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El Álbum

18 de abril, día de gloria valencianista

Un lance en el campo de Sarrià, el 18 de abril de 1971

Un lance en el campo de Sarrià, el 18 de abril de 1971 / Bernat Navarro Porter

Paco Lloret

Paco Lloret

Separados por ocho años, hay dos 18 de abril señalados en la historia del Valencia, ambos en la década de los 70 y frente a clubes de Barcelona. Contra el RCD Espanyol, en Sarrià, en la jornada final de la Liga 70-71. Ante el Barça en Mestalla, en el duelo de vuelta de los octavos de final de la Copa del Rey en el ejercicio 78-79. En la primera cita se proclamó campeón, pese a perder por la mínima. En la segunda, logró una gesta, al remontar en la prórroga el 4-1 adverso encajado en el Camp Nou. Dos meses después, conquistó el título.

La primera efeméride tuvo lugar durante la tarde de un domingo, víspera de la fiesta de Sant Vicent Ferrer, en 1971. Milagro en Sarrià. La segunda ocurrió en una noche de miércoles, también en la semana de Pascua, en 1979. Ambas citas ocupan un lugar prioritario en el calendario de fechas memorables del valencianismo. La conquista de la Liga estuvo precedida de un ambiente de euforia desatada. Al Valencia le bastaba con un empate para asegurarse el campeonato.

Los días previos fueron de máxima agitación. Miles de valencianistas organizaron sus viajes por carretera, ferrocarril, y avión. Las agencias de viajes explotaron el filón. Todo el mundo quería ir a Sarrià. Había una enorme demanda de entradas. El club periquito hizo su agosto, la reventa más todavía. Lleno histórico. Ambiente festivo. La peregrinación masiva a la ciudad condal dejó escenas impactantes en una Barcelona sorprendida por aquella invasión lúdica. La conquista de las Ramblas y las demostraciones entusiastas de la hinchada de Mestalla precedieron una tarde de sufrimiento.

Anuncio publicado en Levante para viajar a Barcelona

Anuncio publicado en Levante para viajar a Barcelona / L-EMV

Alfredo di Stéfano contaba con una notable baja, la de Valdez. Su sustituto en el once fue Enrique Claramunt . La historia es conocida. El Valencia, atenazado por la responsabilidad, no jugó bien, apenas creó peligro ante un rival que marcó el único gol de la tarde en el segundo tiempo. La derrota valencianista daba opciones a los otros dos candidatos, el Atlético y el Barça que se enfrentaban a orillas del Manzanares. El vencedor de ese choque se llevaba el título, si el Valencia perdía en Sarrià. El empate entre colchoneros y culers salvaba a los de Mestalla, y eso fue lo que sucedió; primero marcó el Barça, y Luis Aragonés empató a continuación.

Entusiasmo incontrolable

El valencianismo lo celebró con un entusiasmo incontrolable. Cuando la noticia se conoció antes de la conclusión del choque en el campo del Espanyol, invadido, posteriormente, por una masa desenfrenada. Allí apareció el célebre abanico gigante confeccionado en Aldaia, portado por un joven Jaume Ortí. La pólvora corrió y la fiesta se prolongó hasta el regreso de la expedición al día siguiente por la antigua carretera de Barcelona. Un trayecto que se alargó ante los numerosos homenajes recibidos en las poblaciones que aguardaban el paso del autobús. Desde Benicarló a Tavernes Blanques, todos querían saludar a los campeones.

Otro ambiente muy distinto precedió el partido entre el Valencia y el Barça el mismo día en 1979. Ocho años después, ya no quedaba ningún jugador en la plantilla de los que estuvieron en la gloriosa campaña 70-71. Los últimos en salir habían sido: Pep Claramunt, Jesús Martínez, y Valdez, que causaron baja un año antes, en el verano del 78. El Valencia precisaba aquella noche de una hazaña para salvar una temporada que se había iniciado con los mejores augurios. Mario Kempes, coronado como mejor jugador del mundo, abanderaba un proyecto ambicioso que se había reforzado con la llegada de Bonhof y Solsona.

Crónica en Levante del Valencia - Barcelona

Crónica en Levante del Valencia - Barcelona / L-EMV

En abril, sin opciones en la Liga, y eliminado en Europa, quedaba la Copa como única esperanza. El entrenador que se sentó en el banquillo del Camp Nou fue Marcel Domingo. Pese a adelantarse en el marcador, el Valencia cayó goleado al encajar 4 tantos en el primer tiempo. Para la cita de Mestalla, mes y medio después, el técnico era Pasieguito, que tomó el mando tras la destitución del francés. Pocos esperaban que se pudiera levantar la eliminatoria. Sin embargo, en la cabeza del nuevo entrenador, bullía la idea de protagonizar una remontada de la que no había precedentes, y que sigue siendo, a día de hoy, la mayor en la historia valencianista.

Una máquina desde el principio

Pasiego preparó un equipo de vocación ofensiva, con Saura y Felman por los extremos, y “Lobo” Diarte como delantero centro. En la medular un trío estelar: Bonhof, Solsona, y Kempes. El Valencia fue una máquina desde el principio y desarboló al Barça. Un gol madrugador, antes de los 5 minutos, obra del delantero paraguayo encendió la mecha en la grada. En la segunda mitad, el centrocampista alemán transformó sendos penaltis e igualó la eliminatoria. El éxtasis se alcanzó nada más comenzar la prórroga, cuando Darío Felman consiguió el cuarto gol. Locura en Mestalla. El mejor del partido fue Kempes, que pese a no marcar, protagonizó una actuación antológica. El Valencia encauzó la temporada que culminó con la conquista de la Copa y la clasificación para la Recopa, con el ídolo argentino como figura destacada.

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