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Una triste goleada del Valencia al Celta

ALBUM DE PACO LLORET

ALBUM DE PACO LLORET / Bernat Navarro

Paco Lloret

Paco Lloret

València

Los goles fueron cayendo, uno a uno, en muy poco tiempo, hasta poner el 4-0 definitivo en el marcador de Mestalla. Todo sucedió en poco más de 20 minutos de inspiración y acierto. Sin embargo, pese a la catarata realizadora, la celebración del triunfo no se vio acompañada del júbilo habitual. Aquella fue una triste goleada. El Valencia vapuleó al Celta en una atmósfera de consternación. La muerte de Vicente Peris Lozar, el hombre clave en el club, ocurrida dos semanas antes, había afectado el ambiente. Se percibía claramente desde los prolegómenos, menos animados que de costumbre. El luto envolvió un triunfo que situaba al conjunto de Di Stéfano en la segunda posición de la tabla, y lo mantenía vivo en la lucha por revalidar el título de campeón a falta de 11 jornadas.

Ni siquiera había pasado un año desde la apoteósica victoria in extremis ante los vigueses, gracias al célebre gol de Forment. Aquellos fueron días de vinos y rosas. La entidad atravesaba por un período de auge y expansión. Peris en los despachos, Di Stéfano en el banquillo, y una plantilla extraordinaria, cimentaban la fortaleza de un club que se había encaramado a la cúspide del fútbol español. Tanta plenitud solo se había conocido en los años 40. La muerte de Peris, acaecida en Mestalla en acto de servicio a la conclusión del duelo contra el Atlético de Madrid, supuso un golpe bajo para la entidad. Un torpedo en la línea de flotación. Ya nada fue igual. El Club tardó en recuperarse de aquella adversidad.

El delantero "Quino" en Mestalla antes de un partido.

El delantero Quino en Mestalla antes de un partido. / Bernat Navarro

El Valencia honró su memoria en el siguiente partido en casa. Hubo un impresionante minuto de silencio, seguido de una cerrada ovación. En aquella época, estos homenajes se hacían de forma excepcional. Los jugadores lucieron brazaletes negros, y su aparición sobre el césped no tuvo acompañamiento musical, tampoco estallaron las tracas. El programa oficial del partido, que se entregaba gratuitamente a los asistentes a las puertas del campo, se imprimió con una portada en color gris para expresar el duelo. Su editorial iba dedicado a ensalzar la figura de Peris y a lamentar su desaparición. Aquel “llibret”, tan estimado por los aficionados, había sido una iniciativa suya, inspirada en la experiencia del presidente, Julio de Miguel, cuando asistió a un partido en Inglaterra. Los programas oficiales de los encuentros forman parte de la liturgia en aquel país.

El Valencia volvía a Mestalla con el ánimo alicaído. En la jornada anterior, había perdido por la mínima en el campo del Betis. Un partido en el que también se homenajeó la figura de Vicente Peris, un excelente detalle del club andaluz, aunque algunos de sus seguidores aprovecharon el minuto de silencio previo para increpar a Quino, el delantero que había abandonado a los del Benito Villamarín para fichar por los valencianistas el verano anterior después de un largo conflicto. Aquella era su primera visita al campo de su antiguo club. No tuvo una buena acogida, algo previsible. El ariete protagonizó una discreta actuación, al igual que el resto del equipo.

Crónica en el diario Levante del Valencia-Celta de 1972.

Crónica en el diario Levante del Valencia-Celta de 1972. / L-EMV

Con el propósito de enmendar la plana tras aquel inoportuno pinchazo y superar el impacto anímico que había dejado la muerte del hombre que dirigía “de facto” el club, el Valencia se disponía a recibir al Celta a las cuatro y media de la tarde del domingo 27 de febrero de 1972. En ese ejercicio, ambos conjuntos se vieron las caras cuatro veces, y en todas ellas, ganaron los de Mestalla. La eliminatoria copera que los reunió se disputó a la conclusión de la Liga, y el Valencia se impuso en ambos choques por la mínima. En la primera vuelta, en Balaídos, vencieron por 1-3; con goles de Quino, Valdez, y Sergio. En la segunda vuelta del campeonato, golearon por 4-0 con un par de tantos de Forment y otro de Quino, todos ellos en la segunda parte. El conjunto de Vigo también quiso sumarse al dolor del valencianismo. Toda la expedición acudió al cementerio municipal para depositar una corona de flores en la tumba del ex –gerente valencianista en la víspera.

El primer tiempo resultó aburrido. La melancolía ambiental condicionó el juego. El Valencia mostraba un juego voluntarioso pero sin efectividad. Querer y no poder. El Celta estaba cómodo, y hasta dispuso de un par de oportunidades, una de ellas desbaratada por el guardameta Meléndez, que resultó lesionado. En la reanudación, Abelardo ocupó la portería. El contraste con lo sucedido en la campaña anterior era total; de la fiesta y el éxtasis, al velatorio. El público pasaba la tarde resignado a las circunstancias, incluso se incomodó ante la apatía de su equipo hasta que la lluvia de goles les alegró el ánimo. Paquito tomó las riendas, Valdez participó en 3 de los 4 tantos, y Forment logró su único doblete como valencianista en Liga, ambos tantos en la portería talismán, la del gol “xicotet”, donde se había consagrado un año antes. No podía haber mejor homenaje a la figura de Vicente Peris.

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