Las torres del pelotazo. A medida que se van conociendo más detalles, se confirman las sospechas. En estas mismas páginas, se pudo leer una interesante información al respecto el pasado viernes, firmada por Ramón Ferrando. Viviendas de lujo a un coste disparado, inaccesibles para la mayoría. Una promoción exclusiva para millonarios e inversores de otras procedencias. Un disparate mayúsculo. La trama de intereses que envuelve la destrucción de Mestalla y el traslado al estadio de “Corts Valencianes” lo tiene todo previsto y calculado. La operación resulta sencilla. Se compra la parcela por un precio inferior de lo que, según los expertos, podría valer. El vendedor, es decir Meriton en nombre del Club, fija una cantidad alejada de la que sería más beneficiosa para la entidad. Curiosamente, la parcela más cotizada de Valencia, se tasa por un valor que permitirá a la empresa que se la quede la posibilidad de obtener una enorme rentabilidad sin tener que desembolsar una cantidad exagerada. A partir de ese momento, se van a encontrar todo a favor para desarrollar un proyecto de edificabilidad por encima de lo que se suponía en un principio. El Valencia, en manos de un especulador, entrega su casa y gana lo mínimo.

Así era el proyecto residencial sobre el viejo Mestalla

Coartada para la galería. La historia del Valencia CF se pone al servicio de la jugada. Historia y sentimiento cubren la operación inmobiliaria. Sin escrúpulos. Uno de los posibles promotores, con el proyecto “Acequia de Mestalla”, lanza un vídeo con imágenes repletas de inocencia para seducir a posibles compradores. Las técnicas de mercadotecnia no valoran el daño que puede producir el mensaje. Desde los bucólicos planos de un niño, feliz e inocente, que juega con un balón mientras el sol ilumina la estampa, hasta imágenes históricas del pasado cuando la euforia se desbordaba en la grada de un campo que vivía momentos felices. Mestalla ha sido abandonado en la actualidad por el club, solamente preocupado en sacar adelante beneficios de una operación que no beneficia a los vecinos de la zona, que ahora se sienten engañados, ni tampoco a los aficionados valencianistas.

Un equipo superviviente. El futuro del Valencia, dicen desde el seno de la entidad los paniaguados al servicio de Lim, pasa por trasladarse a un estadio que dista de aquel proyecto ambicioso presentado hace 20 años con vocación de ser un referente emblemático. El paso del tiempo lo ha desvirtuado. Desde el sentido común y una mínima capacidad de análisis surgen una serie de dudas. Un equipo mediocre, que pelea por no bajar, ausente de Europa desde hace más de un lustro, se quiere mudar a un estadio con un aforo desmedido para la dimensión actual del Club. Una afición resistente y a la vez cansada, contempla el panorama desde un justificado escepticismo. Su voz no es escuchada ni tenida en cuenta. Les obligan a abandonar su santuario de toda la vida sin consultarles. En el orden de prioridades, los socios han quedado reducidos a un papel testimonial. Ni pinchan ni cortan.

Los organizadores de la mítica Traca de Forment en Mestalla

Los organizadores de la mítica Traca de Forment en Mestalla / Germán Caballero

Eterno Forment. Un año más, así viene sucediendo desde 2018, se ha celebrado a las puertas de Mestalla el homenaje al gol de Forment ante el Celta, de la Liga 70-71. Un acto sencillo, repleto de emoción. Una traca, como las que se quemaron aquel día, la música de Cisco Fran y confraternidad entre los presentes. Junto a Sergio y Enrique Claramunt, estuvo el delantero de Almenara, haciendo gala de su buen humor, acompañado por parte de su familia, que reside en Inglaterra. Una bonita sorpresa que no se esperaba y que aumentó la emotividad. El pasado sábado, este grupo de incondicionales, honró la memoria colectiva de una entidad que, contra viento y marea, aguanta tanta adversidad y que no se parece en nada a aquella que, por entonces, llenó de orgullo y felicidad al valencianismo.

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