COMPETIR EN LA ÉLITE
"¡No puedo más! ¡Me quiero ir a casa!": ¿Por qué Alcaraz y otros deportistas de élite se saturan?
No es oro todo lo que reluce. El deporte de élite, a veces, se convierte en una tortura. Y, a menudo, esa inquietud, ese bache, esa pequeña crisis, no se produce por dificultades deportivas, competitivas, sino por algún problema del día a día, de la vida cotidiana. No todos los estallidos de los grandes deportistas son culpa de una derrota, de un fracaso. No

Carlos alcaraz posa juntos a sus fans, en Cincinnati / CINCINNATI OPEN
No es un drama, pero ocurre. Sobre todo en el deporte de élite, en la cima del mundo. Los deportistas que compiten al más alto nivel deben soportar, no solo la presión de ganar cada día, durísimas sesiones de entrenamiento, una estricta disciplina, viajes, vivir alejados de los suyos, múltiples eventos, entrevistas, persecución de cientos de cámaras, popularidad, compromisos sino, también, lidiar con los problemas diarios, mundanos, normales que sufrimos todos.
Y, en un momento u otro, toda esa presión estalla, explota, por algún lado. Podía haber ocurrido en cualquier deporte y competición. Y a cualquier deportista de élite. A Tadej Pogacar, el emperador del ciclismo; a Fernando Alonso, harto de su deficiente Aston Martin; a Jorge Martín, cansado de tanto sufrimiento y ahora resucitado en MotoGP; a Lamine Yamal, molesto con un asistente de Hansi Flick que no cesó de torturarle desde la banda…pero, curiosamente, les ocurrió, recientemente, a dos grandísimos campeones del tenis, que, en la era del directo, fueron captados en dos momentos de estallido, de estrés supremo.
Comentarios de barra de bar
El gran, el inmenso, Carlos Alcarazse acercó al palco donde se encontraban sus entrenadores, en el torneo de Miami, mientras perdía (incomprensiblemente) ante el estadounidense Sebastián Korda y les dijo a los suyos: "¡No puedo más! ¡me quiero ir a casa!". Luego, al llegar a Barcelona, el murciano se sinceró: “A ciertos partidos llego saturado mentalmente por lo que pasa fuera de la pista y, cuando tocan partidos duros, llega un momento en que te cuesta mucho”. Once días después, su colega ruso Daniil Medvedev destrozaba, no una sino diez veces, su raqueta contra todo lo que le rodeaba en la pista central de Montecarlo, tras perder, ante el italiano Matteo Berrettini, por un contundente doble 6-0.
"El máster de la vida es saber, de todas las dificultades que debemos afrontar, cuáles son ‘surfeables’, cuales son solucionables con trabajo y ayuda y cuáles son para disfrutar porque, a esta vida, también hemos venido a disfrutar, a pasarlo bien"
“Son personas como tú y como yo, así que el primer error que cometemos es creer que ellos sí pueden con todo”, señala Mar Rovira, una de las psicólogas deportivas de mayor prestigio de España. “Tú sufres problemas en casa, el que sea, no llegas a final de mes y tú mismo te justificas en el sentido de que, en tu trabajo, no rindes como deberías porque tienes esa losa encima. Pero, cuando hacemos esa misma reflexión con los ‘dioses del siglo XXI’, que son los deportistas de élite, no los analizamos bajo el mismo prisma. Si los viésemos como nos vemos a nosotros en momentos de tensión, probablemente nos evitaríamos comentarios de barra de bar del tipo de “este chaval, de qué se queja, si lo tiene todo”. Somos muy injustos”.
Estamos hablando, recuerda esta exjugadora profesional de baloncesto, del 1% de la población, que son los deportistas que alcanzan un puesto relevante en su especialidad. “Cuando trabajas con ellos, sientes la tentación, al afrontar algunos problemas cotidianos que te plantean, de decirles ‘amigo, esto es la vida’, porque, en la vida, incluso en la de ellos, hay bastantes más marrones que alegrías. Lo importante, lo más importante, es saber qué problemas podemos afrontar y qué problemas no podemos afrontar porque no está en nuestras manos resolverlos”.

El ruso Daniil Medvedev destroza su raqueta, recientemente, en el torneo de Montecarlo. / VALERY HACHE / AFP
Para Mar, el máster de la vida es saber cuáles son las dificultades, los problemas, que podemos y debemos ‘surfear’ y cuáles los que, realmente, debemos afrontar e intentar solucionar. “Hay situaciones, más de las que pensamos, que se pueden solucionar con un abrazo, ánimos, rozar a la gente, dejar pasar los días y ‘p’alante’. Eso sí, en esos casos, el equipo, todos, tenemos que saber que el deportista no va a rendir al 100% y, en esos días, nos conformaremos con el 80% de su ímpetu y competitividad”.
Cuando el problema aumenta de nivel y debe afrontarse de cara, Rovira explica que hay “estrategias, denominadas autoeficaces, orientadas a solucionar ese problema que pasan, sin duda, porque tu manera de pensar, sentir y actuar estén orientadas en esa dirección. Por ejemplo, no pensar de forma catastrofista, no pensar en blanco y negro, no echar la culpa a los demás y, sobre todo, me aíslo y pienso, veamos, sé cuál es el problema, pues lo afronto y busco soluciones y, si necesito ayuda, la pido, la busco, porque la hay, por supuesto que la hay”.
La lista de éxitos
Mar asegura que muchas veces se trata, simplemente, de cambiar ciertos comportamientos habituales y, aunque al principio te dé pereza, lo haces y da resultado. “Es muy importante, mucho, tener en cuenta tu lista de éxitos vitales pues, a menudo, te ayudan a resolver ese problema que crees enorme: esto ya nos pasó, no sé, en Miami, en Montecarlo, venga, pues ya sabemos cómo solucionarlo. Esa es una gran solución: si lo he resuelto una vez, puedo resolverlo de nuevo”.
Rovira afirma, con cientos de pruebas, con su enorme experiencia, que los deportistas de élite y sus ‘staff’ técnicos “son muy, muy, muy buenos lidiando con el estrés, mucho”. ¿Cuál es el problema? El problema es que tu cuerpo, tu cabeza, cuando sufre un impacto ante estímulos estresantes, que antes soportabas muy bien pero que, repetidos mil veces, te estresan, dispara una alarma. “¿Qué hay que hacer? Extremar el autocuidado, descanso, recuperación, alimentación, entretenimiento…”
"Muchas veces, para resolver algunos problemas, decido trabajar con sus parejas, con sus padres. ¿Por qué? Porque forman parte de la red emocional que les acompaña en su día a día y pueden contribuir a que el deportista supere esa dificultad"
La reflexión de los profesionales consultados para este reportaje es que, cuando vives en la élite de cualquier deporte, cuando empiezas, las obligaciones y esclavitudes que conlleva vivir en la élite (eventos, promociones, viajes, entrevistas, conferencias de prensa, fotos, cámaras…) te gustan, te apetecen, te parecen hasta divertidas, pero, al pasar los años, ese peaje te va cargando, estresando y, lógicamente, puede acabar afectando a tu rendimiento.
Nada de todo eso es para Mar Rovira preocupante. “Esas serían las pegas que debes ‘surfear’. ¿Cómo? Pues descargando tu organismo con otras cosas. ¿Qué cosas? Pues, por ejemplo, es sagrado que descanses mucho y bien; es sagrado que te alimentes bien; es sagrado que tengas tu hora al día de desconexión absoluta y, cuando digo ‘desconexión absoluta’, es absoluta, total; es sagrado, aunque puedan criticarte, coger y desaparecer tres días, irte a Disneyland, te vas, vuelves y empiezas tu rutina con más y mejor ánimo y predisposición. Esas cosas son las que te permitirán ‘surfear’ esos momentos, que a ti te parecen duros, pero no lo son, no”.
Saber escoger
Y Mar regresa al máster de la vida. “En nuestro día a día, no solo de los deportistas de élite, lo inteligente es saber, de todas las dificultades que debemos afrontar, cuáles son ‘surfeables’, cuáles son solucionables con trabajo y ayuda y, por descontado, cuáles son para disfrutar porque, a esta vida, también hemos venido a disfrutar, a pasarlo bien”.
Rovira cuenta que ella se repite muy a menudo '¿cuándo me convierto en una psicóloga guay?'. Y se responde con convicción: “En el momento en que le digo al deportista 'oye, repasemos la caja de las cosas disfrutables, cómo la tenemos, si está vacía la tenemos que llenar de inmediato, ¡ya!, eso no puede ser. Esa caja hay que tenerla lo más repleta posible, porque esa caja es la que nos ayudará a ‘surfear’ las dificultades solucionables y será el soporte para trabajar las que supongan algo más de dificultad'”.
Y uno piensa en la caja de las cosas disfrutables de Alcaraz, en este Open de Australia primoroso a añadir a los seis anteriores Grand Slam; en ese primer hijo de Fernando Alonso; en el apoteósico noveno título de Marc Márquez, volviendo del infierno; en esa vitrina insuperable de Tadej Pogacar; en el estelar despertar de Lamine Yamaldejando perplejo a más de medio mundo…

El azulgrana Lamine Yamal, llegando a la concentración de la selección española. / DANI BARBEITO / SPO
“Puedo hacerle una pregunta”, suelta de sopetón Xavi Lucas, otro de los psicólogos deportivos de altísimo nivel que hay en España. Por descontado. “Vale, ¿dónde cree que los deportistas de élite rinden mejor, cómo locales o como visitantes? Exacto, en un 80-20 o 70-30, como locales. La red emocional que generan los contextos físicos, las rutinas y los hábitos que se viven como local, el olor, la temperatura, el espacio, el pabellón, la pista, el césped, el circuito, el público, la familia, el roce… resultan tremendamente positivos para competir bien”.
Lucas considera que, muchas veces, demasiadas, los espectadores, los aficionados, el público, la gente corriente solo ven, en esos ‘dioses del siglo XXI’, la parte más lujuriosa, magnífica, llamativa, del deporte, los millones, la gloria, los triunfos, la fama, la popularidad, los coches, las casas, los jets privados. “Sin tener en cuenta que, detrás de todo eso, hay un gran desgaste, entrenamiento, sacrificio y dificultad para adaptarse a contextos, temperaturas, rutinas, hábitos, viajes, estancias en hoteles lejos de los suyos, alimentación, descanso, totalmente diferentes en China o Barcelona”.
Distintos perfiles
Este psicólogo, que trabaja con equipos y con deportistas de élite individuales, recuerda un documental de Netflix sobre algunas de las grandes estrellas de la NBA, que viajan acompañados, en sus desplazamientos, de un séquito, grupo o equipo personal, de 15 o 20 miembros, entre los que hay algunos familiares. “Esas estrellas se pasan más de la mitad del año fuera de casa. De ahí que intenten mantener, cerca y muy viva, la red emocional que les cuida: no podemos separar las personas de los deportistas”.
Es evidente, cuenta Lucas, que, como nos ocurre a todos, en nuestras familias, en nuestros trabajos, en nuestro círculo de amistades, existen diversos tipos de perfiles psicológicos. “A unos deportistas les afectan mucho más determinado tipo de dificultades, que a otros. Los deportistas más rígidos, más racionales, necesitarán controlar más esa red emocional o tenerla más cerca y otros, por ejemplo, aquellos a los que les da absolutamente igual dormirse en un sofá que en su cama, lo soportarán ‘a su manera’. Yo he conocido, he trabajado, con deportistas que se llevan el colchón de casa, de su cama, a las concentraciones del equipo. Por eso esa red emocional es vital”.
"Hoy en día, hay profesionales, investigaciones, trabajos que han creado una auténtica gimnasia emocional, que es la que ayuda al deportista a superar, o tratar de superar, las dificultades que se le presentan en su día a día"
Es evidente que Lucas aconseja que los deportistas de élite se preparen lo mejor posible para afrontar las dificultades, pequeñas o grandes, que se le presentarán a lo largo de su vida deportiva, tremendamente estresante, sí. “Deben intentar reforzar sus rutinas, fortalecer su red emocional y, sobre todo, no tener prisa, no pretender cambiarlo todo en un soplido y, no solo han de tener paciencia sino que, llegado un momento, si necesitan ayuda, pedirla”.
Lucas habla de pedir ayuda, no porque vivan un momento de desesperación, de incertidumbre, no, no, sino porque solo los profesionales pueden sugerir y detectar la solución a ese bache. “Todo lo que afecta a la vida personal y al entorno de los deportistas afecta a su rendimiento, todo, en mayor o menor medida dependiendo, insisto, del perfil emocional de cada uno. Yo, por ejemplo, muy a menudo, para resolver algunas de esas dificultades, decido trabajar con sus parejas, incluso con las madres y padres de los deportistas. ¿Por qué? Porque ellos forman parte de la red emocional que les acompaña en su día a día y pueden contribuir, en gran medida, a superar ese problema”.
Tiene solución
“La dimensión emocional de los deportistas de élite es, de momento, un tema tabú”, señala Rafael Bisquerra, psicólogo, pedagogo y catedrático de la Universitat de Barcelona, una auténtica eminencia en educación emocional. “Hay multitud de investigaciones que demuestran que es un tema primordial en su rendimiento y, en ese sentido, creo que los deportistas de élite necesitan una formación en competencias emocionales para afrontar esos momentos de crisis, de estrés, de dificultad, de desconcierto que se producen, por el motivo que sea, personal o deportivo, a lo largo de su carrera”.
Bisquerra, presidente de la Red Internacional de Educación Emocional y Bienestar (RIEEB), considera que “los entrenadores, en general, o los entornos de esos grandes deportistas no están sensibilizados con estas prácticas y muchos de estos deportistas y muchas de las personas que trabajan con ellos cometen el error de pensar que las emociones pueden ser un factor que se interpreten como una debilidad, cuando no es así”.
Este veterano psicólogo y pedagogo, que tiene, incluso, un equipo de profesionales trabajando a diario de La Masia del FC Barcelona para preparar a los jóvenes valores culés cara al futuro, considera que “no solo el día a día, su familia, su entorno, sus colegas, sus amigos sino, incluso, el mismo deporte pueden ser un generador, un provocador de frustraciones”.

Tadej Pogacar se anota el triunfo en el Tour de Flandes de 2025. / TOUR DE FLANDES
Es evidente, explica Bisquerra, que cuando uno falla un penalti, pierde un set, no encesta un triple decisivo o pierde una carrera, se genera una frustración, que puede durar más o menos, pero provoca, en la mente del deportista, emociones que pueden afectar, momentáneamente, a su seguridad y autoestima. “Y, en esos momentos, se necesita una alta competencia emocional para continuar jugando como si nada hubiera ocurrido, como si fuese el primer minuto del partido, el primer punto del encuentro o se apagase, de nuevo, el semáforo de salida”.
"Gimnasia emocional"
Bisquerra, que se pasa media vida viajando por el mundo dando conferencias y acudiendo a congresos sobre su especialidad, explica que, a lo largo de los años, los profesionales del sector han ido desarrollando técnicas para afrontar todos esos problemas, insiste “serios o no”, que constituyen lo que él denomina una “auténtica gimnasia emocional”.
De tal forma que los deportistas de élite, no solamente tienen que entrenarse física y técnicamente en relación a su especialidad, sino que deben entrenarse también mental y emocionalmente para mantenerse en forma. “Es, pues, un conjunto de entrenamientos físicos, mentales y emocionales, en los que se aplican distintas técnicas como la imaginación emotiva, la visualización, la anticipación, la relajación, la meditación, la simulación... Son técnicas de entrenamiento mental para que el deportista, no solo supere esos momentos de dificultad, sino que logre que su rendimiento sea, siempre, el mejor”.
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