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A Contratiempo

De la frustración a la decadencia

Los jugadores del Valencia CF, hundidos tras uno de los goles del Celta.

Los jugadores del Valencia CF, hundidos tras uno de los goles del Celta. / Eduardo Ripoll

Paco Lloret

Paco Lloret

Otra Liga. El Valencia ha sumado un solitario punto en los 10 enfrentamientos disputados hasta el momento con los seis primeros de la clasificación. De 30 posibles, tan solo uno, gracias al empate en casa con el Betis. El resto de duelos se saldaron con derrotas. En algún caso, sufriendo goleadas. Significativo. Por Mestalla deben pasar todavía el Atlético y el Barça. Para ponerse a temblar viendo los antecedentes. El Celta precisó ayer de un cuarto de hora para remontar el marcador y darle un baño de realidad a los valencianistas. Una derrota que los devuelve a su mundo de mediocridad. Querer no es poder. Se necesitan argumentos de los que se carecen. Al conjunto de Corberán le toca competir en el grupo de los equipos sin prestaciones suficientes para alcanzar plazas europeas. Crudo pero real. El técnico maniobró a remolque de las circunstancias pero ya era demasiado tarde. Su voluntad por recomponer a su equipo no dio resultado. Enfrente había un rival crecido y con más recursos. El Celta, hoy por hoy, es una entidad mejor organizada y con mayor ambición.

El abandono de Mestalla. Ayer las banderas tampoco ondearon en Mestalla como manda la tradición y la liturgia del campo con más historia de primera división. Pese a las reiteradas reclamaciones de los aficionados, que añoran la presencia de un símbolo evocador de la identidad de toda la vida, nadie arregla el desaguisado ni da explicaciones. Les da absolutamente igual todo. Su desprecio refleja los niveles de degradación del club. Incluso, algunos de los escudos forjados en los balcones de tribuna están rotos parcialmente. Otra dolorosa muestra del abandono del campo. Hace tiempo que la suciedad se ha adueñado de la grada. Sin los niveles mínimos de mantenimiento exigibles, la imagen empeora. La incomodidad de los asiduos invita al rechazo. Un argumento sibilino para persuadir a los escépticos de la conveniencia de cambiar de campo. Cualquier método vale.

Valencia - Celta.

Valencia - Celta. / Ana Escobar / EFE

Sin alma. La sociedad valenciana no se inmuta ante el evidente expolio que sufre el club de Mestalla. Algo impensable en otras latitudes. Con la anuencia general, la inacción de una mayoría, y la complicidad silenciosa de quienes podían alzar la voz y oponerse a un escenario tan amenazante, el Valencia avanza imparable por el camino de la irrelevancia institucional. En la actualidad ha quedado reducido a la mínima expresión. El destino que le aguarda es el de transformarse en un objeto especulativo en manos de fondos financieros, cuya única prioridad es la de obtener la máxima rentabilidad. A ello se une otro factor: no se permite la toma de decisiones desde su entorno natural. Influencia local nula. Ya lo advirtió de forma visionaria Vicent Molins, en su más que recomendable obra “Club a la fuga”. Una entidad sin alma, que hace tiempo perdió la soberanía, y ha caído en las manos de unos desaprensivos. Nada de esto sería posible si no contaran con el apoyo y la colaboración de quienes han optado por ponerse al servicio de esta causa. Rendidos a su conveniencia, actúan para contentar exclusivamente a quienes dictan desde Singapur el futuro a su antojo.

Una muestra de desfachatez. A pocos les preocupa que el Valencia vaya a estar 7 años sin participar en la Liga de Campeones. Su ausencia de la competición más prestigiosa de clubes no solo afecta al ámbito deportivo, sino que repercute en la economía local y en la reputación de una ciudad, que en su día sacaba pecho con orgullo por los éxitos conseguidos en el torneo. La clase política y empresarial de entonces se pavoneaba en sus excursiones por el continente. Aquellos eran tiempos para presumir de un equipo de fútbol poderoso y de organizar viajes a Manchester, Roma, o Múnich. Ahora conviene el cambio de discurso. Qué remedio. Son tiempos en los que preocupan mas las promociones inmobiliarias. El Ayuntamiento del “Cap i casal” se conforma con las migajas, y no se inmuta a la hora de ofrecer a los organismos internacionales un estadio para ser sede de futuras finales. Se sacrifica sin miramientos al Valencia a cambio de tener un espacio para mayor gloria de otros. Lo prioritario es la novedad. Se pierde un club, pero eso no les importa.

Los jugadores del Celta celebran el gol de Williot Swedberg ante el Valencia.

Los jugadores del Celta celebran el gol de Williot Swedberg ante el Valencia. / AFP7 vía Europa Press

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