14 de Abril
“Cavallers de faixa roja”: cuando la pilota valenciana sufrió represión y exilio
Tres investigadores de la UV rescatan la historia de los 'pilotaris' que tuvieron que huir tras la guerra, incluso enrolándose en los maquis, como “Fenoll de Torrent”
El ancestral 'joc valencià' sufrió el silencio durante décadas, y no recuperó visibilidad social hasta el tardofranquismo

Pilotaris en la cárcel modelo de València en 1940: Tio Pena, segundo por la derecha de pie. / Familiars Tio Pena

José Fenoll, nacido en 1903 en Torrent, era, en palabras de Llorenç Millo (algo así como las sagradas escrituras de la pilota), un jugador temperamental. Su mejor arma era la volea. Estaba en nómina del trinquet de Pelayo entre 1931 y 1939. Había participado durante la II República en alguna partida a beneficio de la colonia parroquial de Torrent, pero su militancia en la CNT durante la guerra y como miliciano en la columna de Hierro en el frente de Teruel le convertían en objetivo del nuevo Régimen.
Detenido en el puerto de Alicante a punto del exilio, pasó por el campo de Albatera, huyó de manera audaz y se enroló diez años con el maquis. En 1948 saltó a Francia, llegando a Perpinyà tras un intercambio de tiros con la Guardia Civil en la frontera. El legendario violonchelista Pau Casals le ayudó a establecerse, pero nunca pudo volver a casa.

Fenoll de Torrent, pilotari exiliado. / David Baviera
Son apenas cuatro trazos de una vida de casi 70 años que evidencia que el universo de la pilota valenciana no fue ajeno a la represión y el exilio que vivió una parte de la sociedad tras el fin de la guerra. Ahora, tres investigadores del departamento de Sociología y Antropología Social de la Universitat de València, Víctor Agulló, Dayana Arteta y Helena Paricio de Castro, exhuman cinco de estos dramas vitales en “Laberintos: Revista de estudios sobre los exilios culturales españoles”, editada por la Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu. En estos momentos, de hecho, se encuentran trabajando en un libro, “Matèria de Trinquet”, que documenta casi un centenar de historias de represaliados.
La II República, de cuya proclamación se cumplen ahora 95 años, coincidió con un momento de gran popularidad del ‘joc de pilota’. Pese a que en esas décadas “tiene que competir por primera vez en la historia con otras prácticas deportivas”, dotadas además de un aura de modernidad, como el fútbol o el ciclismo, y comienza a perder protagonismo en entornos urbanos y burgueses, durante la II República goza de una gran vitalidad, siendo además el deporte más practicado durante la guerra. Contará con ilustres aficionados, como el rector Peset o el ministro Juli Just. Pelayo, como los campos de fútbol, fue escenario de partidas benéficas durante la guerra.
El golpe y la victoria franquista, sin embargo, noqueó esta expresión cultural valenciana. Algunos célebres ‘pilotaris’ murieron en combate, como el ‘Tio Silla’ de Godelleta, El ‘xiquet de la Punyà’, de Godella, Batiste Verdú, de Famorca, o Alfred Picó, de l’Abdet. También hubo fusilados, como el mítico ‘Carinyo’ de Rafelcofer (también maqui), ‘Solanes’ de Tavernes de la Valldigna, ‘Tela’, de Benimàmet, o ‘Carrasca’ de Alcoi.
Pilotaris en la cárcel Modelo
Hubo muerte y también represión. Los jugadores que se habían significado cumplieron penas de prisión en la cárceles franquistas. Entre ellos, el ‘Tio Pena’ de Massamagrell, o algunos como ‘Patilla d’Alaquàs’ o ‘Barberico de Sedaví’, que fueron alcaldes durante la República. En la cárcel Modelo de València fueron varios los que coincidieron. Fue el juego más practicado en las cárceles de todo el territorio valenciano.
El exilio fue otra de las consecuencias que golpeó duramente al popular deporte valenciano, como ocurrió también con deportistas legendarios, como los atletas Pepe Lacomba y Alejandra Soler, o el ‘Tigre d’Alfara’ en boxeo. Además del citado ‘Fenoll de Torrent’, otros como ‘El Guelo’ de Rafelbunyol se exilió a Francia, donde pasó por un campo de concentración y, al volver a España, penó cuatro años en las cárceles franquistas y estuvo a punto de ser fusilado al regresar a su pueblo, quedando su familia marcada, relatan los especialistas de la UV.
También tomó el camino de Francia ‘El Perolero de Pedralba’ (Isidro Muñoz Sesé), que se unió al Ejército Republicano, primero, y tras pasar por varios campos de concentración, a la Resistencia contra el nazismo, después. Tras sobrevivir como pudo en Francia, rehizo su vida en Argentina. No regresó a Pedralba hasta 1978, ya con la muerte del dictador, donde recibió homenajes en varias poblaciones, siendo reconocido, hasta hoy, como el mejor pelotari de frontón valenciano.
‘El Pelat’ de Riola (Juan Pascual Vila), tras pasar tres años en las cárceles franquistas de Madrid, tuvo que marcharse a Francia, donde trabajó una década en las campaña del arroz y la vendimia, a tenor de los problemas que hicieron imposible la vida para él y su familia en su comarca. El estudio publicado también reconstruye el periplo vital de Marina Basauri Yarza, una raquetista vasca instalada en València que vivió una odisea durante su exilio a Francia.
Silenciar el golpe de vaqueta desde hace siglos
Muerte, prisión, exilio y también silencio. “Durante 30 años la presencia de la pilota en los medios fue un páramo, hasta que no llega Llorenç Millo y luego Bausset, en el tardofranquismo. Ya próxima la democracia, con Genovés como máximo referente, recupera visibilidad social en el imaginario popular valenciano”, señala Víctor Agulló.

Dayana Arteta, Helena Paricio y Víctor Agulló, en el Trinquet de Pelayo. / Federico Fuertes
El franquismo trató de imponer un ‘silenci’ sobre una práctica ancestral, que se expresaba en lengua valenciana y con una inmensa penetración en el mundo rural. Hubo un gobernador que intentó prohibirlo. El valenciano se refugió en el trinquet, añade el investigador.
No era la primera vez. Desde los siglos XIII y XIV hay bandos documentados que prohibían el juego en unos espacios que se convertían en ágoras para reivindicar mejoras laborales, o donde acudían los jóvenes faltando al trabajo, o donde las blasfemias se utilizaban como excusa por las autoridades para su prohibición. De todos los obstáculos se recompuso un juego con más de siete siglos y que cautivó incluso a figuras como Lluís Vives, que lo reflejó como vertebrador de la vida comunitaria en los pueblos valencianos.
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