Levante UD
La salvación granota exige romper con la ‘normalidad’
Victorias improbables como la del Mallorca ante el Madrid o la remontada del Alavés contra el Celta obligan al Levante a hacer un final de curso casi inmaculado

La arenga de los jugadores del Levante UD antes del encuentro contra la Real Sociedad del pasado sábado. | LUD
Rafa Esteve
La derrota frente a la Real Sociedad, aunque dolió más por las formas que por regresar a València sin puntos en el casillero, pone al Levante en una tesitura digna para valientes: o consigue un porcentaje elevado de victorias hasta final de temporada o será condenado a un descenso a Segunda División. Ni más, ni menos. Perder en San Sebastián puede entrar dentro de la normalidad, tratarse de un resultado probable, pero, a falta de ocho partidos para que termine la competición, y a cinco puntos de diferencia con la salvación, cada unidad que se pierda por el camino será un paso hacia atrás de carácter irreparable.
El conjunto comandado por Luís Castro no está en condiciones de negociar esfuerzos ni de ir a medias tintas, tal y como sucedió en el Reale Arena, donde apenas hubo rastro del equipo valiente y descarado que permitió creer con la salvación durante el mes de marzo. Salió sin intensidad, jugó maniatado por su rival y, cuando quiso despertar, fue demasiado tarde. A pesar de ello, dos horas después del batacazo, una salvación que se visualizaba a la misma distancia que al inicio de la jornada, tras la derrota del Elche en Vallecas, se aumentó debido al triunfo del Mallorca frente al Madrid. Un resultado improbable, pero que demuestra que la carrera por la salvación, además de antojarse completamente ardua, no se sumergirá en escenarios lógicos. Quien más dé la cara y al que menos le tiemblen las piernas alcanzará las metas que se proponga.
No es la primera vez que los rivales directos le demuestran al Levante que para conseguir la permanencia hace falta dar más de lo exigible. Hace dos semanas, sin ir más lejos, el Alavés levantó frente al Celta y en Balaídos un 3-0 contra todo pronóstico. Muestra de que los puntos están cada vez más caros y de que de poco sirve mirar el calendario. El cuento de la lechera en Orriols es matemático: con 26 puntos en su bolsillo, la línea de meta se sitúa en los 40, pero, sobre el papel, es difícil predecir de dónde los extraerá. Y más, después del pesimismo que se ha instalado en un Ciutat de València nervioso y angustiado por el transcurso de los suyos.
Solo dos rivales directos
Solo se medirá a dos rivales directos (Sevilla y Mallorca, ambos en el coliseo de Orriols) y los seis restantes no solo viven despreocupados por el descenso, sino que algunos miran hacia la parte alta con la ilusión de disputar competición europea la próxima temporada. Los de Luís Castro, es más, visitan La Cerámica, Balaídos y La Cartuja, escenarios complejos y de asalto complejo, además de viajar al RCDE Stadium y recibir a Osasuna y Getafe, los dos pendientes de ver si les dará para meterse en la pomada del Viejo Continente. Sin embargo, si el Levante quiere salvarse, debe mirar de frente a sus rivales sin complejos de inferioridad.
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