CHAMPIONS
Lo que no se vio del Real Madrid - Bayern: la tángana de la frustración madridista, un Florentino omnipresente y la huida sin dar la cara de los jugadores
Los jugadores del conjunto blanco perdieron los nervios tras la expulsión de Vincic, al que culparon de todos los males de una temporada que cerraron con la desesperación que les ha perseguido cada semana

Los jugadores del Real Madrid, tras caer ante el Bayern. / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press
Al Real Madrid le quedó el consuelo de haber luchado de tú a tú contra un FC Bayern Munich que presentaba un expediente casi inmaculado esta temporada. Les pasó por encima el resultadismo, a pesar de que terminaran queriendo llevar a Slavko Vinčić al Tribunal de La Haya. Fue una derrota colectiva, al igual que la resistencia que les permitió igualar la eliminatoria en una primera parte para la historia de la competición. Una imprudencia de Eduardo Camavinga, cuando el partido olía a prórroga, se llevó por delante la cocina de otra remontada fallida.
A la caza de Vinčić
El problema del Madrid es estructural, y eso le lleva a digerir mal las derrotas, sobre todo cuando considera que son injustas. Ahí fue donde verdaderamente perdió la eliminatoria el conjunto blanco y donde reflejó sus problemas sistémicos. La tangana final, a la caza de Vinčić, dejó al desnudo el parche de las 15 Champions. El esloveno sabía que había cometido un desliz con el peor equipo posible.
Porque cuando sacó la segunda amarilla a Camavinga no era consciente de que ya tenía una. Su lenguaje corporal lo delató. En realidad, lo que no se vio fue precisamente una visión global de lo que ha venido ocurriendo durante toda la temporada. El conjunto blanco ha escogido al colectivo arbitral como chivo expiatorio, una práctica cada vez más habitual en clubes llamados grandes.
Sin embargo, Vinčić no percibió cómo Antonio Rüdiger se jugaba la expulsión de forma constante. El único, por cierto, en dar una mínima explicación tras el batacazo. Los dos centrales del Madrid cabalgaron con la amarilla como si no importara. Y eso es parte del embrujo de no pensar más que en el presente. Porque, hasta este miércoles, el esloveno había tenido un balance positivo para los blancos. Estos no encontraron explicación para una derrota que les duele más que ninguna.
Carvajal, protestas clandestinas
Esto se plasmó en el alboroto final para pedir explicaciones. Con un capitán como Dani Carvajal lanzando improperios contra el colegiado después de una temporada en la que ha tenido un papel secundario. Ya hizo lo mismo en la vuelta contra el Arsenal de la pasada campaña, cuando buscó amedrentar a Bukayo Saka. Siempre desde la segunda línea, a la que ahora está condenado como jugador, a pesar de haber ganado seis Champions.
Es el último eslabón de una generación que se creía invencible y que ha terminado en un grupo de individualidades que evitaron dar la cara tras la derrota. Una práctica repetida hasta la saciedad que no comete ningún otro equipo del mundo. Resulta paradójico, por ello, que el club más ganador de la historia sea el que se esconda. En gran parte, por esa mala convivencia con la derrota, que siempre le ha sido esquiva, incluso cuando ha sido muy inferior a sus rivales. Esta vez no lo fueron; por eso no entienden nada.
Lo peor para el Madrid es que ya le han tomado la matrícula. Lo del Arsenal pudo interpretarse como un accidente, pero lo del Bayern reafirma una tendencia. Y puede que ninguno de sus dos verdugos llegue siquiera a la final de la Champions, lo que habría suturado parte de la herida. El equipo de Vincent Kompany le robó el amuleto para hacer una transfusión en un club que el Madrid siempre ha considerado afín, incluso más que su propia versión actual. Ese respeto puede transformarse ahora en una reclamación de vendetta.
“La puñalada por la espalda, ADN del Madrid”
En el diario alemán Die Welt resumían así lo sucedido en los últimos minutos, donde Camavinga se inmoló para permitir que el Bayern convirtiera al Madrid en un equipo vulgar: “La indignación de los españoles debería dirigirse hacia Camavinga. Quien ocho minutos antes ya había visto amarilla por una falta táctica evidente debería evitar este tipo de comportamientos. Que sus compañeros lo vieran de otra manera puede deberse a que, desde hace tiempo, las conductas antideportivas, la presión a los árbitros y las teorías de la puñalada por la espalda forman parte del ADN del Real Madrid”. Un comentario muy duro.
El reflejo de que al club más laureado se le ha perdido el respeto. Tal fue la situación que obligó a Florentino Pérez a bajar al vestuario tras la derrota. Desde hace semanas, el presidente del Real Madrid ha estado muy cerca de la plantilla. Se ha mostrado con naturalidad, abrazando y conjurándose con sus jugadores. Incluso en la previa de la comida de directivas con el Bayern se animó a quitarle hierro al asunto de la remontada en los medios: "Llevo 25 años en el Madrid, ya no me pongo nervioso con estos partidos". No ha dejado solo al equipo en los peores momentos, consciente de la responsabilidad de una segunda temporada en blanco.
En la ida se le vio en el palco con Aleksander Čeferin, que le ha reintegrado en la familia europea tras dejar atrás la Superliga. Una foto con múltiples lecturas que se apagaron con la imagen de un Florentino incómodo en el Allianz, donde comprobó cómo el jugador al que encomendó el destino del club a medio plazo, Kylian Mbappé, dio la cara, pero sin ser suficiente. Quedó la sensación de que ya no son el modelo a seguir y de que hasta una estrella emergente como Michael Olise se atrevió a cuestionarlo: “¿Reyes de la competición? Ah, sí, sí…”. El autobús del Madrid se marchó sin Vinícius Júnior, que estaba pasando el control antidopaje. Metáfora o anticipo: eso, y tantas cuestiones pendientes, las responderá el tiempo.
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