A Contratiempo
Solo interesan el Mundial y el pelotazo

Aleix Febas se va de Lucas Beltrán en el Elche CF - Valencia CF disputado el 11 de abril. / Europa Press

El Valencia ya no importa. A estas alturas, las cartas están encima de la mesa. La partida la juegan quienes tienen intereses; algunos van de tapado, otros se descaran. Los vaivenes generados por el fútbol ejercen de maniobra de distracción, una cortina de humo que engatusa a los aficionados y tapa las molestas verdades. Hay quienes prefieren rehuir la crudeza de la situación. Comodidad y cobardía. Cuéntame un cuento. Eso explica que la figura del entrenador se haya convertido en la diana favorita para descargar tanta frustración acumulada. Ahora le toca a Corberán. Antes fueron otros. Es lo fácil. Cuesta más apuntar hacia los verdaderos responsables de este desaguisado. La única apuesta va dirigida a que la ciudad sea incluida por la FIFA como sede del Mundial 2030 y, por otro lado, acabar el estadio lo antes posible y de cualquier manera, por chapucera que sea. La maquinaria administrativa adapta los movimientos y ajusta las velocidades a su conveniencia. De esta manera entorpece cualquier intento de la ciudadanía por contrarrestar el abuso de poder en este asunto. Una batalla desigual. Para sacar adelante el plan, hace falta culminar la operación inmobiliaria. Se viene un pelotazo de enormes proporciones.
Faltaba el Molt Honorable. Con la anuencia de la clase política, al club valencianista lo han degradado al máximo aquellos que, se supone, deberían velar por sus intereses. La ignorancia y la miopía de los representantes institucionales resultan de lo más inquietantes. En esas manos estamos. El presente es una pesadilla, el futuro presagia lo peor. La suerte del Valencia está echada. Las recientes palabras Juanfran Pérez Llorca, en la entrevista publicada por el diario AS, no tranquilizan, precisamente. Cuando el “president” de la Generalitat cuestiona por las intenciones reales de Lim en el Valencia, demuestra un nivel de ingenuidad y de candidez inadmisibles. No mejora el discurso, más bien todo lo contrario, cuando atribuye el rechazo mayoritario del valencianismo al mamotreto en construcción a que la figura del especulador de Singapur está detrás de la obra. Una simpleza. El “capo” de Meriton desembarcó por estos pagos en 2014, y durante 10 años pasó olímpicamente del proyecto, fue exclusivamente a la suya, y se burló de todo y de todos al incumplir las obligaciones contraídas. La deducción es, por tanto, elemental, querido Watson.
Mal fario. La derrota en Elche ha vuelto a encender las alarmas. La relativa tranquilidad generada en marzo ha saltado por los aires. Después de 3 triunfos en 4 jornadas, se han invertido las tornas. El Valencia solo ha podido sumar una victoria de los cuatro últimos partidos disputados, ni siquiera ha sido capaz de empatar en ninguno de los otros tres. La clasificación ofrece un escenario de máxima preocupación. Vienen turbulencias. Los dos próximos compromisos se antojan determinantes y marcarán tendencia: en un corto espacio de tiempo, ha de visitar al Mallorca entre semana, y a continuación, recibir en casa al Girona. Dos enfrentamientos decisivos, dos choques directos. En el feudo de los ilicitanos, salió todo al revés. Jugamos como nunca, perdimos como siempre, es un viejo aforismo atribuido al genial Alfredo di Stéfano, para explicar las razones de una derrota inmerecida a tenor de las circunstancias adversas. Al Valencia le salió todo al revés, lo intentó de todas las maneras, pero fue incapaz de traducir sus oportunidades en goles y falló ocasiones cantadas. Mala cosa. Semejante exhibición de mala puntería y desacierto puede sembrar de desconfianza la moral de una plantilla que afronta el tramo decisivo del campeonato. La hora de la verdad.
Las promesas de Ron. En la previa del partido de Elche, compareció Ron Guerlay. Su discurso, de lo más inocuo, ratificó la sospecha. Otro actor de cara a la galería. El británico ofreció el clásico repertorio de promesas, buenas intenciones y reconocimiento a la grandeza pasada del Club. El hombre de Meriton en Valencia, que solamente tardó dos meses y medio en presentarse, anunció hace poco la contratación de un director deportivo, aunque el plazo expresado ya se ha visto superado. Una más. No hay prisa. El lapsus que tuvo cuando manifestó que faltaban todavía 6 partidos para la conclusión de la Liga- en realidad eran 8 en ese momento- puede quedar en anécdota, si no fuera por el despropósito en el que se halla sumido una entidad que sufre un período de desintegración.
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