La historia del Valencia CF en Primera: 3.000 partidos entre la gloria pasada y la mediocridad actual
El club de Mestalla alcanza la cifra de 3.000 partidos en la máxima categoría con un registro de 1.303 victorias, 719 empates y 978 derrotas
En las once últimas campañas el balance muestra su decadencia: 151 derrotas por 140 triunfos

Gayà y Maffeo, en el partio en Son Moix, el número 3000 del Valencia CF en Primera División / CATI CLADERA / EFE
De Sarrià a Son Moix. De 1931 a 2026. El Valencia CF disputó este martes en Mallorca su partido 3000 en la Primera División. Una cifra mayúscula, reservada a los clubes con mayor tradición del fútbol español, que debería invitar a la celebración y al orgullo por el peso histórico de la entidad. Sin embargo, la efeméride llegó lejos de cualquier ambiente festivo. Lo hizo con un empate pobre ante el Mallorca, en otra noche sin brillo de un equipo que sobrevive más pendiente de no caer al abismo de la categoría de plata del fútbol español que de recuperar la altura que un día le correspondió por historia, exigencia y ambición.

Primeros partidos del Valencia CF en la Primera División / L-EMV
Desde aquel primer partido en Sarrià ante el Espanyol, que se saldó con una contundente derrota por 3-0, al encuentro en Palma, el Valencia CF acumula un balance de 1.303 victorias, 719 empates y 978 derrotas, con 4.819 goles a favor y 3.892 en contra. Son números que explican por qué el Valencia ha sido durante décadas uno de los nombres propios de la Liga, un club capaz de construir una trayectoria robusta en la máxima categoría a lo largo de 91 temporadas.
El dato más revelador de esa dimensión competitiva es que, en el cómputo global, el equipo ha firmado 325 victorias más que derrotas en Primera. En este sentido, el club de Mestalla es quinto en la clasificación histórica de LaLiga con 3837 puntos, a nueve puntos puntos del cuarto (Athletic Club) y aventajando en 518 al sexto (Sevilla FC).

Clasificación histórica de la Liga / RFEF
Pero ese colchón histórico, que durante mucho tiempo simbolizó la fiabilidad competitiva del Valencia CF, con seis títulos ligueros en sus vitrinas, también sirve hoy para medir la magnitud de su decadencia. Porque esa renta positiva se construyó, en realidad, durante sus 80 primeras temporadas en la élite. En contraste, en las últimas once campañas, ya bajo de la gestión de Peter Lim, el saldo se ha invertido de forma alarmante: 151 derrotas por solo 140 victorias. Es decir, el Valencia reciente ya no suma como un club grande; compite con registros de equipo empequeñecido. Con el añadido de seis años sin disputar competición europea y camino del séptimo ejercicio.
Ahí está una de las claves del desplome. La barrera de los 3.000 partidos no encuentra al Valencia mirando a Europa ni peleando por objetivos acordes a su escudo, sino instalado en una preocupante mediocridad. La estadística de la actual temporada lo confirma con crudeza. A la altura de la jornada 32, el conjunto valencianista suma 36 puntos, un registro que constituye la tercera peor puntuación de toda su historia en este tramo del campeonato desde que las victorias otorgan tres puntos. Solo empeoran ese dato los 33 puntos de la temporada 2022/23 y los 35 de la 2020/21.
Peor puntuación en la jornada 32
El matiz convierte la cifra en una señal todavía más inquietante: las tres peores marcas del Valencia a estas alturas de Liga se han producido en los últimos seis años. No es una anomalía puntual ni un accidente aislado. Es una tendencia. Una línea descendente que enlaza directamente con el desmantelamiento deportivo iniciado tras la salida en 2019 (pese a ganar la Copa del Rey en el año del Centenario) de Marcelino García Toral y Mateu Alemany, dos figuras que habían devuelto al club estabilidad, competitividad y un rumbo reconocible. Desde entonces, la sensación de deterioro ha sido constante.
La desinversión continuada del máximo accionista en la plantilla ha ido erosionando el nivel competitivo del equipo temporada tras temporada. El Valencia ha pasado de discutir puestos nobles a instalarse en una lógica de supervivencia, vendiendo talento, reduciendo ambición y debilitando una estructura deportiva que durante años sostuvo su prestigio. Lo que antes era una excepción ahora parece una costumbre: plantillas cortas, objetivos rebajados y un equipo incapaz de ofrecer continuidad ni dar el salto que exige su historia.
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