El precedente que desmonta las quejas del Real Madrid por la expulsión de Camavinga: Toldo en Mestalla y Farinós de portero
La polémica expulsión de Camavinga en Múnich reaviva el debate sobre la aplicación del reglamento en los últimos minutos de un partido, aunque la norma es clara y el árbitro actuó correctamente
La gran coartada madridista tras la eliminación ante el Bayern de Múnich se resumió en una frase de Álvaro Arbeloa: “No se puede expulsar a un jugador por una cosa así” El problema para ese relato es que el reglamento sí lo permite y la historia europea también lo acredita. Eduardo Camavinga fue expulsado en el Allianz en el minuto 85, con 2-3 en el marcador, tras ver una segunda amarilla por retener el balón después de cometer falta, en una acción que llegó con la eliminatoria igualada y que terminó condicionando el desenlace del Bayern-Real Madrid, resuelto poco después con los goles de Luis Díaz y Olise.
La discusión legítima no es si el árbitro podía expulsarlo, sino si debía hacerlo en ese contexto. Son dos debates distintos. La Ley 12 de la IFAB es inequívoca: “retrasar la reanudación del juego” es una infracción sancionable con amarilla. Y añade algo aún más importante para este caso: si se trata de una segunda infracción amonestable, el árbitro debe expulsar al jugador cuando el balón esté fuera de juego. No existe en la norma una excepción para los últimos minutos, para una eliminatoria de Champions o para un club concreto.

Farinós en Mestalla, en el Valencia - Inter / MANUEL MOLINES
Quien sostenga que en Europa “no se expulsa nunca a un jugador por una jugada así” tiene además un precedente similar, aunque en esa ocasión no pasó factura al equipo que se quedó en inferioridad. 21 de marzo de 2002, encuentro de vuelta de cuartos de final de la Copa de la UEFA entre Valencia e Inter de Milán. En el minuto 87, y con 0-1 a favor de los italianos (en la ida el luminoso reflejó un empate a uno), el colegiado francés Claude Colombo mostraba la segunda amarilla por perder tiempo al portero Francesco Toldo, que hasta ese momento lo había parado todo, en el tramo final del encuentro.
La escena fue todavía más extrema que la vivida en Múnich: Héctor Cúper, extécnico valencianista y en ese momento en el banquillo neroazurro, había agotado todos los cambios y el también exblanquinegro Francisco Farinós tuvo que colocarse bajo palos durante los últimos minutos en Mestalla. El conjunto de Rafa Benítez se volcó sobre la puerta del improvisado portero valenciano, pero fue incapaz de marca y quedó apeado de la competición continental.
"Sí era amonestable"
Ese antecedente de Mestalla, entre otros, desmonta el argumento maximalista de que “no se puede” enseñar una segunda amarilla por demorar la reanudación en los minutos finales de una eliminatoria continental. De hecho, hasta entre quienes censuraron la actuación del colegiado Slavko Vincic aparece esa distinción. El excolegiado Iturralde González defendió en el Carrurrel Deportivo que la acción de Camavinga sí era amonestable —“si desplazas el balón o si te lo llevas del sitio donde haces una falta, te pueden amonestar”—, aunque consideró que la gestión del colegiado fue errónea por el peso del contexto y por la sensación de que ni siquiera advirtió al instante que estaba mostrando una segunda amarilla. Es una crítica dura, sí, pero distinta de afirmar que reglamentariamente la expulsión era imposible.
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